El X Encuentro de Obispos y Agentes de la Pastoral Migratoria Centroamérica, Norteamérica y el Caribe se celebra en un tramo clave de una de las rutas para migrantes más peligrosas del mundo.
Es imparable, no hay vuelta atrás. La globalización se ha impuesto como tendencia. Pese a sus numerosos e innegables beneficios, uno de sus efectos secundarios, la migración, está dejando un reguero de preocupaciones y malestar. La Iglesia no puede permanecer al margen. Su posición queda perfectamente reflejada en el lema del X Encuentro de Obispos y Agentes de Pastoral Migratoria Centroamérica, Norteamérica y el Caribe en Panamá: «Caminando junto al migrante y refugiado».
La reunión, que arrancó el lunes y concluirá el viernes que viene en la Casa de Retiro Espiritual Monte Alverna, tiene como objetivo el fortalecimiento del marco de trabajo de la Iglesia en la protección y acompañamiento de quienes huyen de la violencia y la pobreza en sus países de origen.
El Cardenal Michael Czerny, Prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral de la Santa Sede, lidera los trabajos, que tienen como criterio de fondo, el balance del seguimiento de las normativas articulados sobre los acuerdos y compromisos asumidos en el encuentro de agosto de 2023 en San Salvador. Como ha recordado el Papa Francisco, los cristianos no pueden defender los muros ante la llegada de migrantes.
Pero los participantes quisieron comenzar su trabajo comprobando de primera mano la situación en uno de sus puntos más calientes. Los obispos y sacerdotes visitaron el Centro de Recepción Migratoria en Lajas Blancas, en la región de Darién, un tramo clave de una de las rutas para migrantes más peligrosas del mundo.
«Cualquiera de nosotros haría lo mismo»
Tras la experiencia, El Cardenal Michael Czerny, hizo un llamado, recogido por Vatican News, a la reflexión sobre las circunstancias que obligan a miles de personas a dejar sus hogares. «Es importante entender que, en situaciones extremas, cualquiera de nosotros haría lo mismo», dijo. También enfatizó que, ante el incremento en los flujos migratorios, no se trata de contar números, sino de brindar respuestas efectivas y humanas a quienes buscan refugio.
Por su parte, el Cardenal Álvaro Leonel Ramazzini Imeri, obispo de Huehuetenango, Guatemala, y presidente de la Red Clamor, confesó que «es estremecedor pensar en los peligros que estas personas, especialmente los más vulnerables, enfrentan diariamente en su búsqueda de una vida mejor».
En la visita a Darién estuvieron presentes destacados líderes de la Iglesia, como el Arzobispo de Panamá, José Domingo Ulloa Mendieta; Monseñor Pedro Joaquín Hernández Cantarero, Obispo del Vicariato Apostólico de Darién; Monseñor Mark Joseph Seitz, Obispo de la Diócesis de El Paso y presidente de la Comisión para Migrantes y Refugiados de la Conferencia Episcopal de EEUU, y Monseñor Carlos Alberto Santos García, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Monterrey-México, entre otros.








