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Fe y esperanza desde Roma: La juventud cristiana de Europa proclama su Manifiesto

Quince delegaciones continentales proclaman un texto que marca el inicio de un camino hacia «Roma 25 – Santiago 27 – Jerusalén 33»

La Basílica de Santa María en Trastevere ha sido testigo de la proclamación oficial del Manifiesto de los Jóvenes cristianos de Europa. Este acto central, enmarcado en el Jubileo de los Jóvenes (del 28 de julio al 3 de agosto), materializa un profundo proceso de participación juvenil internacional y se integra plenamente en el ambicioso proyecto «Roma 25 – Santiago 27 – Jerusalén 33».

La jornada ha comenzado con momento de Oración por la Paz, preparando el espíritu para la lectura del Manifiesto. Quince delegaciones de jóvenes procedentes de toda Europa han sido los protagonistas de la proclamación, entregando el Manifiesto a Mons. Rino Fisichella, pro-prefecto del Dicasterio para la Evangelización y responsable del Jubileo 2025.

Mons. Fisichella, dirigiéndose a los jóvenes, les ha recordado la visión del Santo Padre: «cuando se ha convocado este jubileo, el Papa nos ha pedido que miremos al año 2033: Año de la Redención. Y tiene una estancia intermedia en Santiago en 2027 año jubilar». Con entusiasmo, ha transmitido «el saludo del Papa León, que con entusiasmo acoge este mensaje que vosotros mandáis a vuestros coetáneos y a tantos millones de jóvenes esparcidos por todo el mundo». Mons. Fisichella concluyó encomendándoles una nueva misión: «Él confía una nueva misión anunciar que Jesús ha resucitado, que a través del misterio del amor y la resurrección, Él es el Señor de vuestra vida».

La iniciativa «Roma 25 – Santiago 27 – Jerusalén 33», surgida de la Conferencia Episcopal Española, goza de un amplio respaldo de numerosas Conferencias Episcopales, diócesis, parroquias y movimientos eclesiales de todo el continente. Este proyecto se alinea con el itinerario pastoral y evangelizador promovido por el Dicasterio para la Evangelización como preparación para el Jubileo de la Redención de 2033.

El Manifiesto, que hoy ha sido proclamado solemnemente, fue presentado públicamente en la Sala de Prensa de la Santa Sede el pasado 2 de julio. En aquella ocasión, participaron por parte de la Iglesia española Mons. Mikel Garciandia, obispo de Palencia y representante del Comité de Coordinación del proyecto, y Mons. Francisco José Prieto Fernández, arzobispo de Santiago de Compostela (vía conexión online). A ellos se unió Fernando Moscardó, joven portavoz del Comité Internacional del proyecto, subrayando el protagonismo juvenil de esta iniciativa.

Esta propuesta, impulsada por los jóvenes cristianos, busca abrir un camino de fe y esperanza para una nueva generación europea, especialmente en la cuenta atrás hacia el Jubileo de la Redención. El proyecto se articula en torno a tres pilares fundamentales de la vida cristiana:

  • Peregrinación – La belleza del seguimiento (Jn 1, 39): Un llamado a caminar para descubrir la belleza y la transformación que implica seguir a Cristo, redescubriendo los santuarios y el patrimonio cristiano como lugares de encuentro con Dios.
  • Evangelización – La verdad nos hace libres (Jn 8, 32): El deseo de anunciar el Evangelio con coherencia y creatividad, creando espacios de acogida y sentido en una Europa que, en ocasiones, parece haber olvidado sus raíces cristianas.
  • Sanación – El amor nos salva (Lc 19, 19): Una invitación a ver esta peregrinación como un camino de sanación personal, donde Cristo ofrece redención, misericordia y nuevas oportunidades a quienes caminan con heridas.

Un «Manifiesto» que es «una revolución del espíritu joven»
El documento mismo, titulado «Manifiesto. Una revolución del espíritu joven», es una declaración vibrante de identidad y propósito. En él, los jóvenes se declaran «peregrinos de sentido», no «turistas de lo espiritual», y proclaman una certeza en sus corazones: «Cristo está vivo. Y nos llama».

El Manifiesto interpela a Europa: «En un continente que parece haber olvidado su alma, nosotros elegimos recordar. Recordar que fuimos creados para la libertad, que hay belleza en seguir a Jesús, que el Evangelio no es pasado: es fuego hoy, encendido por el Espíritu Santo». Se presentan como una generación «humana, sedienta, buscadora, creyente», que se levanta «no para tener el poder, sino para servir, amar, caminar».

El texto expresa el anhelo de «devolver a Europa sus raíces», que los caminos «hablen de Dios» y que los santuarios sean «lugares de encuentro y transformación». Reafirman la fe en el amor sanador de Dios, en que las heridas «no nos invalidan: nos hacen reales», y en que «no hay pecado que venza a la misericordia, ni oscuridad que resista la luz de Cristo».

El manifiesto también refleja la visión de una «Iglesia viva, joven, sin miedo, capaz de escuchar, de abrir espacios, de confiar en los jóvenes sin domesticar su fe». El compromiso es claro: «Elegimos caminar. Porque seguir a Cristo no es quedarse quieto. Es dejar la comodidad, el cinismo, el ‘me da igual’. Es ponerse en camino». El itinerario ya está trazado: «De Roma iremos a Santiago. De Santiago, a Jerusalén. Y de ahí… al mundo».

Finalmente, el manifiesto es una invitación y una petición. A la Iglesia, piden «que confíe en nosotros. Que nos deje equivocarnos, servir, crecer. Que nos ofrezca caminos reales, comunidades vivas, pastores que caminen con nosotros». A los jóvenes del mundo, el llamado es perentorio: «no apaguéis vuestra sed. No os conforméis con una vida sin verdad. No dejéis que os vendan una libertad vacía. Venid. Caminad. Decid vuestro ‘sí’».

Desde Roma, la proclamación resuena con fuerza: «¡Jesús es el Señor! ¡Somos su generación! ¡Somos su Iglesia! No somos un experimento. No somos un apéndice. Somos el presente de Dios para el mundo». Este manifiesto es un compromiso con el futuro que no termina, la vida eterna, y una declaración de ser «testigos», «peregrinos» e «Iglesia en marcha».

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