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El Papa reforma la Pontificia Academia Eclesiástica: «La formación se orienta a los desafíos concretos de una Iglesia cada vez más sinodal»

El cardenal Parolin comparece ante los medios vaticanos para explicar una renovación que conferirá los grados académicos de «Licenciado y Doctor», ofreciendo una formación que integra «disciplinas jurídicas, históricas, políticas y económicas»

El papa Francisco ha oficializado la renovación de la Pontificia Academia Eclesiástica a través de la publicación de un quirógrafo. El cardenal secretario de Estado, Pietro Parolin, ha desgranado en una entrevista ante los medios vaticanos los aspectos fundamentales de esta reforma. Según reconoce el purpurado, el objetivo es que la diplomacia vaticana actúe «con valentía y creatividad (…) cada vez más al servicio del diálogo entre los pueblos y las culturas».

En su opinión, la reforma llega en un momento en que el multilateralismo y la diplomacia ofrecen numerosos desafíos a nivel global, contexto donde, precisamente, la renovación deviene algo esencial. «El Santo Padre nos recuerda que solo a través de un cuidadoso discernimiento y una atenta observación de la realidad siempre cambiante es posible dar sentido a los acontecimientos globales y proponer acciones concretas».

Según explica el cardenal, los fines fundamentales de la Pontificia Academia Eclesiástica se mantienen, a pesar de sus más de 300 años de existencia: «Seguir formando diplomáticos, que son la mirada vigilante y lúcida del Sucesor de Pedro sobre la Iglesia y el mundo, comprometidos en representar al Papa con un espíritu misionero que no conoce fronteras». Estos diplomáticos no solo participan en debates internacionales, sino que están «llamados a interpretar y proponer, en línea con la visión cristiana de la Iglesia, soluciones que puedan contribuir a construir un mundo más justo y fraterno».

Así las cosas, el papa Francisco ha mostrado una especial atención hacia quienes participan en la diplomacia vaticana, describiéndolos a menudo como «sacerdotes con maletas en la mano», resaltando «el carácter pastoral, misionero y universal de su servicio». Este espíritu de servicio evangelizador ha impulsado la reorganización del itinerario formativo con la intención de «reforzar su preparación y adaptarla a los desafíos contemporáneos». Esta decisión marca, por tanto, «un nuevo capítulo en la historia de la diplomacia pontificia».

En cuanto a las novedades más significativas de la reforma, Parolin señala que «la Academia se estructura como Instituto de Enseñanza Superior e Investigación en Ciencias Diplomáticas, en línea con la visión innovadora propuesta por la Constitución Apostólica Veritatis gaudium y con los estándares internacionales de estudios universitarios, en particular con el Proceso de Bolonia». Esto permitirá a la Academia conferir los grados académicos de «Licenciado (equivalente al grado de Máster) y Doctor (PhD)», ofreciendo una formación que integra «disciplinas jurídicas, históricas, políticas y económicas y, por supuesto, conocimientos específicos en ciencias diplomáticas».

Si bien la reforma implica una actualización en los itinerarios universitarios y de investigación, también representa «una vuelta a las raíces» de una institución que ha servido a los Papas a lo largo de la historia. Por tanto, la renovación «no se limita a un enfoque puramente técnico», ya que «los programas de enseñanza estarán estrechamente relacionados con las disciplinas eclesiásticas, de modo que la preparación de los sacerdotes-alumnos conjugue la esfera diplomática con la dimensión de comunión de la Iglesia y se desarrolle en sintonía con el método de trabajo de la Curia Romana, la evangelización y la acción misionera de la Iglesia». La relación entre la Iglesia y la sociedad, así como el diálogo con la cultura contemporánea, se consideran «elementos fundamentales para la diplomacia vaticana». Por esta razón, diversos Dicasterios estarán implicados en la formación y en los órganos colegiados de la Academia.

El papa Francisco busca, de esta manera, una preparación que responda a las necesidades de un mundo en constante evolución, yendo más allá de la mera adquisición de conocimientos teóricos. En el quirógrafo, se observa que «no es suficiente limitarse a la adquisición de conocimientos teóricos, sino que es necesario desarrollar un método de trabajo y un estilo de vida que le permitan comprender profundamente las dinámicas de las relaciones internacionales». La formación debe orientarse a la comprensión de los desafíos concretos a los que se enfrenta una «Iglesia cada vez más sinodal».

En esta perspectiva, quedan subrayadas cualidades indispensables como «cercanía, escucha atenta, testimonio, perspectiva fraterna y diálogo», así como «valentía y creatividad». Estas deben ir acompañadas de «humildad y mansedumbre, que constituyen la esencia de la misión sacerdotal».

Por último, el cardenal Parolin expresa su esperanza de que, con esta reforma, «no solo se formen diplomáticos expertos, sino sacerdotes que, conscientes de la misión universal de la Iglesia, puedan responder con competencia, sensibilidad y espíritu evangélico a los desafíos globales, llevando adelante la visión del Papa de la diplomacia como instrumento de paz, justicia y solidaridad entre los pueblos». De este modo, en el contexto internacional actual el diplomático pontificio no aparece solamente como un mero experto en negociación, sino «un testigo de la fe, comprometido en la superación de las barreras culturales, políticas e ideológicas, y en la construcción de puentes de paz y justicia». Desde este «horizonte renovado», la Pontificia Academia Eclesiástica aspira a convertirse en «una forja de formadores llamados a llevar a cabo la diplomacia de la Santa Sede, con un estilo que refleje el corazón del Evangelio: diálogo, reconciliación y paz».

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