Testimonios, música y una multitudinaria Eucaristía marcan el encuentro de la delegación española en el corazón del Jubileo Juvenil de Roma
La Plaza de San Pedro ha sido escenario de la fe y esperanza de la juventud española, al acoger el multitudinario encuentro de los jóvenes españoles en el marco del Jubileo de los Jóvenes. El corazón de la cristiandad se ha llenado de camisetas color verde esperanza que han portado miles de jóvenes venidos de todos los rincones de España, dispuestos a vivir una experiencia inolvidable de comunión y testimonio.
El encuentro, cuidadosamente estructurado en tres partes temáticas y culminado con una solemne Eucaristía, buscaba llevar a los jóvenes a reflexionar sobre el don de la vida, la alegría del perdón y la invitación de Cristo a la verdadera felicidad.
El regalo de la vida: una vocación para la esperanza
Con el lema «El regalo de la vida», ha dado comienzo la primera parte del encuentro. La reflexión se ha centrado en el misterio de la existencia como un don divino, recordando que «hemos sido soñados por Dios, llamados por nuestro nombre y enviados a ser generadores de esperanza». Un emotivo vídeo ha destacado cómo la vida, desde el nacimiento y el bautismo, se transforma en vocación, invitando a «afrontar los retos personales, familiares y sociales sabiendo que no caminamos solos». La interpretación de «En mi Getsemaní» de Eduardo Meana, a cargo del coro y la orquesta, y la representación del texto bíblico de 1 Samuel 1,20-2,11 con danza, han envuelto la plaza en una atmósfera de recogimiento.
El primer testimonio, «La vocación de lo cotidiano», ha corrido a cargo de María Tagarro García-Tomassoni, de la diócesis de Astorga. María ha compartido su experiencia de fe en una familia católica y el valor de «poner al Señor en el centro de nuestra vida». Ha relatado cómo la Iglesia se ha convertido en «mi casa, mi refugio donde puedo ser yo misma sin miedo a que me juzguen». Ha recordado una crisis de fe en su juventud, cuando, a punto de confirmarse, dejó de «sentir al Señor». Reconoce que fue un reto constante que la ayudó a «ser testimonio, prepararme mejor y fortalecer mi fe». Ha agradecido las amistades que Dios le ha regalado dentro de la Iglesia, donde comparte su vida «libre y sin miedo a ser juzgada». Y ha concluido con una entrega total: «¡Hágase en mí como tú quieras, Señor! Porque mi vida y vuestra vida joven es ya una vocación». La proclamación conjunta del Magníficat y el canto de «Alma Misionera» han cerrado este bloque.
La alegría del perdón: sanación y nueva oportunidad
En segundo lugar, los jóvenes han reflexionado sobre «La alegría del perdón». Esta sección buscaba mostrar cómo la misericordia de Dios no solo repara, sino que transforma, especialmente «en un tiempo marcado por la dureza, la cancelación y las heridas no resueltas». El vídeo introductorio ha enfatizado que «ser perdonado es sentirse mirado con amor, recuperar la dignidad, saberse restaurado en lo más íntimo», y que «si Dios no se cansa de nosotros, honrar nuestra misión es no cansarnos de perdonar, de amar, de volver a empezar… y cambiar el mundo». La música de Hakuna con «Huracán» y la lectura de 1 Corintios 13,8-13, acompañada de una innovadora representación donde los jóvenes han recibido un mensaje de WhatsApp con palabras de esperanza, han conectado la Palabra de Dios con la realidad actual.
José Tomás Cebrián Ruiz, conocido como Pepetto, de la diócesis de Cuenca, ha compartido su testimonio «Del alejamiento al reencuentro con la fe». Ha confesado que, si bien siempre creyó en Dios por educación, su fe no siempre tuvo la misma intensidad. Ha relatado cómo el ambiente universitario y un periodo de Erasmus le llevaron a «desconectar por completo de Dios». Tras una ruptura sentimental, encontró consuelo y dirección al volver al grupo de jóvenes de su parroquia: «Qué paz. Qué sensación tan real de volver a casa. Pero no a tu casa física, sino a SU casa. A la casa de Dios». La participación en un retiro de Effetá fue crucial: «¿Y qué encontré en ese retiro? Perdón. Un corazón roto que Dios quiso sanar solo con pedírselo». Ha concluido: «cuando conoces de verdad a Dios, simplemente, ya no quieres otra cosa en la vida». Un salmo 50 adaptado y la canción «Como el Padre me amó» de Kairoi/José Miguel Cubeles han acompañado este momento de reconciliación
La puerta abierta a la felicidad: Cristo nos llama a la misión
La tercera parte, «Yo soy la puerta que os abro a la felicidad», ha invitado a los jóvenes a cruzar el umbral simbólico del Jubileo, subrayando que «Cristo es la puerta abierta hacia la verdadera felicidad» y que la Iglesia está llamada a ser «puerta abierta de entrada» y «puerta abierta de salida» para la misión. Como dice el vídeo que se ha emitido, «en ella, todos tenemos un lugar, todos somos bienvenidos». El canto de «El Señor es mi pastor» de Nico Montero y la proclamación del Evangelio de Juan (Jn 10,7-11), con Jesús y los jóvenes luciendo la misma camiseta oficial del encuentro, generaron un momento de identificación colectiva y el grito unánime de «¡Confío!».
El testimonio de Quique Mira y Mery Lorenzo Warleta, un matrimonio que ha fundado AUTE -puedes leer una entrevista con Quique en ECCLESIA-, ha culminado el encuentro. Mery ha contado cómo los dos han experimentado «el vacío del hombre cuando le falta Dios». Antes de encontrarse, «tuvimos que encontrarnos primero con el Buen Pastor, que nos abre las puertas y que nos está llamando». María ha explicado cómo cuando descubrió que el Señor la ama, descubrió que «soy amada y que mi vida está hecha para algo mucho más grande, una vida que lejos de ser algo impuesto por la Iglesia es un encuentro de amor con el Señor que te hace vivir en plenitud». En cuanto a su relación, Quique ha reconocido que «yo no puedo amar a Mery como Dios la ama ni ella a mí», pero que «Cristo es nuestro horizonte, hacia él caminamos». También han hablado de la misión, «Cristo nos llama según nuestros dones a responderle libremente, cada uno tiene una misión de Dios y lo más importante es preguntarle sin miedo, Señor qué quieres para mí». Para ese camino han recomendado tres claves: vida de oración, acompañamiento y frecuentar los sacramentos. La oración conjunta del Padrenuestro y el canto «Enciéndeme» de Hakuna han cerrado esta última intervención.








