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La primera entrevista de León XIV, su 70 cumpleaños y el recuerdo de los mártires del siglo XXI

Durante el fin de semana, León XIV ha recibido también a los participantes en un simposio organizado por la Pontificia Academia de Teología, a los que ha pedido una teología fundada en el encuentro con Cristo y encarnada en la humanidad

Si Perú y Estados Unidos jugasen en el Mundial, León XIV apoyaría a Perú, por los lazos afectivos. Aunque dice también que se siente profundamente estadounidense, pues es lo que es. Lo cierto es que tiene ambas nacionalidades, una por su nacimiento; la otra porque, como él mismo reconoce, ha pasado la mitad de su vida ministerial en Perú. También le gusta Italia, pero como Papa, añade, «soy aficionado de todos los equipos».

Esta es una de las confesiones, quizás la más anecdótica, que hace el papa León XIV en la primera entrevista que ha concedido. Su interlocutora, Elise Ann Allen, vaticanista, que ha conversado con el Pontífice durante horas para la publicación de su biografía, que se publica en Perú el 18 de septiembre con el título León XIV. Ciudadano del mundo, misionero del siglo XXI. Se ha publicado un avance en Crux y en El Comercio.

La conversación entre el Papa y la periodista ha sido una de las noticias del fin de semana del Papa (13 y 14 de septiembre de 2025), también marcado por la celebración de su 70 cumpleaños, por la conmemoración de los mártires del siglo XXI o encuentros con los participantes en un simposio promovido por la Pontificia Academia de Teología y con una delegación de Vietnam. Aunque no ha participado el Santo Padre, la plaza de San Pedro ha acogido un espectáculo de música y luces por la fraternidad humana en el que han participado artistas como Andrea Bocelli o Karol G.

La entrevista: un líder mundial

Además de sus preferencias deportivas, el papa León XIV confiesa a Elise Ann Allen destaca que uno de los aspectos más novedosos de su ministerio es el ser elevado «al nivel de líder mundial». «Es algún muy público. La gente conoce las conversaciones telefónicas o las reuniones que has mantenido con jefes de Estado. Estoy aprendiendo mucho sobre el rol que la Santa Sede ha tenido en el mundo diplomático. […] Me siento interpelado, pero no abrumado. Me he tenido que lanzar a la parte más profunda de la piscina muy rápido», asegura.

De todas formas, subraya que su misión principal es la de confirmar a los demás en la fe, «algo que solo puede ocurrir por la gracia de Dios». «El Espíritu Santo es la única manera de explicar cómo fui elegido para este ministerio», añade.

También aborda sus continuas llamadas a la paz y una hipotética mediación del Vaticano en Ucrania: «Distinguiría entre la voz de la Santa Sede al abogar por la paz y su papel como mediador, que creo que es muy diferente y no tan realista como lo primero. La inútil masacre de personas debe hacer que la gente despierte y diga que hay otra manera de hacer las cosas. […] Creo que varios actores diferentes deben presionar lo suficiente para que los contendientes digan basta ya y busquen otra forma de resolver sus diferencias».

El Pontífice lamenta, asimismo, que Naciones Unidas haya perdido su capacidad para aunar voluntades en asuntos multilaterales y recuerda el potencial de la humanidad «para uperar la violencia y el odio que dividen».

En este sentido, plantea una reflexión sobre la polarización: «Quizá la pérdida de un sentido más elevado de lo que es la vida tenga algo que ver con ello, lo que ha afectado a las personas a distintos niveles: el valor de la vida, de la familia y de la sociedad». Así, pone el ejemplo entre la brecha salarial entre los directivos y los trabajadores. Antes, los primeros ganaban de cuatro a 60 veces más, hoy la cifra llega a 600 veces más.

El último asunto sobre el que responde en este primer avance de la entrevista es la sinodalidad. Reconoce que hay personas que se han podido sentir amenazadas en su autoridad, al entender esta última de forma errónea. «La sinodalidad es una forma de describir cómo podemos unirnos y ser una comunidad y buscar la comunión como Iglesia. Cada persona con la vocación específica que le ha sido dada, tiene un papel que desempeñar y algo que aportar», concluye.

Mártires y testigos de la fe del siglo XXI

Otro de los momentos importantes de León XIV durante el fin de semana ha sido la conmemoración de los mártires y testigos de la fe del siglo XXI en San Pablo Extramuros, una celebración ecuménica que ha recordado a los más de 1.600 personas que «pagaron con la vida la fidelidad al Evangelio, el compromiso con la justicia, la lucha por la libertad religiosa allí donde todavía es transgredida, la solidaridad con los más pobres».

Su martirio, ha ahondado el Papa en la homilía, es una esperanza en un mundo marcado por el odio, la violencia y la guerra: «Suya es una esperanza desarmada. Han testimoniado la fe sin usar jamás las armas de la fuerza ni de la violencia, sino abrazando la débil y mansa fuerza del Evangelio».

Son personas con rostro, nombre y apellidos. Como Dorothy Stang, «comprometida con los sin tierra en la Amazonía; el padre Ragheed Ganni, sacerdote caldeo de Mosul, en Irak, «que renunció a combatir para testimoniar cómo se comporta un verdadero cristiano»; o el anglicano Francis Tofi, que dio la vida por la paz en Islas Salomón.

«No podemos, no queremos olvidar. Queremos recordar. La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos. Deseo reafirmar el compromiso de la Iglesia católica de custodiar la memoria de los testigos de la fe de todas las tradiciones cristianas», ha concluido.

CNS. Lola Gómez

La exaltación de la cruz

Horas antes, en el ángelus, en la fiesta de la Exaltación de la Cruz, León XI ha puesto de manifiesto que Dios nos salvó «mostrándose, ofreciéndose como nuestro compañero, maestro, médico, amigo, hasta hacerse por nosotros pan partido en la Eucaristía». «Y para cumplir esta obra se sirvió de uno de los instrumentos de muerte más cruel que el hombre haya jamás inventado: la cruz».

Tras el rezo mariano, el Pontífice ha recordado que este lunes 15 de septiembre se celebra el 60.º aniversario de la instauración del Sínodo de los Obispos, «una institución profética de san Pablo VI, para que obispos pudiesen ejercitar más y mejor la comunión con el sucesor de Pedro». «Deseo que esta celebración renueve el compromiso por la unidad, por la sinodalidad y la misión de la Iglesia».

Teología y misión

Durante el fin de semana, concretamente el sábado, León XIV ha recibido a los participantes en el simposio promovido por la Pontificia Academia de Teología. En ese contexto, el Pontífice ha recordado que la teología es una dimensión constitutiva de la acción misionera y evangelizadora de la Iglesia, que tiene su raíz en el Evangelio y su fin último en la comunión con Dios, «que es el propósito del anuncio cristiano».

Citando a san Agustín, ha recordado que la teología no es una investigación abstracta, sino fruto de la experiencia de Dios y de la relación con él. También ha defendido que es una sabiduría que abre a horizontes existenciales más amplios, en diálogo con la ciencia, la filosofía, el arte y toda experiencia humana.

Ha destacado, en concreto, la Doctrina Social de la Iglesia como «testimonio del saber de la fe al servicio del hombre», llamada a dar respuesta también a los desafíos digitales. «La teología se ve directamente interpelada, porque no basta con un enfoque exclusivamente ético del complejo mundo de la inteligencia artificial; es necesario, en cambio, referirse a una visión antropológica que fundamente la acción ética y, por lo tanto, volver a la pregunta de siempre: ¿quién es el hombre, cuál es su dignidad infinita, irreducible a cualquier androide digital?», ha abundado.

Su intervención ha concluido con una llamada a cultivar una teología fundada en el encuentro personal y transformador con Cristo y a encarnarse en aquello que la sucede a la humanidad hoy.

CNS. Vatican Media
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