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La campaña de Manos Unidas

En la vida actual constatamos, a veces con sorpresa, la rapidez o la inmediatez de la comunicación de los acontecimientos que afectan al mundo entero. Nos sucede también con los hechos que cada año repetimos porque la finalidad de su motivación permanece. Es el caso de las fiestas patronales o de las romerías. También podríamos referirnos a los conciertos o a los actos deportivos. Ante esa noticia anual nuestro ánimo suele desentenderse de ese asunto o por el contrario, alegrarse mostrando complicidad y afecto. Nos puede resultar atractivo el mensaje que nos quieren comunicar o lo rechazamos por rutinario. Somos capaces de una actitud o la contraria.

Hago esta breve introducción ante la campaña que cada año nos presenta la organización católica MANOS UNIDAS y cuyo planteamiento acostumbra a acertar en el cumplimiento de sus finalidades. Todos conocéis el nacimiento de esta organización: un grupo de mujeres de Acción Católica quiso aportar su trabajo personal para luchar contra el hambre en nuestro mundo y se constituyó como Asociación. Han pasado sesenta y tres años de aquel acontecimiento. Nos recuerdan y nos repiten que la finalidad de su intuición permanece desgraciadamente en la actualidad y que su motivación inicial responde a las exigencias que nacen de las palabras y gestos de Jesús como nos narran los evangelios. Aquellas fundadoras y los actuales grupos de trabajo nos piden a todos lo mismo: que les ayudemos cada año a mitigar esta realidad y que nos comprometamos con nuestra dedicación voluntaria a la organización, abierta a mujeres y hombres, con nuestras oraciones y con la aportación económica que cada uno tenga a bien disponer.

Me parece que esta organización y su campaña anual resultan atractivas para el resto de los mortales y suscitan una enorme empatía en todos los sectores sociales. Su objetivo es conseguir una ayuda cada vez mayor para una gran parte de población mundial que pasa hambre y que no tiene la capacidad suficiente para hacerse oír en los países desarrollados o ricos del planeta. Las gentes que forman esta organización (más del 95% son voluntarios) tienen una marcada impronta eclesial. Es, como dicen sus Estatutos, una Asociación Pública de Fieles de ámbito nacional, erigida como persona jurídica pública, de acuerdo con el Derecho Canónico, por la Conferencia Episcopal Española (noviembre de 1978). Es la Asociación de la Iglesia Católica en España para la ayuda, promoción y desarrollo en los países en vías de desarrollo. Es, además, una Organización No Gubernamental para el Desarrollo (ONGD) y tiene personalidad jurídica propia, tanto canónica como civil. Sorprende muy agradablemente la aceptación y la admiración que reciben sus gentes por parte de todos y, sobre todo, por los grupos que componen ese ámbito socio-caritativo y que reconocen su labor. Acabo citando el artículo 5 de los Estatutos que habla de los fines: “El fin de Manos Unidas es la lucha contra el hambre y las causas que lo provocan, de forma que la persona sea ‘capaz de ser por sí misma agente responsable de su mejora material, de su progreso moral y de su desarrollo espiritual’ (Encíclica del papa san Pablo VI Populorum Progressio, núm. 34”.

Acabo con el lema de la campaña: EL EFECTO SER HUMANO. LA ÚNICA ESPECIE CAPAZ DE CAMBIAR EL PLANETA. En los carteles que veréis por todas partes hay dos colores y dos tipos de letra, una describiendo la realidad y la otra alertando de que nuestra participación individual puede cambiar a mejor el mundo que nos rodea para que todos puedan vivir con la dignidad que el creador del planeta desea. El color marrón de la tierra nos recuerda el espacio que podemos cambiar y el azul de la esperanza en la imagen del cielo que nos espera.

Nuestra inmensa gratitud hacia todos aquellos que expresan con hachos y palabras su amor a todos los seres humanos. Lo hacemos desde la fe en Jesucristo.

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