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César García Magán: «El Papa ha recolocado a la Iglesia en el ámbito público»

El secretario general de la Conferencia Episcopal Española reconoce que les ha sorprendido la participación tan masiva en los distintos actos presididos por el Pontífice

Francisco César García Magán, obispo auxiliar de Toledo, vivió el pasado 8 de junio un momento especial como secretario general de la Conferencia Episcopal Española. El Papa visitó la sede de esta institución que congrega a todos los obispos de España y que este año celebra su 60.º aniversario. Fue testigo privilegiado de este encuentro, pero también de los que completaron el paso de León XIV por nuestro país, pues le pudo acompañar a lo largo de las etapas de su viaje.

—¿Le ha sorprendido la respuesta de la sociedad española?
—Nos ha sorprendido a todos, incluso a los obispos. Las previsiones que se hacían, incluso las más optimistas, no llegaban a los niveles de participación que hemos visto. El mismo Papa se ha sorprendido. Yo he estado, justo después de la visita, en Belgrado, en una reunión de secretarios generales de las conferencias episcopales de Europa y comentaban con sorpresa el número de participantes, como muestra la fe del pueblo español y  de su aprecio al Papa.

—¿Hay alguna imagen que se le haya quedado en la retina?
— Es difícil elegir, hay muchas. La del Papa caminando con la Eucaristía por la calle Alcalá, rodeado de gente. Me recordó a Jesús entre las multitudes. No podré olvidar la imagen del Pontífice sentado en nuestra Asamblea Plenaria, donde los obispos trabajamos y dialogamos. Y la imagen de los abrazos a los niños, a los reclusos, a los jóvenes que dieron testimonio en Montjuic, a los migrantes en Canarias… En esos abrazos he visto, sobre todo, el abrazo de la misericordia de Dios, el abrazo de Jesús.

—¿Cuáles cree que son los mensajes clave que León XIV ha enviado desde España?
—Distinguiría dos planos: ad intra y ad extra de la Iglesia. Ad intra, ha sido una llamada a las distintas vocaciones —obispos, sacerdotes, vida consagrada, laicos, familias, jóvenes…— a mantenernos firmes en la fe. Él vino a confirmarnos en la fe, y hubo una llamada a actuar y a ser coherentes. Ha estado muy presente la centralidad de Jesucristo, el compromiso del testimonio y la dimensión de acogida, es decir, el testimonio de caridad. Nos recordó que somos hijos de Dios, un regalo suyo, y que —como afirmó en la Misa del Corpus— no podemos arrodillarnos ante el Señor y luego despreciar al hermano. Ha sido un tiempo de gracia, lo que llamamos un kairós, para los católicos españoles. Ad extra, el mensaje también ha sido claro. En el discurso del Palacio Real, ante las Cortes y en otros momentos, el Papa ha recolocado a la Iglesia en el ámbito público, cuando hay quien pretende reducir la dimensión religiosa al ámbito privado. Ha subrayado esa presencia pública y, por tanto, ha dado un testimonio grande de ella. Esto no tiene que ver con un triunfalismo ni con un intento de restaurar viejos confesionalismos, sino de reivindicar, como dijo en las Cortes, el papel de la fe en la consecución del bien común y su aportación a la sociedad democrática.

—El Papa visitó la sede de la Conferencia Episcopal, de la que usted es secretario general. Además, lo hizo en el 60.º aniversario de esta institución. ¿Cómo vivió este momento?
—Esta visita fue preparada con mucha ilusión, mucho amor y mucho trabajo. Fue un momento fuerte con quien es cabeza del colegio episcopal y principio de comunión y unidad. A nivel personal, lo viví como una gracia muy especial. Ha sido el momento más importante como secretario general de la Conferencia Episcopal.

—¿Qué destacaría del discurso que pronunció allí?
—Fue un discurso bonito. Utilizó esa metáfora del viaje y del peregrino, con alusiones al Camino de Santiago, para hablarnos de unidad y de comunión, de acogida a los hermanos, a los sacerdotes. Nos puso grandes ejemplos de pastores, como fray Hernando de Talavera, santo Toribio de Mogrovejo y san Juan de Ávila. Y tocó temas como el anuncio o la Eucaristía como culmen de la vida cristiana. Me hizo ilusión que citara acciones concretas de la Conferencia Episcopal, como el Congreso de Laicos o el Congreso de Vocaciones. De alguna forma, ratificó esas líneas pastorales que hemos estado trabajando, al tiempo que nos abrió otras pistas.

—Precisamente, la CEE acaba de estrenar líneas pastorales. ¿Cómo va a incidir en ellas esta visita?
—Cuando publicamos las líneas pastorales para los próximos años, dijimos que era una publicación abierta o inacabada. Lo es, porque ya teníamos en perspectiva esta visita del Papa. Ahora habrá que reflexionar sobre el viaje y el rico magisterio del Papa. Tendremos que releer y meditar todo lo que nos ha dicho, no solo en la sede de la Conferencia Episcopal, sino también en Madrid, en Barcelona y en Canarias, donde los mensajes fueron muy proféticos.

—El viaje se preparó en cuatro meses y fue un éxito a todos los niveles. ¿Refuerza este hecho el papel de la Iglesia española en Europa y el mundo?
—Se ha hecho un gran esfuerzo y es de justicia reconocer el trabajo extraordinario de los equipos, tanto del nacional como de cada una de las diócesis. 

—¿Y ahora qué?
—El Papa ha hecho una siembra generosa y ahora somos nosotros los que tenemos que procurar que esa semilla dé fruto en el corazón de todos los católicos. 

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