“La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo” (Jn 14,27)
- ¿Cómo se manifiesta esa paz del mundo, con la cual no se identifica la paz que Jesús deja a sus discípulos?
- ¿Por qué razones parece tan difícil y tal vez imposible que se extienda por el mundo una paz universal y duradera?
- ¿Cómo se podría identificar y describir hoy el sentido y la vivencia de la paz que Jesús dice habernos dejado como su herencia?
- ¿Se puede decir que los que nos decimos seguidores de Jesús estamos viviendo de verdad esa paz que él nos dejó?
- ¿Cómo podremos los cristianos dar testimonio de la paz evangélica y promoverla en los diversos ambientes de nuestra sociedad?
- ¿Estamos educando a las nuevas generaciones para que acepten, viven y promuevan la paz que el Maestro nos dejó?
- ¿Y yo agradezco al Señor el don de su paz y pido al Espíritu que me ayude a vivir y anunciar el tercero de los frutos que le atribuye san Pablo? (Gál 5,22).







