Jornada Mundial del Pobre 2024
El domingo 17 de octubre, la Iglesia celebra la VIII Jornada Mundial del Pobre, bajo el lema” “La oración del pobre sube hasta Dios”, un lema tomado del libro del Eclesiástico, escrito por Ben Sirá, un maestro de Jerusalén. El autor, arraigado en la tradición de Israel, e inspirado por el Espíritu Santo, nos alecciona sobre varios aspectos de la vida humana. En concreto -como dice el Papa Francisco en el Mensaje escrito con este motivo y del que nos hacemos eco- “quiere transmitir a todos el camino a seguir para una vida sabia y digna de ser vivida ante Dios y ante los hermanos”.
Echando mano de su propia experiencia espiritual, el autor aborda uno de sus temas más queridos: la oración. En ella confiesa haber buscado desde su juventud la sabiduría, una sabiduría que le ha desvelado que “los pobres tienen un lugar privilegiado en el corazón de Dios” de modo que, advertido de su sufrimiento, no descansa hasta hacerles justicia. Como Padre, Dios conoce los sufrimientos de sus hijos y cuida de ellos, especialmente de los más necesitados, pero sin olvidar a nadie, puesto que todo ser humano es pobre y necesitado.
Cada uno de estos pobres lleva en sí impreso el rostro del Hijo de Dios, aunque sólo con la sabiduría divina seremos capaces de descubrirlo. Pidamos, pues, al Señor ese don y la generosidad necesaria para hacerles llegar la solidaridad cristiana ya que, cada uno de nosotros y cada una de nuestras comunidades, están llamadas a ser “instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres…” (EG 187).
En este año dedicado a la oración, hemos de hacer nuestra la que sale de los labios y del corazón de los pobres. La inmensa mayoría de ellos tiene una especial apertura a la fe. Les favorece la humildad. Efectivamente, “el humilde no tiene nada de que presumir y nada pretende, sabe que no puede contar consigo mismo, pero cree firmemente que puede apelarse al amor misericordioso de Dios”.
Ahora bien, la oración, si no se traduce en un actuar concreto es vana; como la fe, está muerta. Por otra parte, la caridad sin oración “corre el riesgo de convertirse en filantropía que pronto se agota”. Cuenta el Cardenal Angelo Comastri que, al encontrarse en una ocasión con la Madre Teresa de Calcuta, se llevó una gran sorpresa al ver que, la primera pregunta que le hacía, se refería a su vida de oración. Extrañado, le confesó a la Santa que esperaba que le hubiera preguntado en primer lugar por su compromiso caritativo y social. Ella le aseguró que, sin la oración, no era capaz de hacer nada por los demás.
Esta misma confesión la realizó en su discurso ante la Asamblea General de la ONU, el 26 de octubre de 1985: “Yo sólo soy una pobre monja que reza. Rezando, Jesús pone su amor en mi corazón y yo salgo a entregarlo a todos los pobres que encuentro en mi camino. ¡Recen también ustedes! Recen y se darán cuenta de los pobres que tienen a su lado… Recen, y los ojos se les abrirán, y el corazón se les llenará de amor”.
Sin duda, la Jornada Mundial de los Pobres nos ofrece una oportunidad pastoral importante, puesto que mueve a los creyentes a escuchar la oración de los pobres, a tomar conciencia de su presencia y su necesidad, a emprender iniciativas que les ayuden y, en fin, a reconocer y agradecer a tantos voluntarios que se entregan al servicio de los necesitados, como estamos comprobando últimamente en las zonas levantinas arrasadas por la DANA. Aprovechemos la ocasión.







