El Pontífice, misionero durante décadas, ha expresado su profunda gratitud por el «dedicado servicio» y les ha animado a seguir siendo «fermento de concordia para la humanidad»
El papa León XIV ha recibido en audiencia a los participantes en la Asamblea General que celebran cada año las Obras Misionales Pontificias, con asistentes llegados de más de 120 países. En su discurso, el Pontífice, misionero durante décadas, ha expresado su profunda gratitud por el «dedicado servicio» de los presentes y sus colaboradores, calificándolo como «indispensable» para la misión de evangelización de la Iglesia. El Papa ha compartido, asimismo, que puede atestiguar personalmente la importancia de este servicio desde sus años de ministerio pastoral en Perú.
Según el Santo Padre, las Obras Misionales Pontificias son «el medio principal» para avivar la responsabilidad misionera entre todos los bautizados y para apoyar a las comunidades eclesiales en las áreas donde la Iglesia es joven. De esta manera, ha destacado iniciativas concretas como la Obra para la Propagación de la Fe, que proporciona ayuda para programas pastorales y catequéticos, la construcción de nuevas iglesias, asistencia sanitaria y necesidades educativas en territorios de misión; como la Obra de la Santa Infancia, que apoya programas de formación cristiana para niños y atiende sus necesidades básicas y protección; o la Obra de San Pedro Apóstol, que ayuda a cultivar vocaciones misioneras, tanto sacerdotales como religiosas; así como la Unión Misionera, encargada de la formación de sacerdotes, religiosos y todo el pueblo de Dios para la labor misionera.
En este sentido, el Papa León XIV ha subrayado que la promoción del celo apostólico sigue siendo un aspecto esencial de la renovación de la Iglesia, tal como fue concebido por el Concilio Vaticano II, y es «aún más urgente en nuestros días». Ha descrito, del mismo modo, nuestro mundo como «herido por la guerra, la violencia y la injusticia», y necesitado, por tanto, de escuchar el mensaje evangélico del amor de Dios y de experimentar la gracia de Cristo. En este contexto, la Iglesia está llamada a ser «una Iglesia misionera, que abre los brazos al mundo, que anuncia la Palabra (…) y que se convierte en fermento de concordia para la humanidad». El objetivo, así las cosas, es llevar la promesa evangélica de una paz verdadera y duradera, posible porque, como decía el papa Francisco, «el Señor ha vencido al mundo y a su conflictividad permanente “haciendo la paz mediante la sangre de su cruz”».
El Pontífice enfatizó la importancia de fomentar un espíritu de discipulado misionero en todos los bautizados y un sentido de la urgencia de llevar a Cristo a todos los pueblos. Agradeció los esfuerzos anuales en la promoción del Día Mundial de las Misiones. Asimismo, pidió a los Directores Nacionales que den prioridad a las visitas a diócesis, parroquias y comunidades a nivel local, para ayudar a los fieles a reconocer la «importancia fundamental de las misiones y del apoyo» a las Iglesias jóvenes y en crecimiento.
León XIV ha invitado también a reflexionar sobre dos elementos distintivos de la identidad de las Obras Misionales Pontificias: la comunión y la universalidad. La comunión se refiere a la visión de la Iglesia como comunión de creyentes, animada por el Espíritu Santo, que permite entrar en la armonía de la Santísima Trinidad. Y ha citado como argumento de autoridad las palabras de san Agustín que eligió para su ministerio: «In Illo uno unum» («En el único Cristo somos uno»). Solo la apreciación de esta comunión abre a la dimensión universal de la misión evangelizadora, impulsando a «superar los confines de nuestras propias parroquias, diócesis y naciones» para compartir la riqueza del conocimiento de Cristo. Por ello, fijar la atención en la unidad y universalidad corresponde al «auténtico carisma» de las Obras y debe inspirar el proceso de renovación de los estatutos que han iniciado. Y el Papa ha expresado su confianza en que este proceso confirmará a los miembros en su vocación de ser «fermento de celo misionero» dentro del Pueblo de Dios.
Para concluir, el Santo Padre ha recordado que la celebración de este Año Santo nos desafía a todos a ser «peregrinos de esperanza». En este contexto, ha animado a seguir siendo «misioneros de esperanza entre todos los pueblos», citando el tema elegido por el papa Francisco para el Día Mundial de las Misiones de este año. Por último, ha finalizado encomendándolos a la intercesión de María, Madre de la Iglesia, e impartiendo su Bendición Apostólica.








