Una Navidad entre luces y sombras
No son tiempos para el optimismo ni para la alegría “barata” porque no son tiempos de paz ni la prosperidad alcanza a todos. Pero en medio de esta “niebla” que invade nuestro mundo, una luz se va abriendo camino y una esperanza es cierta: Dios vuelve a nacer para salir a nuestro encuentro y abrazar nuestra humanidad herida.
Desde Cáritas estamos convencidos que esta Navidad es una buena oportunidad para tratar de ser lo que estamos llamados a ser, personas que, a pesar de nuestra fragilidad, podemos hacer cosas grandes y hermosas para mejorar la vida de los que están a nuestro alrededor, especialmente de los que más sufren.
Sabemos que en estos días navideños conviven las luces de la fiesta y la alegría, expresión de nuestras ganas de vivir, con las sombras de las ausencias de quienes ya no se sentarán a nuestra mesa, los desencuentros con los familiares y amigos y nuestras propias cargas personales que oscurecen el corazón.
Y junto a todo ello también estará presente esa otra “Navidad” que sentimos más lejana y nos cuesta ver, aquella que permanece oculta tras las luces de neón y nos impiden ver la pobreza y soledad de muchos hogares, la de aquello que buscan un lugar, una tierra, una casa para vivir y realizarse. Hace unos días me hablaban del dolor de un padre cuando su hijo pequeño le preguntaba «¿papá por qué este año no encendemos las luces del árbol de Navidad?» Y a él se le caían las lágrimas mientras sostenía en sus manos la carta de aviso para el corte de luz.
Una Navidad diferente.
Esta Navidad tenemos una nueva oportunidad para no dejarnos cegar por las luces de la apariencia y la superficialidad, de la alegría fácil que no ve más allá del propio capricho o necesidad. Tenemos la oportunidad de ver con más profundidad la realidad y de enfocar la mirada para no dejar pasar de largo los signos de vida nueva que nos hablan de la esperanza que nos trae el Niño Dios.
Vivamos esta Navidad de otra manera, más desde la fe, dejándonos asombrar por la grandeza de la pequeñez que nos invita a revisar nuestra actitud ante la vida, nuestra forma de pensar y reaccionar y demos paso a nacer de nuevo con Jesús. Llega el tiempo de Dios en el que busca hacerse de nuevo presente para sorprendernos y descolocarnos, para llamar a nuestra puerta y entrar en nuestra casa.
Ser oportunidad y esperanza.
Desde Cáritas os proponemos vivir la Navidad desde tres claves: mirar con profundidad, abrir el corazón y compartir la vida.
a) En primer lugar, enfocar bien la mirada para que no se nos nuble con el miedo y la pereza o la indiferencia y la resignación por las cosas que ocurren en nuestro mundo y en nuestro ámbito más cercano. Contemplar el mundo con la mirada amorosa de Dios que sabe ver nuestra frágil humanidad, necesitada de ser sostenida y sale a su encuentro.
b) Abrir el corazón, dejarse afectar por la realidad del otro, dispuestos, también a compartir sus anhelos y esperanzas para relacionarnos desde el amor que lo da todo y transforma la vida en servicio y esperanza.
c) Compartir la vida y los dones. Todas las personas tenemos mucho que ver en las oportunidades que otras pueden tener. Lo que cada uno de nosotros hagamos o dejemos de hacer, lo que podamos aportar puede dar vida, aliviar soledades y sanar corazones.
En definitiva, desde Cáritas invitamos a vivir esta Navidad con mirada tierna y compasiva, buscando espacios de encuentro y de compartir, con gestos sencillos que aporten alegría, descanso y esperanza.







