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Gianna Beretta

Gianna Beretta: amó a los suyos hasta el extremo

Durante el segundo mes de embarazo le diagnosticaron un tumor benigno en el útero. Le recomendaron extirpar tanto el tumor como el embrión, pero Gianna no aceptó. La criatura sobrevivió, ella no

Pablo VI describió su gesto último como un acto de «meditada inmolación». Se refería así a la muerte de Gianna Beretta, que murió una semana después de dar a la luz a su cuarta hija, tras haber padecido un tumor durante el embarazo. Un ejemplo, diría Juan Pablo II en su canonización en 2004, de que «como Cristo, «habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo» (Jn 13, 1), esta santa madre de familia se mantuvo heroicamente fiel al compromiso asumido el día de su matrimonio. El sacrificio extremo que coronó su vida testimonia que solo se realiza a sí mismo quien tiene la valentía de entregarse totalmente a Dios y a los hermanos». 

Gianna nació en Magenta, cerca de Milán, en 1922. Décima de trece hermanos, recibió una educación cristiana que le llevó en su juventud a participar en Acción Católica y en la Sociedad San Vicente de Paúl. La muerte de varios de sus hermanos, y más tarde de sus padres, acrecentó su confianza en Dios y en su certeza de que en la vida hay una sola tarea, seguir su llamada y decirle que sí. Se despertó así su pregunta por la vocación por la que rezaba y pedía oraciones, porque, decía, «en el seguir bien nuestra vocación depende nuestra felicidad terrena y eterna». 

En esta confianza en la Providencia, decidió estudiar Medicina y, al terminar sus estudios, abrir un ambulatorio para madres, niños, ancianos y pobres. Conoció entonces al ingeniero Pietro Molla, y con él siente la llamada al matrimonio y a la formación de una familia cristiana.

Tras la boda, en 1955, el matrimonio Molla tuvo tres hijos: Pierluigi, nacido en 1956, Mariolina, nacida en 1957 y Laura, nacida en 1959. Tras sufrir dos abortos, Gianna se quedó de nuevo embarazada en 1961. Durante el segundo mes de embarazo le diagnosticaron un tumor benigno en el útero. Le recomendaron extirpar tanto el tumor como el embrión, pero Gianna no aceptó. Fue tajante: «Si hay que decidir entre mi vida y la del niño, no dudéis; elegid —lo exijo— la suya. Salvad al niño».

La criatura sobrevivió sana al embarazo, nació el 21 de abril de 1962. Su madre, presa de las altas fiebres, murió una semana después, un sábado de Pascua en abril de 1962 a los 39 años. Cumplió así lo que había escrito muchos años antes, durante unos Ejercicios Espirituales en 1938: «O Jesús, te prometo someterme a todo aquello que permitas que me suceda, solamente hazme conocer tu voluntad».

En el cuadragésimo aniversario de su muerte, su viudo Pietro escribió: «Has vivido toda tu vida en la gracia de Dios y agradeciendo cada cosa bella y buena recibida, con la sonrisa que transforma la alegría y el bien recibidos en la alegría de darse al prójimo (…) Queridísima Gianna, continúa siendo nuestro ángel custodio, infunde en todos los que sufren tu fuerza de ánimo, tu confianza en la Divina Providencia, tu esperanza, tu serenidad, tu coraje y tu alegría de vivir». 

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