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Elegidos y enviados. Domingo 3º de Pascua.

“Matasteis al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos y nosotros somos testigos de ello” (Hech 3,15). Tras la curación del paralítico junto a la Puerta Hermosa del Templo, así interpela Pedro a la gente que se ha reunido para constatar aquel portento. 

• El Apóstol declara que la curación no se debe a él y a Juan, sino a la fe en el nombre de Jesús que les mueve. 

• Además, denuncia proféticamente la ceguera de su pueblo, que ha renegado del Santo y del Justo, al tiempo que les anuncia que Dios ha resucitado a Jesús.

• Sin embargo, Pedro tiene la grandeza de disculpar a los que condenaron a Jesús por ignorancia, y los exhorta a arrepentirse y convertirse.     

• Además, el Apóstol asume y proclama el papel de testigos del Mesías que corresponde a los discípulos que han convivido con Él. 

Con el salmo responsorial, pedimos al Señor que brille sobre nosotros la luz de su rostro (Sal 4). Que también nosotros guardemos la palabra del Señor y cumplamos sus mandamientos, como nos pide la segunda lectura (1Jn 2,1-5). 

TRES CONTRASTES

El evangelio de este domingo tercero de Pascua nos sitúa en el momento en que los dos discípulos que se habían alejado hasta Emaús se encuentran de nuevo con sus hermanos que habían quedado en Jerusalén (Lc 24,35-48).

Unos y otros se apresuran a dar cuenta de su respectivo encuentro con Jesús. Pero de pronto se les muestra el Resucitado con un mensaje cargado de fuertes contrastes:

•  Por una parte les ofrece y desea el don de la paz, pero al mismo tiempo les reprende por las dudas a las que se aferran y por sus dificultades para creer.

• Además, se presta a comer con ellos para demostrarles que es el mismo que han seguido por los caminos, pero les advierte que era necesario que se cumplieran las Escrituras.

• Jesús recuerda el pasado reciente de su muerte y resurrección, pero orienta al futuro la mirada de sus discípulos para que prediquen la conversión a todos los pueblos.

SER TESTIGOS

Al leer que Jesús resucitado se muestra a sus discípulos, nos preguntamos qué misión les confía. ¿Cuál ha de ser el contenido de su predicación? ¿Qué instituciones habrán de crear para apoyarla? ¿Con qué títulos tendrán que adornarse para hacerse respetar? Pues bien, Jesús solamente les invita a considerar lo que ellos son y lo que han de hacer.

• “Vosotros sois testigos de esto”. Habrán de recordar fielmente el pasado y los días en que han convivido con su Maestro.

• “Vosotros sois testigos de esto”. Tendrán que reconocer que lo han abandonado en Getsemaní, pero han recibido su paz y su perdón.

• “Vosotros sois testigos de esto”. No deberán olvidar que con sus palabras y con sus obras han de comunicar a las gentes el gozoso mensaje de su Maestro          

– Señor Jesús, nosotros somos conscientes de que nos has elegido para compartir tu vida. Nos has ayudado a reconocer tu triunfo sobre el mal y sobre la muerte. Te agradecemos que nos hayas enviado para ser testigos de tu resurrección. Bendito seas por siempre. Amén. ¡Aleluya!

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