Queridos hermanos:
Este domingo 31 de mayo, la Iglesia celebra la Solemnidad de la Santísima Trinidad, el misterio de amor, comunión y entrega que define a Dios. Y hoy también, bajo la luz de la Trinidad, celebramos la Jornada Pro orantibus. Este año, la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada ha elegido un lema un tanto provocativo y sugerente: «Vida contemplativa: ¿por quién eres?».
Vivimos en un contexto cultural marcado por las prisas y la constante tentación de valorar a las personas o a las instituciones principalmente por su eficacia inmediata o por su capacidad de producir materialmente. Frente a esta dimensión que deshumaniza y desgasta, la vida contemplativa emerge en la Iglesia como un faro de fe y de vida evangélica. Nuestros. hermanos y hermanas de «clausura» nos recuerdan, con el testimonio silencioso de su entrega cotidiana, que la pregunta verdaderamente decisiva para el ser humano no radica en el qué hacemos o qué producimos, sino en por quién lo hacemos, por quién vivimos y por quién nos levantamos cada mañana.
El lema de esta jornada nos cuestiona a todos. Nos hace pasar del utilitarismo superficial del «¿para qué sirves?» a la profundidad del «¿por quién eres?». No mide a los consagrados por su utilidad social, por su productividad laboral, sino por el fundamento, por el cimiento de su vida y que es la razón de su vocación y de su especial consagración: el Dios que es amor. La vida contemplativa es la respuesta de quien ha descubierto que por Dios vale la pena dejar todo para buscarlo, adorarlo y amarlo. Vivir en el interior del claustro no es un encierro egoísta ni un aislamiento de la situación del mundo o de la Iglesia. En su vida de oración, las monjas y monjes, realizan un servicio profundo, constante y silencioso a toda la Iglesia siendo el alma del mundo y pidiendo a Dios por sus necesidades y problemas. En sus celdas y coros, en el obrador y en el torno, los religiosos contemplativos ensanchan el corazón para acoger las intenciones, los sufrimientos y las esperanzas de los que vivimos en la calle, actuando como centinelas de la fe y pararrayos espirituales de nuestras debilidades.
Del mismo modo que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo viven en una comunión perfecta de amor que se desborda hacia la creación, la fraternidad de los conventos, con su dimensión de cruz santificadora, se convierte en un signo profético para nuestra sociedad herida por la división y el egoísmo.
Celebrar la Jornada Pro orantibus es un acto sencillo de reconocimiento y de gratitud. ¡Gracias por vuestra vida de oración! La vocación contemplativa es un pulmón espiritual esencial para la Iglesia; sin su intercesión constante, nuestra acción pastoral y evangelizadora perdería su savia y su fuerza. ¡Gracias por ser custodios del amor de Dios en medio de nuestra ajetreada vida!
Como expresión de gratitud de todos, os propongo algunos gestos para con los conventos de clausura de nuestra Diócesis. En primer lugar, rezar fervientemente por las vocaciones a la vida contemplativa, para que el Señor siga llamando a jóvenes valientes dispuestas a entregarlo todo por amor. En segundo lugar, mostrando nuestro afecto y aprecio, visitando alguno de los distintos conventos que tenemos repartidos por nuestra geografía: las clarisas de San Pablo y Santa Clara, las Jerónimas y Obra de Amor en Cáceres; las franciscanas de la TOR en Coria y las Jerónimas de Garrovillas, interesándonos por las comunidades y por las monjas que allí viven. Y, finalmente, participando en algunas de las celebraciones de la eucaristía que se celebran diariamente en sus capillas para compartir con ellas la fe y enriquecer nuestra propia vocación.
Con mi bendición.







