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El Papa preside una Misa multitudinaria en Las Palmas: «Nuestra caridad no debe ser mero asistencialismo»

León XIV pide rezar en la Eucaristía «por los hermanos y las hermanas que han perdido la vida en el mar»

La primera jornada de León XIV en Gran Canaria ha concluido con una multitudinaria Eucaristía en el Estadio de Gran Canaria, en Las Palmas, con la presencia de dos imágenes muy queridas por los isleños: el Cristo de Telde y la Virgen del Pino. En total, cerca de 50.000 personas se dieron cita entre el estadio (30.000) y dos zonas anexas, el Gran Canaria Arena y una fanzone, para celebrar la Misa de la víspera del Sagrado Corazón de Jesús.

Lo vivido durante la mañana en el muelle de Arguineguín tuvo ecos en la celebración, ya que el Papa, al inicio de su homilía, invitó a todos «a rezar juntos por los hermanos y las hermanas que han perdido la vida en el mar».

Luego dirigió su reflexión a las lecturas proclamadas. A raíz de la primera, sobre la fidelidad divina con el ser humano, ha afirmado que «la caridad de Dios no está fundada en el cálculo, ni en el mero sentimiento, ni es reconducible a simple filantropía, sino que invade todo nuestro ser».

Y es en este amor de Dios, ha continuado, donde el hombre reconoce el camino de la vida, «aprendiendo un nuevo modo de existir y de relacionarnos, un criterio diferente para evaluar las decisiones, un estilo renovado y estimulante».

La segunda le ha servido para reflexionar sobre nuestra responsabilidad, sobre la caridad humana, con las personas que sufren, para levantar al que está herido, para que vuelvan a ponerse en marcha y alcancen «una vida libre y digna».

«Efectivamente, nuestra caridad no debe ser mero asistencialismo, sino integrar a las personas, para su plena realización —espiritual, intelectual y física— y su inserción digna y constructiva en la comunidad», ha añadido. De este modo, los encuentros, incluso en momentos difíciles y dolorosos, «se convertirán en ocasión para esparcir semillas de esperanza en el camino de la humanidad hacia el futuro».

Escuchar el amor

Al comentar el Evangelio, ha recordado que el corazón de Jesús es humilde y, por eso, no sienten sus latidos los doctos y los sapientes, aquellos que se bastan a sí mismos, lo saben todo y no necesitan a Dios. «Aturdidos por los estruendos de un yo ampuloso, omnipresente y agitado, les falta el silencio necesario para escuchar en sí y en los hermanos el palpitar escondido del amor», ha afirmado.

León XIV ha concluido su homilía con una llamada a ser «presencia viva del Señor en el mundo» y a renovar «el compromiso de realizar en nosotros, en la caridad, lo que falta a los sufrimientos de Cristo, por el bien de la Iglesia».

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