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Espiritualidad renovada ante la situación actual

La experiencia cristiana renovada exige una espiritualidad de la esperanza, de la fidelidad, de la responsabilidad humilde y de la interioridad

La cultura pública occidental moderna se aleja consciente y decididamente de la fe cristiana y camina hacia un humanismo inmanentista. Esta cultura, que es el contexto actual en el que vive la Iglesia en España, se convierte en causa permanente de dificultades para su vida y misión. Influye en aspectos tan graves como el cuestionamiento de Jesucristo en cuanto único Salvador, la crisis de fe, el debilitamiento de su transmisión, la escasez de vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, o el cansancio de los evangelizadores y agentes de pastoral. El Dios vivo está apartado de la  vida diaria mientras los más diversos ídolos se adueñan de ella.

En esta situación, levemente descrita, el Señor nos está haciendo una llamada a la Iglesia y a los cristianos, que no podemos eludir. En circunstancias difíciles, estamos llamados a convertirnos y a purificar nuestra vida cristiana, mediante el cultivo de una experiencia de fe y espiritualidad renovada.

El momento presente nos urge a cultivar una espiritualidad de la esperanza. Ante las circunstancias adversas, tenemos motivos para anclar nuestra confianza en Dios, que es siempre fiel y nunca abandona a su pueblo y a depositar en el nuestros afanes y preocupaciones.

A través del contexto social y cultural, Dios nos está pidiendo una espiritualidad de la fidelidad. El mismo Jesús, en su vida mortal, no fue ajeno a este tipo de pruebas, y “aprendió fidelidad” (Hb 5, 8). Comprendió que le Padre le pedía fidelidad, no éxito inmediato. “El  éxito no es uno de los nombres de Dios” (M. Buber).

Somos llamados a vivir una espiritualidad de la responsabilidad humilde, pero sin sentido de culpa. No atribuyamos a nuestros pecados todas las dificultades y resistencias que sociedad y la gente de hoy ofrece a la fe. Muchas de estas dificultades tienen raíces culturales que no dependen de nosotros. Asumimos nuestra responsabilidad pasada y presente con la humildad de quienes saben reconocer y corregirse y con la paz de quienes saben que el protagonista de la historia es el Dios del Amor.

En un tiempo en que la exterioridad predomina tan poderosamente  será necesario que cultivemos una espiritualidad de la interioridad que, sin llegar a ser intimista y desencarnada de los problemas reales de la vida, profundice en los espacios interiores de la persona y los sane de las heridas recibidas.

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