La Secretaría General del Sínodo publica una guía operativa para que diócesis y eparquías de todo el mundo evalúen su camino sinodal
El camino sinodal no se detiene, se profundiza. El pasado lunes, la Secretaría General del Sínodo marcó un nuevo hito en este itinerario con la publicación de las Notas tituladas Hacer memoria, un documento que se presenta como herramienta esencial para que las Iglesias locales preparen sus Asambleas de evaluación, previstas para el primer semestre del próximo año 2027. Lejos de ser un mero trámite administrativo, la guía propone un ejercicio de discernimiento espiritual para reconocer cómo el Espíritu Santo está transformando el rostro de la Iglesia en cada rincón del planeta.
Para el cardenal Mario Grech, secretario general del Sínodo, el concepto de evaluación debe entenderse desde la fe. Según explicó, «evaluar no es un ejercicio técnico, sino una experiencia de agradecimiento y verdad: hacer memoria significa reconocer lo que el Señor ha hecho madurar en el camino de nuestras comunidades y dejarse guiar hacia los siguientes pasos».
En esta línea, el documento subraya que, en el lenguaje bíblico, «hacer memoria» no supone lanzar una mirada nostálgica al pasado, sino el acto de «reconocer la fidelidad de Dios en la historia para aprender a discernir el presente y abrirse al futuro que Él prepara». En definitiva, un alto en el camino para dar gracias y tomar conciencia de los frutos cosechados.
El corazón del trabajo que las diócesis tienen por delante consiste en la redacción de un relato narrativo. De «entre seis y ocho páginas», este documento debe ser el fruto de una escucha activa a todo el Pueblo de Dios, involucrando a parroquias, movimientos y personas en situaciones de vulnerabilidad. Para dar forma a este relato, el equipo sinodal diocesano —que debe actuar bajo la responsabilidad del obispo— está invitado a recopilar la memoria, rescatando testimonios, documentos e intuiciones de los últimos años; reconocer los signos, identificando qué experiencias revelan con mayor claridad la acción del Espíritu; y captar las transformaciones, observando cómo están cambiando las relaciones, los procesos de decisión y los vínculos misioneros con la sociedad.
Uno de los frutos más significativos de las futuras asambleas de 2027 será la redacción de una carta a las demás Iglesias. Este gesto recupera la antigua tradición de las litterae communionis, con las que las primeras comunidades cristianas compartían su fe y sus desafíos, visibilizando la unidad de la Iglesia universal. Estos documentos no serán informes de gestión, sino mensajes cargados de esperanza y aliento para otras comunidades hermanas, compartiendo «todo lo aprendido a lo largo del camino».
La publicación de esta guía aclara el panorama del proceso sinodal para los próximos años. Tras las asambleas locales en la primera mitad de 2027, el relevo lo tomarán las Conferencias Episcopales en el segundo semestre de ese año. El itinerario continuará con las Asambleas Continentales a inicios de 2028, para culminar finalmente en octubre de ese mismo año con una gran asamblea eclesial en el Vaticano.
Como ha recordado el papa León XIV, el objetivo final no puede ni debe ser organizar simples reuniones, sino cultivar un nuevo estilo: «La sinodalidad no es un conjunto de reuniones, ni un método de trabajo. Es un estilo espiritual. Nace del encuentro, crece en la escucha y madura en el discernimiento», afirmó, resaltando que, con esta guía Hacer memoria en las manos, las Iglesias locales tienen ahora el mapa para que ese estilo se convierta en la vida cotidiana de cada comunidad.








