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Un dominico desde Venezuela: «Escribo esta carta sin poner mi nombre porque en mi país no hay libertad de expresión»

Se ha hecho pública una carta de un ciudadano venezolano que reside en Caracas, en la que habla de la situación del país y cómo lo están viviendo los residentes en primera persona. La firma es anónima por miedo a la represión a la que se pueda enfrentar si su nombre se hace público.

La Llama, medio independiente que nació en el entorno de la Orden de Predicadores, ha publicado una carta anónima en la que un ciudadano venezolano explica y analiza la situación en la que se encuentra el estado desde que el pasado 3 de enero el ejército estadounidense sacara del país a Nicolás Maduro, presidente ilegítimo, y su mujer. 

El ciudadano habla desde la sorpresa, el miedo, la tristeza y la indignación por el silencio que ha mantenido la comunidad internacional en los últimos años y que ahora se rompe frente al ataque de Estados Unidos. «Los que durante 26 años decidieron callar ahora quieren darnos clases de política internacional, de protocolos, de tratados, de formas, de diálogo y de posturas ante lo que hemos vivido», observa. 

«No hubo una invasión»

Asegura que lo ocurrido en Venezuela no es «ninguna invasión», sino la extracción de «un criminal de lesa humanidad por el cual ofrecían una recompensa de 50 millones de dólares, cifra superior a la ofrecida por Osama bin Laden en su momento». Expresa, de la misma forma, su sorpresa ante quienes prefieren defender a un dictador y ignorar la situación que se ha vivido allí durante las últimas décadas. No quiere pasar por alto tampoco que Nicolás Maduro y Cilia Flores recibirán un juicio justo, un privilegio que no han tenido los presos políticos en Venezuela: «nunca permitieron que los presos políticos tuviesen acceso a derechos humanos básicos y condiciones de mínima dignidad en sus detenciones».

«Hace 26 años dejamos de tener soberanía»

Admite que le impresiona que la comunidad internacional lo considere un «atropello contra la soberanía nacional», teniendo en cuenta que «hace 26 años dejamos de tener soberanía». Reitera su tristeza e indignación por el silencio sufrido durante años frente a las muertes de cientos de personas en manifestaciones, incluyendo jóvenes, estudiantes y adolescentes. «Me da tristeza verlos juzgar una sola noche cuando ignoraron años de represión sostenida».

Además, quiere recordarle a aquellos que están preocupados por el petróleo del pueblo venezolano que «no nos preocupan nuestros recursos ahora; nos han robado tanto que lo único que nos queda es la esperanza de ser libres». Hace hincapié también, en ese sentido, en todas las expropiaciones que llevó a cabo el gobierno de Chávez, donde se violaron principios básicos del estado de derecho.  

«No se trata de ideologías»

Concluye recordando al lector que «esto no se trata de ideologías», sino de personas. No se olvida de los más de 8 millones de venezolanos que salieron del país a pie para huir de la dictadura, así como del silencio que mantuvo la comunidad internacional ante la pobreza, la represión y la muerte de inocentes. 

«Se trata de merecer ser libres. Hoy escribo esta carta sin poner mi nombre porque en mi país no hay libertad de expresión; porque desde 2007 se cierra todo medio de comunicación que sea objetivo o no comulgue con las exigencias del régimen. Escribo desde el silencio, esperando el día en el que, por fin, pueda decir mi propio nombre sin miedo estando en Venezuela».

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