El Papa ha utilizado su conocimiento de la fiesta del Reservado para recordar, a través de la Eucaristía, exposición del Santísimo y procesión, los elementos fundamentales del sacerdocio
El Santo Padre ha recibido este jueves a los seminaristas de la provincia eclesiástica de Toledo —que incluye la diócesis primada, así como las de Albacete, Ciudad Real, Cuenca y Sigüenza-Guadalajara—, a quienes ha pedido que sean «cercanos», porque «siempre es bueno mirar al santo Pueblo fiel de Dios en su espiritualidad, la espiritualidad sencilla». De esta manera, les ha pedido fomentar, en primer lugar, «la cercanía con Dios»; segundo, «con los obispos», pues «un presbítero que no esté cercano a su obispo es rengo, le falta algo»; después, «cercanía entre ustedes los presbíteros, que empieza ya desde el seminario», y, por último, «con el santo Pueblo fiel de Dios». «Estas cuatro cercanías no se las olviden», ha subrayado.
El Papa, precisamente, se ha mostrado especialmente cercano con los jóvenes españoles, mostrándoles su conocimiento y atención a la fiesta del «Reservado», «una antigua tradición que rememora la primera vez en la que el Santísimo Sacramento fue reservado en el Sagrario de su capilla» —ha explicado Francisco—, que el seminario celebrará este domingo. «Fíjense cómo hacen la genuflexión cuando van allí. Fíjense», ha bromeado con los formandos.
Al hilo de esta importante tradición, el Pontífice ha destacado las tres etapas del «Reservado» —Eucaristía, exposición del Santísimo y procesión— que, a su juicio, «nos pueden servir para recordar los elementos fundamentales del sacerdocio». En cuanto a la celebración eucarística, ha recordado que «Jesús que viene a nuestras vidas para darnos la prueba del amor más grande». Él nos convoca, como Iglesia, «para hacerse presente en el sacerdocio y en el pueblo, en el sacramento y en la Palabra. Ojalá que tenerlo en la tierra absorba las vidas de ustedes y los corazones», ha agregado.
Después de la Misa, el Señor queda todo el día expuesto en la custodia. «Es el tiempo de permanecer a solas con Él, para oír su voz en el silencio, en la escucha de la Palabra, en el testimonio de fe de quienes rezan a nuestro lado», ha afirmado. «Sólo el encuentro persona a persona, un encuentro enamorado, con Jesús puede iluminar, sustentar y sostener el trascurso de nuestra jornada terrena. Ojalá que ese encuentro sea realmente revulsivo eficaz que transforme nuestra existencia», ha deseado.
Por último, el acto de llevar al Señor en procesión le ha servido para destacar que los sacerdotes «lo recibimos para llevarlo», ya que «nuestro ministerio es un acompañar a Cristo hacia su pueblo, y al pueblo hacia Cristo». Y ha finalizado aspirando a que «sin apartar los ojos de quien nos guía, aprendamos a caminar juntos, en la esperanza del encuentro que ya aquí gustamos de modo sacramental».








