La ciudad de Girona, jefe de nuestra diócesis, celebra estos días las Ferias de San Narciso. La devoción a los santos, especialmente a los mártires, arraiga con profundidad en todas partes. Representa en gran medida el origen de las iglesias locales, que tienen siempre una relación directa bien con la predicación de los apóstoles, bien con el testimonio dejado por los primeros cristianos, víctimas a menudo de las sucesivas persecuciones que intentaban, sin éxito, ciertamente, detener la difusión del cristianismo en todo el imperio romano. La referencia y el culto a nuestros mártires sigue siendo hoy una riqueza que nos entronca con los inicios, siempre difíciles, de la Iglesia en nuestra tierra. Este profundo arraigo ha traspasado el ámbito de la fe, y permanece hoy en la cultura popular, es decir, se ha convertido en tradición. Las raíces espirituales y de fe de un pueblo no son sólo que formen parte de su cultura y de su identidad, sino que son fundamento.
Así, estos días, creyentes y no creyentes celebramos San Narciso, cada uno poniendo el acento en un punto u otro, pero una misma celebración nos une en una hermandad que se adentra en las raíces de nuestra historia común, unas raíces profundamente cristianas cuando la Iglesia se fue extendiendo por nuestras tierras y asumía, por su parte, la tradición greco-romana hasta entonces presente. Los pueblos y su cultura son el resultado de la suma de una muchedumbre de factores, de vivencias y de creencias, que poco a poco van creando una identidad que, pese a la inevitable evolución de los tiempos, siempre es deudora de sus orígenes.
Mientras estos días el conjunto de la ciudad de Girona celebramos las Ferias de San Narciso, los creyentes debemos hacer hincapié de manera particular en el legado espiritual del mártir san Narciso, porque de hecho representa la raíz y el fundamento de la nuestra Iglesia de Gerona. Hoy, también, san Narciso nos habla de cómo él vivió la fe hasta dar testimonio de ello con su vida, y nos viene a decir que por difícil y convulsa que consideramos nuestra época, la que nos ha tocado vivir, también para él, como por san Félix, el ejercicio de la fe le comportó dificultades, y creer en Cristo fue para él una lucha apasionada pero a la vez arriesgada hasta el límite. San Narciso, como Cristo, amó hasta el extremo de dar su vida por lo que creía, y él creía en Cristo. El testimonio de los mártires, de los servidores de Cristo, nos alienta a vivir la fe con generosidad y amando al Señor y al prójimo, es decir, a todos, con renovado entusiasmo.
Buenas Ferias de San Narciso, nuestro santo patrón, a todo el mundo.







