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Gregoria Ruiz, directora de la Institución Teresiana

Gregoria Ruiz (Institución Teresiana): «Francisco y la sinodalidad están cambiando el camino de la Iglesia»

La Institución Teresiana celebra el centenario de su aprobación pontificia por parte del papa Pío XI. Hablamos con su directora general, Gregoria Ruiz, sobre este hito y el papel de la institución fundada por Pedro Poveda

La Institución Teresiana, cristalización del carisma de san Pedro Poveda, celebra estos días el centenario de su aprobación pontificia por parte del papa Pío XI. Con este documento, la Santa Sede daba luz verde a una nueva vocación seglar y prendía la mecha para su expansión por todo el mundo. Integrada en el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, desde que fuera fundada en 1911 participa de la misión evangelizadora de la Iglesia mediante el testimonio de fe en la profesión, vida familiar y forma de estar en el mundo por parte de sus miembros, apostando siempre por la transformación social mediante la educación y la cultura.

Gregoria Ruiz (1957, Santa Bárbara, Islas Filipinas), directora general de la Institución Teresiana, recibe a ECCLESIA en la sede internacional de la asociación. Doctora en Sociología y licenciada en Biología, la séptima directora de las teresianas es la primera no nacida en España en sus más de 120 años de historia. Ha vivido en Filipinas, India y actualmente reside en Italia. La Institución Teresiana ha estado siempre gobernada por directoras y todas sus academias han tenido y mantienen al frente a mujeres, demostrando que la Institución juega un papel muy importante en la promoción de la mujer en la Iglesia y en el mundo, así como en su acceso a la educación superior y a puestos de responsabilidad.

¿Qué significado dan desde la Institución Teresiana a la celebración de este centenario?
En primer lugar, me gustaría aclarar que hablamos del centenario de la aprobación pontificia, puesto que ya celebramos el centenario de la fundación en 2011, y a veces hay confusión con esto. ¿Qué significa este centenario? Sobre todo, conmemoramos el reconocimiento de la Iglesia universal al carisma de Pedro Poveda. Fue el paso que abrió el camino a la internacionalización de nuestra asociación. Hemos acordado unirnos alrededor de esta fiesta en un acto de agradecimiento puro como es la Eucaristía y, a partir de ahí, cada territorio está desplegando su propio programa de actos. Desde la Institución Teresiana enunciamos el sentido que damos a este centenario con agradecimiento, reconociendo a las personas que apostaron la vida para seguir el carisma de Pedro Poveda y renovando el compromiso con la misión y la comunión para seguir desplegando las alas. Desde luego, seguimos soñando con que la Institución llegue a más gente y más contextos.

¿Cómo definiría el carisma de Pedro Poveda?
Desde el primer momento, Poveda quería contribuir a la Iglesia con un camino seglar. Su carisma es de laicos comprometidos en la Iglesia y la sociedad para transformar el mundo a través de la educación, la cultura y un testimonio de vida cristiana en su radicalidad. Además de lo que puedan aportar nuestros miembros desde sus respectivos trabajos, familias y relaciones humanas, la Institución Teresiana tiene sus propias obras sociales que representan el carisma de Pedro Poveda, como las ONGs o los centros educativos y residencias de estudiantes para la formación de las personas, donde se fomenta este tipo de vida laical.

¿Cree que la figura de san Pedro Poveda está suficientemente reivindicada?
Al no haber vivido en España, me falta criterio, pero puedo decir que dentro de la Iglesia está muy reconocido. A nivel de la sociedad, el camino que ha hecho la Institución Teresiana está reconocido a nivel cultural y educativo. No sé si esto supone un reconocimiento al fundador en sí, pero sí tengo claro que el fruto del trabajo de la Institución es en sí mismo un signo de su reconocimiento.

¿De qué salud goza la Institución Teresiana en el mundo secularizado de hoy?
Actualmente, tenemos presencia en 30 países de cuatro continentes –África, América, Asia y Europa–, con algo más de 3.000 miembros. La mayoría viven en Europa, con presencia más significativa en España e Italia, pero también repartidos por Alemania, Portugal, Irlanda, Francia o Bélgica. Las comunidades pequeñas formadas por teresianas constan de unas 20 personas por país.

¿Y en cuanto a actividades?
En este aspecto, mantenemos más de 30 centros educativos en todo el mundo, enfocados sobre todo en la educación básica, pero también en la educación profesional y educación especial, mantenemos las residencias universitarias femeninas para estudiantes… Al igual que sucede en otros contextos de la Iglesia, el número de centros está disminuyendo porque las necesidades cambian. También tenemos muchos proyectos sociales, como, por ejemplo, con las ONGs promovidas por la Institución, representadas en España por InteRed. La mayoría de nuestros miembros trabajan cada uno en su profesión, y vamos cumpliendo la misión a través de estos programas. Evidentemente, compartimos la realidad de otros grupos eclesiales, con una pirámide invertida de miembros que van avanzando en la media de edad, pero también tenemos nuevas adhesiones de gente joven, tenemos la figura del colaborador y luego están, muy importante, los antiguos alumnos y alumnas de nuestros centros educativos, cuya vida está tocada por el carisma de Pedro Poveda y, en un número importante, siguen su vínculo con nosotros.

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¿Cuáles son las principales dificultades que se encuentran a la hora de evangelizar desde el mundo laboral?
El reto es dar testimonio de la fe y los valores cristianos desde donde cada uno esté, y el mundo laboral tiene un gran peso en este concepto. Poveda subraya aquí la importancia de la formación en la fe, porque vamos a ser la figura cristiana que trabaja en el mundo, ni más ni menos que es a lo que hemos sido llamados por Dios. Nuestro puesto de trabajo es la misión a la que Dios nos envía para dar testimonio de la vida cristiana. Ahí, obviamente, juegan un papel importantísimo los valores de la persona, pero también las relaciones con los compañeros. Lograr la transformación de ese pequeño entorno aportando los valores que tenemos, eso es evangelización para un seglar, no tanto predicar como dar testimonio de una vida de fe. Quizás sea difícil, pero testimoniar una vida que tiene sentido por el seguimiento de Jesús dice mucho en medio de la secularización en que estamos sumergidos. Mi vida tiene sentido por ser seguidora de Jesús, y eso es lo que me da alegría, gobierna mis luchas y todo lo demás.

¿Cree que la Iglesia, precisamente, tiene un importante filón en la sociedad al propugnar otros ritmos de trabajo, más centrados en la persona y la conciliación?
Ser cristiano en ciertos ambientes choca, es una manera diferente de vivir el trabajo. Me explico: el trabajo para un cristiano es parte de su contribución a la obra de la Creación de Dios, es aportar al bien común. El problema es que el capitalismo no lo ve así, sólo mira la productividad y la eficacia, y esto provoca que muchas veces la gente esté quemada. Muchos profesionales jóvenes con los que trabajo se preguntan qué hacen en sus empresas, qué sentido tienen, ya no se reconocen a sí mismos… Para colmo, con el teletrabajo en casa se invade el espacio familiar y, en mi opinión, parece que esto no ayuda a que la persona goce de su vida, no somos seres que debamos vivir para trabajar.

Como paradoja a lo que persigue el neoliberalismo, el trabajador con espiritualidad y sentido cristiano acabaría siendo más productivo…
Exactamente. El trabajador necesita su espacio para retomar las riendas de su persona y poder buscar, así, el sentido de lo que está haciendo, porque cada persona necesita encontrar en su trabajo la autorrealización, y la trascendencia de sentir que está contribuyendo a algo más grande que lo que tengo en mi mesa de trabajo. Todo tiene sentido también el trabajo, y ahí hay un reto grande de testimoniar.

¿Hacía qué sueños del padre Poveda, aún por alcanzar, navega la Institución Teresiana?
Al fundar la Institución Teresiana, Pedro Poveda sueña con que ese grupo eclesial –como él mismo personalmente– sirva en el empeño de construir el Reino de Dios. , Somos, como asociación eclesial, parte de la Iglesia, y este es nuestro gran sueño. Cada vez que nos miramos al espejo lo hacemos con la vista puesta en esa utopía, en ese horizonte de la contribución a la construcción del Reino. Ahora bien, ese sueño de Poveda tiene que irse realizando en cada época, en cada momento de la sociedad en el que la Institución Teresiana está inserta compartiendo esa misión de toda la Iglesia. El reto es estar atentos a las llamadas de nuestro tiempo, del ahora. La cuestión de la ecología, por ejemplo, ahora es una llamada a la que tenemos que responder, pues forma parte de la construcción del Reino. La inclusión también es un tema de la Iglesia, como la sinodalidad… El reto de la Institución Teresiana es cómo se realiza ese gran sueño en cada momento. Si queremos ser fieles a ese sueño grande, que no es propio, sino una participación en el gran sueño de la Iglesia, lo que tenemos que hacer es escuchar para responder en cada momento histórico a lo que pide la construcción del Reino.

¿Cuál es su proyecto para la asociación en este momento histórico concreto?
Cada etapa de la vida de la Institución Teresiana está marcada por la asamblea. La que mantuvimos en 2023 marcó cómo vamos a vivir los próximos cinco años. De cada asamblea salen las líneas de misión. Por ejemplo, vamos a seguir trabajando en tejer redes de fraternidad, esta es una gran línea que cada contexto tiene que aterrizar en su territorio, pero tenemos claro que vamos a seguir trabajando con las familias y caminando con los jóvenes. Es un gran proyecto liderado por todo el consejo de gobierno, no sólo por la directora general, y luego cada contexto local participa en la implementación de esas grandes líneas. La prioridad marcada ahora por la asamblea es de pueblo en salida: comparte el carisma que has recibido. Después de 100 años, es la llamada de vivir a fondo la vocación y desplegarla, compartirla, porque no es para las teresianas, sino para la Iglesia y el bien de toda la sociedad.

Y más con una Iglesia volcada en la sinodalidad…
Al vivir en Italia, estoy observando y leyendo mucho sobre el Sínodo, y creo que la participación de los laicos en esa asamblea va a cambiar el camino de la Iglesia. Lo valoro muy positivamente. En el proceso del discernimiento de la Iglesia sobre temas que afectan a todos los bautizados, y que en su mayoría son laicos, se tiene que contar con la visión de los laicos. Estoy muy agradecida de que haya personas que representan no sólo a los grupos laicales, sino personas laicas muy comprometidas en sus diócesis. Esa visión del cristiano en el banco es muy reduccionista.

En este sentido, el Pontificado de Francisco está siendo muy importante para los laicos…
Sí, y no sólo, porque hay que reconocer que la Iglesia es universal, su Pontificado es una expresión de cómo empujar el sentido de la catolicidad. Disfruto mucho leyendo lo que va saliendo de las diferentes conferencias episcopales, comprobando cómo el foco de la evangelización es muy distinto en cada contexto y, ahora, viendo cómo la Iglesia universal lo tiene en cuenta.

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