La Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española ha aprobado la incorporación del teólogo y exrector de la Universidad Eclesiástica San Dámaso al órgano rector de la histórica editorial católica
La Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (CEE) ha aprobado el nombramiento del sacerdote y teólogo Javier María Prades López como nuevo miembro del Consejo Editorial de la Biblioteca de Autores Cristianos (BAC). Esta decisión viene a reforzar el órgano consultivo y orientador de la emblemática casa editorial con una de las voces intelectuales más consolidadas del catolicismo contemporáneo. Prades mantenía ya una estrecha vinculación con la BAC, en cuyo catálogo figura su obra Dar testimonio. La presencia de los cristianos en la sociedad plural y en la que firma la introducción de la edición española de Quo vadis, humanitas?, el documento vaticano sobre antropología e inteligencia artificial.
Nacido en Madrid en 1960 y ordenado presbítero para la archidiócesis madrileña en 1987, Prades atesora un itinerario académico de excepcional rigor. Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid con sobresaliente (1982), se doctoró posteriormente en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma con la máxima distinción summa cum laude (1991). Catedrático de Teología Sistemática en la Universidad Eclesiástica San Dámaso (UESD), ha desempeñado en este centro una prolífica labor docente y de gobierno, habiendo sido decano de su Facultad de Teología (2009-2012) y rector de la institución durante doce años (2012-2024).
Su amplia proyección intelectual le llevó a ser nombrado miembro de la Comisión Teológica Internacional en 2009, responsabilidad en la que ha sido renovado sucesivamente y desde la cual presidió el órgano encargado de redactar la respuesta cristiana Quo vadis, humanitas? al reto tecnológico. Autor y coautor de numerosas publicaciones —entre las que destacan Dios ha salvado la distancia, Communicatio Christi, La razón ¿enemiga del Misterio? o Crear huellas en la historia del mundo (junto a L. Giussani y S. Alberto)—, sus investigaciones se han centrado en la teología trinitaria, el diálogo entre fe y razón, la libertad religiosa y la presencia pública de los cristianos en sociedades plurales.
En una reciente entrevista concedida a ECCLESIA con motivo del desafío que plantea la inteligencia artificial, el teólogo reflexionaba con agudeza sobre el cambio de época que atraviesa la sociedad. Prades recordaba que la fórmula «inteligencia artificial» resulta conceptualmente engañosa, pues los sistemas informáticos no poseen entendimiento ni conciencia propia —no captan la esencia de las cosas ni tienen problemas que resolver—, por lo que resulta más preciso definirla como una extraordinaria «inteligencia humana asistida» por altas capacidades de cálculo y procesamiento.
Durante la conversación, el nuevo consejero de la BAC advertía de que la tecnología sofisticada ha dejado de ser una simple herramienta para transformarse en un verdadero «entorno de vida» que condiciona la intimidad, la libertad y el modo en que las personas construyen su identidad y sus relaciones. Frente a la tentación del «paradigma tecnocrático» —que reduce el valor humano a la eficiencia, el control y el rendimiento económico—, Prades hacía suyo el llamamiento a «desarmar la IA» para evitar que el poder tecnológico suplante a la persona o pretenda sustituir al Dios vivo por un «dios virtual» de diseño tecnológico.
Frente al riesgo de una amnesia cultural promovida por la mentalidad cientificista, el teólogo defendía la necesidad insustituible de la memoria histórica y la esperanza trascendente para edificar un futuro verdaderamente humano. Asimismo, destacaba la urgencia de una denuncia profética en favor de la dignidad infinita de cada persona, especialmente de las más vulnerables, combatiendo la «cultura del descarte» y las derivas del transhumanismo con el testimonio de una fe razonable.
Con esta incorporación al Consejo Editorial de la BAC, la histórica institución fundada en 1943 afianza su compromiso con la alta literatura, la divulgación y el rigor doctrinal, contando con la aportación de un pensador capaz de escrutar los signos de los tiempos y ofrecer claves profundas ante las grandes preguntas antropológicas y culturales del siglo XXI.






