Actual prelado de Astorga desde 2020, sustituirá a monseñor Demetrio Fernández González en su nueva diócesis. Desde el principio, ha querido dejar claro su compromiso con los pobres
El papa Francisco ha nombrado obispo de Córdoba a monseñor Jesús Fernández González, actual obispo de Astorga desde que accediera al cargo en el año 2020 y presidente de la Comisión Episcopal para la Pastoral social y Promoción humana, según ha comunicado la Nunciatura Apostólica a la Conferencia Episcopal Española. Sustituirá de esta manera a monseñor Demetrio Fernández González, obispo de esta diócesis desde 2010.
Nacido en el municipio leonés de Selga de Ordás el 15 de septiembre de 1955, monseñor Jesús Fernández González cursó estudios en los seminarios menor y mayor de León. Fue ordenado sacerdote el 29 de junio de 1980 y, posteriormente, consiguió la licenciatura en Filosofía por la Universidad Pontificia de Salamanca, donde también realizó los cursos de doctorado en esta disciplina. También ha desarrollado su ministerio sacerdotal en la misma diócesis de León.
El 10 de diciembre de 2013 fue nombrado por el papa Francisco obispo auxiliar de Santiago de Compostela y recibió la consagración episcopal el sábado 8 de febrero de 2014. El 8 de junio de 2020 se hizo público su nombramiento como obispo de Astorga, sede de la que tomó posesión el siguiente 18 de julio, hasta su nombramiento de hoy como nuevo obispo de Córdoba.
Primeras palabras
En sus primeras palabras dirigidas a la diócesis, monseñor Jesús Fernández González se ha presentado con humildad y ha propuesto la corresponsabilidad de todos para profundizar en el camino sinodal de la Iglesia universal. Así, ha reconocido haber oído hablar de los «sacerdotes magníficos de Córdoba, de la vida de muchos jóvenes, de las vocaciones y los muchos seminaristas» que tiene esta provincia eclesiástica, resaltando la «vitalidad muy grande de una diócesis que contrasta con la que ahora mismo pastoreo, rural y despoblada».
En cuanto a su experiencia previa, el prelado ha relatado su aprendizaje como obispo primero en Santiago de Compostela y luego su trabajo intenso, aunque familiar, en Astorga, donde ha venido desarrollando numerosos proyectos. Aunque ha admitido que su conocimiento de la diócesis de Córdoba es «más bien escaso», recuerda haberla visitado en ocasiones anteriores para hablar con miembros de la Cáritas Diocesana y sobre Pastoral de la Salud, habiendo quedado muy impresionado.
Tampoco ha dejado de subrayar su compromiso con los pobres, recordando que «si eran amigos de Jesús, yo también quiero que sean los míos y los de todos nuestros hermanos, entendiendo en sentido integral que no solo se refiere a la pobreza económica, sino también social, cultural y, por supuesto religiosa, la cual, como el papa Francisco recuerda, es la mayor pobreza: el olvido de Dios es la mayor pobreza».
Sobre la cuestión vocacional, ha reconocido que la Iglesia en Occidente sufre una crisis importante, pero ante el número de seminaristas en Córdoba, advirtió que no se pueden «dormirnos en los laureles» y que se debe seguir trabajando para fortalecer la conciencia de los fieles sobre la llamada de Dios en sus vidas. En relación a su proyecto para la diócesis, asegura que «mi plan es el Evangelio», añadiendo que en los primeros meses se dedicará a escuchar y conocer la realidad diocesana para luego, con el consejo y la participación de todos, diseñar un plan de futuro.
Despedida de don Demetrio
Por su parte, el obispo saliente, monseñor Demetrio Fernández, se ha dirigido a la diócesis desde el salón del trono del Palacio Episcopal, expresando su gratitud hacia la comunidad cordobesa, que, aseguró, le ha hecho sentirse siempre bien acogido. Asimismo, ha realizado una petición significativa a la diócesis, pidiendo que acojan a don Jesús de la misma manera en que lo hicieron con él, pues se trata de «un hombre sencillo, cercano, asequible y van a estar muy a gusto con él».
Monseñor Demetrio Fernández también ha informado de que se pondrá al servicio de monseñor Jesús Fernández cuando se convierta en obispo emérito y que continuará residiendo en la ciudad, la cual conoce profundamente tras quince años de episcopado en los que ha recorrido extensamente toda la provincia. Por último, ha destacado de Córdoba que es «muy rica en vida cristiana, como pocas en toda España, con mucha vitalidad, con un presbiterio unido en torno al obispo, un seminario de los más numerosos de España y donde he tenido muy buenos colaboradores».








