El Papa ha felicitado el Año Nuevo Lunar chino a los católicos del gigante asiático y se ha mostrado «muy preocupado» por la situación de violencia en el Congo
En su catequesis jubilar sobre «Jesús, nuestra esperanza», Francisco ha dedicado la audiencia general de este miércoles a la figura de san José, a quien el apóstol Santiago describió como «Factores Verbi», es decir, aquel que «pone por obra la Palabra de Dios», «traduciéndola en hechos, en carne, en vida», ha recordado el Santo Padre.
Tomando como referencia el Evangelio de Mateo, Francisco ha reconocido el papel del esposo de María en la historia de la Salvación desde la discreción, la obediencia y la confianza ciega en el Señor. Recordando el pasaje en que el ángel se le aparece en sueños para revelarle el misterio de la concepción de su mujer, el Pontífice ha destacado que «José no pronuncia palabra», solo «confía en Dios y obedece».
Así, el sucesor de Pedro ha destacado cómo el padre putativo de Jesús «se ve sometido a una dura prueba» que, en condiciones normales, habría llevado a la ruptura del compromiso: «La Ley sugería dos posibles soluciones: o bien un acto jurídico público, como citar a la mujer ante el tribunal, o bien una acción privada, como entregar a la mujer una carta de repudio».
Como todos sabemos, José, a quien el Evangelio define como «hombre justo», «siguiendo la Palabra de Dios, actúa ponderadamente: no se deja vencer por sentimientos instintivos ni teme llevarse a María con él, sino que prefiere dejarse guiar por la sabiduría divina. Opta por separarse de María sin clamores, es decir, en privado. Y esta sabiduría de José le permite no equivocarse y hacerse abierto y dócil a la voz del Señor».
Es esta rendija abierta a la voluntad de Dios por la que se cuela la voz en su sueño, una forma de actuar del Altísimo que «nos recuerda a otro José, hijo de Jacob, apodado ‘señor de los sueños’, tan amado por su padre y tan odiado por sus hermanos, a quien Dios elevó sentándolo en la corte del faraón».
Es entonces, ha proseguido el Papa, cuando ya «José no pide más pruebas, se fía». El esposo de María decide confiar en el misterio, «acepta el sueño de Dios sobre su vida y la de su prometida. Así entra en la gracia de quien sabe vivir la promesa divina con fe, esperanza y amor». Y ha concluido del pasaje evangélico su ya tradicional moraleja: «Pidamos también al Señor la gracia de escuchar más de lo que hablamos, la gracia de soñar los sueños de Dios y de acoger responsablemente a Cristo que, desde el momento de nuestro bautismo, vive y crece en nuestras vidas». Y ha pedido la intercesión de san José, «que amó a Jesús con amor paterno», para que «esté cerca de tantos niños que no tienen familia y anhelan un padre y una madre».
Al término de la catequesis, el Pontífice ha querido felicitar muy especialmente a los católicos chinos, recordando que «en Asia Oriental y en diversas partes del mundo, millones de familias celebran hoy el Año Nuevo Lunar, ocasión para vivir con mayor intensidad las relaciones familiares y de amistad. Con mis mejores deseos para el Año Nuevo, que mi bendición llegue a todos vosotros, mientras invoco para cada uno del Señor la paz, la serenidad y la salud».
Por último, el Papa ha hecho un llamamiento urgente por el fin de la violencia en la República Democrática del Congo, una situación que sigue «con preocupación». «Exhorto a todas las partes en conflicto a comprometerse en el cese de las hostilidades y en la protección de la población civil de Goma y de otras zonas afectadas por las operaciones militares. También sigo con aprensión lo que está ocurriendo en la capital, Kinshasa. Esperamos que cesen cuanto antes todas las formas de violencia contra las personas y sus bienes. Al tiempo que rezo por el pronto restablecimiento de la paz y la seguridad, hago un llamamiento a las autoridades locales y a la comunidad internacional para que hagan todo lo posible por resolver la situación de conflicto por medios pacíficos», ha proclamado.






