El texto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, titulado Una sola carne, subraya que exclusividad es condición para una unión auténtica y que, además, «impide que el otro sea relativizado en su valor único y sea usado solo como medio para satisfacer las necesidades»
Ya advirtió Juan Pablo II en un viaje a República Democrática del Congo en 1980 que siempre es oportuno profundizar sobre la monogamia. Esta propuesta, junto con el diálogo con los obispos de África y otros continentes sobre la poligamia, así como la proliferación de uniones no monógamas en Occidente —el poliamor— han llevado al Dicasterio para la Doctrina de la Fe a publicar una nota doctrinal —Una sola carne. Elogio de la Monogamia— sobre «el valor del matrimonio como unión exclusiva y de pertenencia recíproca».
El texto, según explica el prefecto, el cardenal Víctor Manuel Fernández, en la presentación es «propositivo» y no se limita a posicionarse en contra de la poligamia —el magisterio de la Iglesia es claro—, sino que hace una reflexión sobre el «amor exclusivo», «reservado a una persona», que se da en el matrimonio. La nota profundiza en la unidad «como propiedad esencial, realidad objetiva y constitutiva del matrimonio, característica primera y fundamental de toda su manifestación».
Esta opción, «que implica una renuncia libre a otras opciones», aparece en la Sagrada Escritura, en diversos autores —desde los Padres de la Iglesia hasta teólogos del siglo XX—, en los Papas —León XIII, Juan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco o León XIV, entre otros— y hasta en los poetas.
Con este bagaje, el documento plantea algunas reflexiones que ayudan a ver la unión matrimonial como «única y exclusiva, de manera armónica y multiforme». En concreto, se refiere a dos conceptos con variadas implicaciones: la pertenencia recíproca y la caridad conyugal.
La pertenencia recíproca
El concepto de pertenencia recíproca se basa, según el documento, el «el libre consentimiento de los dos». Se trata de una donación personal, propia y exclusiva, que se mantiene incluso cuando la atracción física se debilita: «Las expresiones íntimas de afecto permanecen exclusivas, reservadas a la persona con la que se ha elegido compartir el corazón de manera única».
Eso sí, el texto advierte de que esta pertenencia no puede derivar en que la persona sea tratada como objeto de uso o medio. Cita las manipulaciones, los celos, las vejaciones o la infidelidad. «Quien ama sabe que el otro no puede ser un medio para resolver sus propias insatisfacciones, sabe que el propio vacío debe ser llenado de otras maneras, nunca a través del dominio del otro. Esto es lo que sucede en tantas formas de deseo malsano que desembocan en diversas manifestaciones de violencia explícita o sutil, de opresión, de presión psicológica, de control y, finalmente, de asfixia», expone
En cambio, la pertenencia recíproca exige «un cuidado delicado y un santo temor de profanar la libertad del otro». De hecho, recalca que «nadie puede pretender poseer la intimidad más personal y secreta de la persona amada».
«El amor maduro acepta que la pertenencia recíproca no es posesión, dejando abiertas muchas posibilidades, como la necesidad de espacios de autonomía o soledad, o la conservación de algún secreto personal», afirma.
Del mismo modo, recuerda que pensar en la monogamia significa preguntarse por la relación del amor humano con Dios. Y, en este sentido, afirma que la exclusividad conyugal «no es una limitación, sino la condición de un amor sobrenatural, que se abre a lo eterno».
Caridad conyugal
Esta segunda consideración se basa en la idea de que el matrimonio solo se comprende hablando del amor. Y, por tanto, la caridad conyugal es «una unión afectiva que implica un lazo que va más allá de los sentimientos, manifestándose en la acción de la voluntad».
«La caridad hace posible sostener la fidelidad en la adversidad, cumpliendo la promesa del consentimiento matrimonial. Esta unión afectiva, fiel y total, es una forma de amistad», se puede leer en el número 139.
En este apartado, también se aborda la sexualidad, que considera un «regalo maravilloso», un cambio de crecimiento en la gracia. «La sexualidad vivida como una elección personal que expresa la totalidad de la persona aumenta el placer, lo hace más intenso y satisfactorio, al tratar al otro como persona, libertando el corazón de traumas y ansiedades. La virtud de la caridad ayuda a libertar lo mejor de cada persona», subraya.
Del mismo modo, se trata la fecundidad y se reafirma que la unión sexual debe permanecer abierta a la comunicación de la vida. Aunque señala tres situaciones especiales, que son, además, legítimas: que una pareja no pueda tener hijos, que no busque un acto sexual concreto como medio consciente y querido de procreación y que respete los tiempos naturales de infertilidad.
Finalmente, aborda el riesgo de la endogamia en la pareja y señala cuatro factores que pueden ayudar a que el nosotros del matrimonio no se cierre en sí mismo: el significado procreador del matrimonio —se incluye aquí la adopción—; la convivencia con otros matrimonios; y el sentido social de la pareja, llamada a dejar su impronta en la sociedad. «Una forma particular de apertura de amistad de la pareja hacia otros y de la fecundidad de su caridad se manifiesta en la atención a los pobres», recoge.
Y concluye el documento: «Si cada unión conyugal es una realidad única, todo matrimonio auténtico es una unidad compuesta por dos individuos, que requiere una relación tan íntima y totalizante que no puede ser compartida con otros. Al mismo tiempo, puesto que es una unión entre dos personas con la misma dignidad y derechos, esta exige aquella exclusividad que impide que el otro sea relativizado en su valor único y sea usado solo como medio para satisfacer las necesidades».








