La Archidiócesis de Sevilla ha organizado una mesa redonda para visibilizar la propuesta eclesial de una reforma estructural del sistema financiero internacional
La Fundación Cajasol de Sevilla acogió el miércoles una mesa redonda titulada ‘Justicia y dignidad: Jubileo de la esperanza y financiación para el desarrollo’. Organizada por la Vicaría Episcopal para la Pastoral Social de la Archidiócesis de Sevilla, este encuentro ha congregado a voces relevantes del ámbito eclesial y académico para reflexionar sobre la financiación para el desarrollo a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia. El panel ha contado con la participación de monseñor Ramón Valdivia, obispo auxiliar de Sevilla; Mariano Pérez de Ayala, ex-Cáritas y miembro de la Universidad Loyola Andalucía; las doctoras en Economía María Luz Ortega y Ligia Gómez, esta última nicaragüense exiliada en España. La moderación ha corrido a cargo de Karen Mendoza, de la Delegación Diocesana de Medios de Comunicación.
Este evento se ha celebrado como preámbulo a la IV Conferencia Internacional sobre Financiación para el Desarrollo de Naciones Unidas, que tendrá lugar en Sevilla del 30 de junio al 3 de julio. La finalidad ha sido clara: visibilizar la propuesta de la Iglesia de una reforma estructural del sistema financiero internacional. Las intervenciones han girado en torno al eje condensado por el Papa Pablo VI en Populorum progressio: «Toda la Iglesia, en todo su ser y obrar, cuando anuncia, celebra y actúa en la caridad, tiende a promover el desarrollo integral del hombre».
Monseñor Valdivia ha sido el encargado de las palabras de bienvenida, trazando una evolución histórica de la Doctrina Social de la Iglesia en torno a la Financiación al Desarrollo. Ha destacado que «este cambio de paradigma que se establece en las balanzas comerciales entre el Norte y el Sur no debiera de partir de criterios paternalistas, sino de la necesidad de corregir injusticias estructurales y superar modelos de desarrollo insostenibles». La Iglesia, con su participación en la Conferencia de la ONU, busca «la constitución de una nueva alianza para implementar principios de la Doctrina Social de la Iglesia tales como la promoción, el compartir, el bien común, la responsabilidad que comportan los modelos de vida, la justicia social, la solidaridad, la subsidiariedad, y sobre todo, la equidad intergeneracional y el cuidado de la creación». Además, la Iglesia promueve con la condonación de la deuda financiera el «fortalecer los vínculos de conocimiento y cooperación entre las Iglesias particulares del mundo, promoción de encuentros de grupos, especialmente entre los más jóvenes, para significar puentes entre las comunidades que reflexionen sobre modelos económicos con normas más justas y modelos de desarrollo humano integrales y sostenibles».
María Luz Ortega ha inaugurado el turno de palabra, detallando la inminente Conferencia de Naciones Unidas y los caminos recorridos para llegar a esta convocatoria mundial que reunirá a líderes globales en Sevilla. Ha alertado sobre la necesidad de «corregir las injusticias estructurales ante una deuda económica difícil de cuantificar», lamentando que «la deuda está limitando las perspectivas de desarrollo de muchas economías en desarrollo». Ha puesto como ejemplo que «dos mil millones de mujeres y niñas carecen de protección social» y que el «94 % de las naciones con préstamos del Banco Mundial y el FMI han reducido las inversiones en educación pública, salud y protección social desde 2022».
Mariano Pérez de Ayala ha abordado la reflexión social en los últimos 60 años, desde la encíclica Pacem in Terris del Papa Juan XXIII, que incorporó una «reflexión global y planetaria sobre los problemas sociales de la Humanidad». También ha resaltado Populorum progressio del Papa Pablo VI como un «documento profético en el que se pone de relieve que las desigualdades sociales son un obstáculo para la paz mundial». Ha insistido en que «todas las reflexiones doctrinales no han de quedarse en el papel, deben cobran vida a través del compromiso concreto de los cristianos de hoy». Ha animado a una «conversión personal y comunitaria» que se traduzca en «reflexión profunda, movilización y acción». Ha recordado que «los bienes de la tierra han sido creados para el disfrute de todos los seres humanos» y que «la economía está al servicio de todo ser humano y, el mercado no es el principio orientador de la actividad económica, sino el derecho del ser humano y de los pueblos al acceso y disfrute de los bienes y servicios».
Finalmente, Ligia Gómez ha narrado las «consecuencias negativas de la deficiente arquitectura financiera para las personas y su desarrollo», citando la «marginación, la persecución de los valores democráticos, el exilio y la expatriación de miles de personas que por fidelidad a los principios evangélicos han dejado toda una vida atrás».
El encuentro ha concluido con un Círculo de Silencio en la Plaza Nueva de Sevilla, bajo el lema «Por una economía que ponga la vida en el centro», organizado por la Delegación Diocesana de Migraciones. Su propósito, según Salvador Diánez, vicario episcopal para la Pastoral Social, es «crear conciencia y denunciar las situaciones de injusticia que sufren personas migrantes y refugiadas». Estas iniciativas han sido coordinadas con Cáritas, Confer, Manos Unidas, Justicia y Paz, Enlázate por la Justicia, Redes y el Instituto de Desarrollo de la Universidad Loyola.








