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«Hace tanto tiempo que estoy con vosotros, ¿Y todavía no me conoces?» (Jn 14,9)

Profundizar en el conocimiento de Cristo debería ocuparnos siempre; acercarnos a ellos, tenerlo presente en cada momento de nuestra vida es una tarea intrínsecamente vinculada a la vida de fe. A lo largo de nuestra vida puede haber ocasiones para profundizar en el misterio de la salvación, para acercarnos más a Cristo y tratar de responder a aquella pregunta que hacía a los apóstoles: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?». (Mt 16,15; Mc 8,29 y Lc 9,20). No es fácil responder, no se responde con una simple frase aprendida de memoria, la respuesta debe salir del corazón, del fondo del corazón. Incluso los apóstoles no acababan de acertarla, y Felipe, que seguía a Jesús de hacía tiempo, que le había escuchado predicar ampliamente, que le había visto hacer milagros, no acababa de conocerle en profundidad.

Para muchos de nosotros Cristo es ya un viejo conocido. Pero siempre nos interpela respecto a nuestra relación con Él cuando durante el tiempo pascual vivimos la incorporación de cada vez más adultos a la Iglesia, a la fe. ¿Qué les llama a querer sumarse a nuestra comunidad? ¿Qué ven en Cristo para dar un paso importante y fundamental en su vida? A veces quizás son ellos quienes nos pueden ayudar a nosotros, como dice san Benito en su Regla «a menudo el Señor revela al más joven lo mejor» y los catecúmenos, que son los más jóvenes en la fe, pueden ciertamente descubrir aspectos que a nosotros, quién sabe si víctimas de la rutina, se nos han acabado por escapar. Esta nueva savia en la vida de la Iglesia nos llena de alegría ya la vez nos cuestiona cómo vivimos nosotros el regalo de la fe desde hace «tanto tiempo».

En las próximas semanas viviremos un evento muy especial para la Iglesia, la visita del papa León XIV. No se trata de un espectáculo mediático, se trata de una experiencia de fe, de comunión eclesial, un momento para vivir la fe que compartimos con el obispo de Roma, aquél que representa a Cristo entre nosotros. Un momento, pues, para profundizar también en la figura de Cristo, que quizás hace mucho tiempo que conocemos pero que quizás no conocemos tan bien como pensamos.

La incorporación de nuevos miembros a la Iglesia, la visita del papa León, o tantas otras cosas que vivimos a nuestro alrededor, deberíamos vivirlas siempre desde la fe, como oportunidades para conocer mejor a Cristo. Nunca podremos conocerle del todo, esto lo haremos más tarde, pero siempre es enormemente enriquecedor para nosotros acercarnos más y más a Él. Sólo así podremos convertir nuestros corazones, una conversión necesaria para vivir la fe en profundidad, con sencillez y honestidad; tal y como la vive quien le conoce de verdad.

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