En 2024, 1.863 personas permanecían en alguno de estos centros a la espera de una expulsión o devolución a su país de origen. El SJM denuncia falta de transparencia en este tipo de procesos
El Servicio Jesuita a Migrantes ha presentado en el Congreso de los Diputados su informe anual sobre la situación de los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE). El documento, con el nombre ‘Raíces tras los muros’, revela que 1.863 personas pasaron durante el año 2024 por un centro de este tipo. Esta cifra es inferior a la de años anteriores, no obstante, el SJM ha mostrado su preocupación por el proyecto de un nuevo CIE en Algeciras con capacidad para albergar a 500 personas. En cuanto al perfil de los internos, el 83,9% están internos por una orden de expulsión a la espera de que se haga efectiva y el 16,1% por una orden de devolución. Entre los primeros, la mayoría llevan entre uno y siete años en España y tienen entre 25 y 46 años.
Uno de los objetivos de este informe es pedir más transparencia a la administración puesto que hay más de 2.000 personas que han sido repatriadas sin pasar por este tipo de establecimientos mediante procedimientos que se desconocen. También, denunciar una incorrecta aplicación de la Ley de Extranjería, puesto que, en palabras de Iván Lendrino, coordinador del programa CIE del SJM, «la excepcionalidad no se respeta y se priva de libertad a personas con largas trayectorias de arraigo».
El informe revela que cerca de la mitad de las personas internadas no fueron repatriadas: salen de los CIE tras una inútil privación de libertad que ha supuesto un enorme coste económico, social y sobre todo humano. El SJM constata que el internamiento en CIE siempre es «lesivo para la persona» por las perspectivas tras la expulsión o devolución, el aislamiento, las barreras comunicativas, los problemas de salud mental arrastrados o agravados en el internamiento. Como muestra de ello, en 2024 se aplicaron 14 protocolos de prevención de suicidio y de otras formas de autolisis, 166 separaciones preventivas y 358 quejas, concentradas en Madrid y Barcelona.
Durante la presentación, Cel Far, voluntaria de la fundación Migra Studium, ofreció su testimonio en el centro de la Zona Franca, única entidad con permiso para visitar a los internos y que pide el cierre de los CIE. Cel narró su experiencia acompañando a dos de ellos, que le ha llevado a decir: «He aprendido que lo que sostenemos es frágil, la vulnerabilidad de estas vidas es enorme, son vidas que no se pueden romper, y en esta fragilidad es fácil que pase. Detrás de cada número hay una persona con miedos, esperanzas y derechos».








