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Florencio Roselló: «Que el bullicio de las fiestas no oculte la profunda dimensión espiritual y cristiana de san Fermín»

El arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela pronuncia una significativa homilía con motivo de esta celebración de resonancia mundial: «Que no se nos olvide que la fiesta tiene su origen en el santo y todo lo que su vida y martirio representan»

El arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela, Florencio Roselló, ha pronunciado una significativa homilía con motivo del inicio de las fiestas de san Fermín. En su reflexión, predicada en la Capilla de San Fermín de la parroquia de San Lorenzo, ha querido subrayar la profunda dimensión espiritual, religiosa y cristiana de esta celebración de eco mundial, y que, a pesar del «bullicio de las fiestas», ha afirmado que «no se puede ocultar».

El arzobispo ha remarcado asimismo que san Fermín fue el primer obispo de Pamplona y, por tanto, su «antecesor», una línea que le hace identificarse con él y aprender de su «entrega y compromiso por los demás a través del Evangelio». También ha explicado de manera divulgativa que las fiestas se remontan al siglo XII, cuando comenzaron con celebraciones religiosas por la llegada de las reliquias de Amiens en 1186, y que los «traslados de toros de lidia» solo aparecieron a partir del siglo XIV. «¡Que no se nos olvide! —ha enfatizado—. Las fiestas de san Fermín tienen su origen en el santo y todo lo que su vida y martirio han representado».

Así las cosas, Roselló ha descrito a san Fermín como una figura que trasciende fronteras, afirmando que su eco y «explosión de fe y gozo» resuenan en toda Pamplona y Navarra. Por ello, ha declarado que «san Fermín es patrimonio de la Iglesia y patrimonio de la humanidad», y ha expresado que la procesión ha disipado «las dudas, las reflexiones vacías» sobre el origen de la fiesta.

En este sentido, ha resaltado que san Fermín nos enseña que la fe no puede quedarse «encerrada» en el interior del hombre. Nacido en Pamplona y bautizado por san Honesto, san Fermín fue un «emigrante» salido de Navarra hacia Beauvais y Amiens, en el sur de Francia, para «anunciar el Evangelio». En ningún caso huyó del mundo, sino que «se implicó en él, se comprometió, de palabra y de obra, con la sociedad que le tocaba vivir». Y la tradición cuenta —ha añadido— que su palabra estuvo acompañada de varios milagros, como devolver la vista, sanar a leprosos y paralíticos, y liberar a endemoniados.

Su martirio en Amiens no es sino la «confirmación de una vida totalmente entregada a la predicación» y una «prueba de la coherencia, la prueba del testimonio». El arzobispo ha afirmado a este respecto que san Fermín bien podría haberse liberado del martirio si hubiese renunciado a su fe, destacando que «la coherencia es un mensaje para todos, creyentes y no creyentes», una «llamada a la honestidad y a la limpieza en la vida».

Siguiendo el ejemplo del santo patrón de no vivir «de espaldas a la realidad», Roselló ha abordado diversas situaciones que han interpelado a la comunidad, como el cierra de la planta de electrodomésticos BSH en Navarra, donde «660 trabajadores van a perder su empleo, y en total mil familias se pueden quedar en la calle». Sin duda, una «mala noticia» para la comunidad autónoma, que le llena de «dolor».

Del mismo modo, se ha referido al «desmantelamiento de redes de trata de personas, de trata de mujeres en Navarra, muchas obligadas a ejercer la prostitución», una «lacra moderna de esclavitud» ante la que ha destacado el compromiso de la Iglesia diocesana. «Ya está abierto el piso que acogerá mujeres que quieran salir de este infierno», ha anunciado al respecto.

En cuanto a las guerras que asolan el mundo, Roselló se ha unido a la denuncia del papa León XIV: «Queridos hermanos y hermanas, el corazón de la Iglesia se desgarra al escuchar los gritos que llegan desde las zonas de guerra: Ucrania, Irán, Israel, Gaza… No podemos resignarnos a la guerra», y ha urgido a «dejar pasar la ayuda humanitaria y que se ponga fin a las hostilidades».

Por último, ha destacado que en el «Año del Jubileo de la esperanza», convocado por el papa Francisco, san Fermín se presenta como la «esperanza de todo un pueblo». El arzobispo ha querido enfatizar que la Iglesia de hoy «necesita pastores y laicos con esperanza y compromiso por una sociedad mejor». Y ha instado a una «fe que no se encierre, sino que salga al encuentro de todos», porque Pamplona «necesita testigos como Fermín: personas que vivan su fe sin vergüenza, con valentía, con alegría».

La homilía ha concluido con un deseo de «felices fiestas de san Fermín en paz, convivencia, respeto y tolerancia».

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