La Asamblea de Escuelas Católicas ha elegido a la carmelita misionera terersiana Teresa Vives como nueva presidenta de la organización
Teresa Vives Pertusa, profesora de infantil de las Carmelitas Misioneras Teresianas y presidenta del Patronato de la Fundación Educativa CMT, acaba de ser nombrada presidenta de Escuelas Católicas para los próximos cuatro años. Un cargo que asume con responsabilidad y espíritu de servicio y algo abrumada. ECCLESIA ha hablado con ella nada más estrenarse en el cargo.
—¿Cómo se plantea los cuatro años de mandato que tiene por delante?
—En el momento, en que se asume una responsabilidad de este tipo, lo hago con esperanza. Estamos celebrando el jubileo con el lema “Peregrinos de esperanza” y caminamos en el nombre de del Señor. Entonces, nos proponemos y me propongo, pues, seguir trabajando por este gran proyecto de Escuelas Católicas que genera esperanza y que es una gran familia, que acoge tantísimas instituciones. Queremos ir dando respuesta a los grandes retos y desafíos que nos presenta el momento. Esto se hace desde una mirada valorativa, apreciativa, de descubrir lo mejor en cada momento, porque solo desde esa mirada de acoger la diversidad y de descubrir lo bueno que hay, vamos a ir avanzando y dando respuesta a las necesidades del momento.
—¿Y cuáles son esos retos, esas necesidades que habéis abordado en la Asamblea Anual?
—Han salido muchísimos. El reto de seguir con los valores de la sinodalidad, de la comunión, de la participación, de la misión, de seguir reforzando sobre todo la identidad de la escuela católica. Porque nuestra sociedad tiene muchas necesidades de búsqueda de sentido. Y quién mejor que la escuela católica, que ahonda sus raíces en los valores del Evangelio, en el estilo de Jesús maestro, puede dar respuesta a esta necesidad. Por tanto, cuidar mucho la identidad de las personas que trabajamos en la escuela católica.
Otro reto también es trabajar por la sostenibilidad en la escuela católica, trabajar para que sea reconocida, valorada y respetada por la administración pública, porque está ofreciendo un gran servicio a la sociedad y sobre todo porque las familias nos eligen. Tenemos que estar ahí para dar respuesta a esta necesidad y a este reclamo de educación en valores.
—¿Qué puede ofrecer la escuela católica a la sociedad? ¿Por qué les eligen las familias?
Ante todo porque ofrece un proyecto educativo de calidad, una experiencia de vida. La escuela católica hace posible que las personas saquen lo mejor de mismas, que se conviertan en agentes transformadores de la sociedad, porque está inspirada en el Evangelio. Y trabajamos con un modo de ser y de hacer que pone a la persona en el centro, y, por tanto, las personas pueden descubrir en Jesús su modelo de vida. Creo que es un proyecto educativo que aporta valor a la sociedad.








