“Aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío” (Lc 14,33)
- ¿A qué resultados suele conducir un ansia desmesurada de conseguir y mantener la mayor cantidad de bienes?
- ¿Puede una persona renunciar a todos los bienes de este mundo y lograr vivir con dignidad? ¿Será creíble hoy esa decisión?
- ¿A qué bienes nos resulta más fácil renunciar y por qué motivos se puede llegar a prescindir de ellos?
- ¿De verdad puede Jesús pedir a sus discípulos que renuncien a todos sus bienes o será una frase retórica?
- ¿Es el discipulado de Jesús un valor tan importante que puede justificar el abandono de los bienes de esta tierra?
- ¿Creemos que merece la pena renunciar a todos los bienes a los que hemos aspirado para ser discípulos de un crucificado?
- Yo he decidido seguir a Jesucristo como mi maestro y mi Señor. ¿A qué bienes tengo todavía que renunciar?







