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Josefina Ramón: «Carmen Hernández entendió que el problema que hace sufrir a todo hombre es la falta de Dios»

La autora de Corazón indiviso. Misión y virginidad en Carmen Hernández (BAC) desgrana el pensamiento de la coiniciadora del Camino Neocatecumental sobre la mujer: «Estamos en una guerra a vida o muerte, donde el objetivo fundamental es la destrucción de la mujer, porque, como decía Carmen, dentro de ella tiene la vida»

¿Por qué el título Corazón indiviso? ¿Qué significa?
—Primero de todo te agradezco la pregunta porque más de uno me ha felicitado justamente por el título, lo cual me alegra y desearía se entendiese bien, porque es la puerta de entrada al libro. Como la vida misma, sobre todo en la mujer, el corazón es su puerta de entrada, por eso es importantísimo cómo se encuentra éste, cerrado o abierto, dividido o indiviso. En este libro entraremos a conocer el corazón, la intimidad más profunda de una mujer, que muy probablemente sea reconocida como una de las grandes mujeres de los siglos XX-XXI. Entrar en el corazón de Carmen Hernández es descubrir el significado de lo que decía Teresa de Jesús, y que define la entrega de un alma enamorada: «Darse del todo al Todo sin hacernos partes». Carmen no se reservó nada para sí, se entregó totalmente, desde su niñez, a este amor que descubrió en Jesucristo, y todo en ella estaba unido, amor y misión, conocer a Jesucristo y darlo a conocer eran sinónimos. Amó a Cristo como su Todo y a todos por amor a Él. Para ella, la virginidad no era cuestión de moralismos, sino que era una revelación de amor y fruto de esta experiencia de amor total ante la cual sólo cabe una respuesta de entrega sin divisiones ni reservas, como ella repetía en la oración del pueblo judío: amar a Dios con todo el corazón, con toda la mente, con todas las fuerzas, entregarse a sí a este amor en cuerpo íntegro, eso es la virginidad.

¿Cuál es la misión de la virginidad?
—La virginidad en primer lugar tiene la misión de mostrar el Cielo, la vida que no terminará nunca. El primer servicio que hace a la humanidad es hacerle levantar los ojos del cotidiano vivir y sufrir y mostrarle otra realidad que será eterna, donde «ni los hombres tomaran mujer ni las mujeres marido», cuya importancia no es que no exista el matrimonio, la relación de pareja, sino que muestra un amor más grande, una felicidad y sentido de la vida mayor que el que pueda dar el afecto de un hombre o una mujer. En esta vida el corazón humano busca llenar sus carencias con los afectos y las satisfacciones que la vida puede ofrecer, pero que siempre dejan en el fondo un vacío. La virginidad levanta la mirada a la plenitud que no se encuentra en este mundo. La virginidad, en definitiva, muestra a Dios, que es creador, Padre virginal. Como aparece en el libro, la virginidad, siempre ha sido muy valorada, buscada, ya desde un nivel humano y, vista incluso, como un trofeo para los hombres; casi envuelta en un halo de misticismo. Sin embargo, Dios, a través de la historia de salvación, ha ido revelando la virginidad, hasta Jesucristo quien, al mostrarnos a un Dios que es Padre virginal, pondrá de manifiesto el sentido pleno de la virginidad. Esta es una reflexión profunda que hace Carmen y que desarrolla el libro.

Pero quisiera señalar otra misión de la virginidad que es trascendente, aunque tiene más relación con la vida en este mundo, y es la valoración del cuerpo, el descubrimiento de su santidad, de su grandeza, algo que puede ayudar tanto, sobre todo a los jóvenes, que están en conflicto, a veces, con su sexualidad. Descubrir el propio cuerpo con unas características concretas que están en función de una misión de salvación. Pasar de una cosificación del cuerpo a recibirlo como don y misión. Porque el cuerpo es mucho más que un objeto al que satisfacer o compadecer, es un misterio enorme de amor y para el amor. Esto se ve desde la virginidad, sobre todo se hace patente en la vida de tantas jóvenes que viven así y son felices. De esto habla también el libro con ejemplos concretos y actuales, jóvenes que, como Carmen, han visto en el propio cuerpo la dignidad enorme que es ser mujer, y donde la virginidad se convierte en custodio, guardián de esa grandeza y de la misión a la que es llamada a través del amor a Jesucristo que es el mejor de los esposos.

¿Qué significa que todos estemos llamados a la virginidad?
—La virginidad como tal, dirá Carmen, es femenina, los hombres la viven como una adaptación, pero es propia de la mujer, porque está relacionada con la vida, con el útero, que los hombres no tienen. Pero todos de diversa forma están llamados a vivirla porque es una ayuda enorme para la vida, para la relación con los demás. Solo desde un corazón virgen se puede amar de verdad al otro. Me explico; amar es sinónimo de donarse, de entrega, así es la virginidad que no busca su propia satisfacción, su interés, respeta al otro, no sólo en su forma de pensar, también en su cuerpo. Veremos en el libro, por ejemplo, a san José, el esposo de María quien se donó totalmente a ella, la amó con una delicadeza exquisita, la respetó, cuidó y la hizo feliz. Todo vivido desde la virginidad, que no es un impedimento para realizarse, sino todo lo contrario, potencia el sentido de la vida, del amor.

¿Por qué es interesante hablar de la virginidad hoy?
—Más que interesante yo diría que es urgente, quizá a muchos les parezca un disparate escuchar que lo que el mundo necesita hoy es redescubrir la virginidad. «La belleza salvará al mundo» dijo Dostoyevski, y no hay mayor belleza que la que irradia la virginidad, el amor entregado sin fisuras, ni divisiones. El cuerpo de una mujer que ha acogido la llamada a la virginidad muestra a este mundo, lleno de angustia, temor y oscuridad que la esperanza existe, porque existe un Dios que tiene rostro materno y nos espera en un cielo que ya se puede empezar a experimentar en esta tierra, desde la propia humanidad y debilidad, en la medida que se descubre la grandeza de lo que somos. Hoy que tantos rechazan su cuerpo, que vivimos en una pugna constante entre hombre y mujer, descubrir la grandeza de la creación del propio cuerpo, como instrumento para manifestar la presencia de Dios, es el camino para encontrarse consigo mismo, que es imprescindible para amar y ser feliz.

¿Qué significó en la vida y el pensamiento de Carmen?
—Como decía hablando del título del libro, Carmen vivió su relación, su entrega a Jesucristo de forma total. Fue viviendo una llamada excepcional de forma natural, desde pequeña mantiene una relación íntima con Jesucristo, para ella era habitual la oración, los sacramentos y ayudar a los demás. ¿Su modelo de entrega? San Francisco Javier, joven, valiente, siguiendo a Jesucristo hasta el lugar más lejano y hasta el extremo, hasta darlo todo. Así quería vivir ella y así la fue llevando el Señor. La virginidad para ella estará unida a la misión, no se ve viviendo de otra manera que no sea amando a Jesucristo con corazón indiviso. Por eso hará lo que El quiera e irá donde Él la mande. Y gozará de una libertad enorme, que le venía del conocimiento de sí misma y de su profunda entrega al Señor.

¿Cómo entendió Carmen el tiempo que le tocó vivir y cuál fue su aportación?
—La vida de Carmen, que nace 1930 y muere en el 2016, se desarrolla dentro de un contexto social político y religioso lleno de conflictos y cambios. Su actitud frente a la historia nunca fue conflictiva, tampoco se alienó, ni escapó, en los momentos duros que le tocó vivir buscó siempre una respuesta desde la fe. Siendo una mujer muy inteligente y preparada en todo sentido, estudió Químicas y Teología, respondió a los problemas sociales haciéndose la última entre los últimos, se irá a vivir y trabajar con los pobres en los suburbios de las barracas de Casa Antúnez en Barcelona, o junto a Kiko Argüello en las barracas de Palomeras Altas en Madrid, tampoco le importará limpiar las casas de los ricos en Israel cuando estaba de peregrina en Tierra Santa, porque, aun pareciendo la última, Dios la hacía sentir como una reina. Esa era su actitud y a través de ella su búsqueda de la voluntad de Dios y de una respuesta al problema de la Iglesia y del mundo, algo que descubrió de forma impresionante en el Concilio Vaticano II. La gracia del Concilio le alcanzará y se entregará a través del Camino Neocatecumenal a este proceso de renovación de la Iglesia y al anuncio del Evangelio como medio para salvar a la humanidad de este siglo. Pues lo que Carmen, con claridad, entendió es que el problema que hace sufrir a todo hombre es la falta de Dios en su vida, por eso lo que verdaderamente necesita esa Jesucristo. Así, su aportación será enorme, tanto a nivel catequético como litúrgico. En una síntesis maravillosa entre teología, catequesis y liturgia, Carmen junto con Kiko, han llevado a tantos en todo el mundo a vivir el misterio de la salvación como algo concreto, hecho carne en la historia de cada uno. La fuerza que tantos hemos recibido de Carmen se pone de manifiesto en los miles y miles de hermanos del Camino o sin pertenecer a él que ahora piden su intercesión y visitan su tumba en señal de agradecimiento o pidiendo su ayuda.

¿Qué ha aportado Carmen a la hora de poner en valor la importancia de la mujer en la creación?
—Para Carmen es tan importante la mujer en la creación que decía que mientras dure la existencia del mundo la mujer será perseguida por el demonio. Persecución que se manifiesta en cada etapa de la historia con una forma concreta de mal. ¿Por qué es así?, ¿qué es lo que da tanto fastidio al demonio?, nos podríamos preguntar, y Carmen respondería porque Dios al crear a la mujer puso dentro de ella la fábrica de la vida, la matriz. Lo más grandioso del poder de Dios es la vida, creando y resucitando. Pues este Dios de la vida crea en el cuerpo de la mujer como una imagen de su grandeza. Por eso la mujer, al tener dentro de sí el útero, está expresando, manifestando, el ser creador de Dios. Para Carmen, Dios ha dado a la mujer como un cuerpo sacramental, es decir, signo de la presencia de Dios, como creador y como Padre virginal, representado en cada mujer virgen que vive su virginidad en una donación total de amor. Por eso, la mujer es perseguida siempre, desde el Génesis al Apocalipsis se habla de esta batalla. Veremos en Corazón Indiviso los tipos de engaños a los que el demonio lleva a la mujer en nuestro tiempo, con feminismos exaltados que destruyen la propia feminidad, el propio ser mujer; o que introducen la muerte, a través del aborto, en la fuente de la vida, por eso hay tantas amarguras en la vida de tantas mujeres. Pero también en el libro descubriremos, a través de Carmen, la vocación maravillosa de la mujer manifestada en las Escrituras. Todo un elenco de mujeres bíblicas que muestran el camino de elección para que la mujer pueda reconocerse a sí misma y descubrir su misión. Estamos en una guerra entre vida y muerte, donde el objetivo fundamental es la destrucción de la mujer porque, como decía Carmen, dentro de ella tiene la vida, y en sus manos al hombre. La mujer tiene la llave de la vida, de ella depende que la nueva generación pueda entrar y vivir.

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