“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor”. (Lc 4,18-19)
- ¿Cómo pueden aplicarse a Jesús estas palabras del libro de Isaías?
- ¿Puede decirse que también la Iglesia ha recibido esa misión que fue confiada a su Maestro?
- ¿Por qué se acusa a la Iglesia de interferir con esta misión en los planes y proyectos de los gobiernos?
- ¿Esa misión de proclamar el año de gracia no tendrá relación con la celebración del año jubilar?
- ¿Tiene algo que ver esa misión de Jesús con las declaraciones de los derechos humanos?
- ¿Por otra parte, la misión confiada a Jesús no debería ayudarnos a pensar en los deberes morales que nos competen a las personas y a las instituciones?
- ¿Y yo soy consciente de que el Espíritu del Señor está también sobre mí para enviarme a dar testimonio de la misericordia de Dios?







