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Las Comisiones Episcopales para las Comunicaciones Sociales de Portugal y España concluyen que «comunicar es parte de la misión; no podemos descartar ningún medio»

La Iglesia llama a utilizar un «lenguaje claro y cercano» en el Encuentro Ibérico anual, que acaba de finalizar en Funchal (Madeira)

Las Comisiones Episcopales para las Comunicaciones Sociales de Portugal y España han puesto punto final a su Encuentro Ibérico anual, que en el presente 2025 ha tenido lugar en Funchal (Madeira), desde el pasado lunes hasta el día de hoy, 5 de noviembre. El centro y objetivo de estas reuniones ha sido analizar de manera exhaustiva el lenguaje en la comunicación eclesial.

Así las cosas, el documento final del encuentro, que ha sido publicado este miércoles por la Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales de la Conferencia Episcopal Española (CEE) y la Comisión Episcopal de Cultura, Bienes Culturales y Comunicaciones Sociales de la Conferencia Episcopal Portuguesa (CEP), subraya que la comunicación de la Iglesia ni es ni puede ser una mera estrategia, sino «una forma de presencia».

Tras días de trabajo y diálogo que han contado con la experiencia y el aval profesional de Gil Rosa, subdirector de Radio Televisión de Portugal en Madeira, y de Cristina Sánchez Aguilar, directora del semanario español Alfa y Omega, los obispos de ambas comisiones han ofrecido sus reflexiones clave sobre el futuro del mensaje eclesial.

La principal conclusión, de este modo, se centra en que el lenguaje de la Iglesia debe ser comprensible y relevante para el público moderno. El documento señala a este respecto que la comunicación «debe ser clara para la opinión pública, cercana a la vida cotidiana de las personas y ofrecer respuestas a las preguntas de la gente de hoy».

Partiendo del rigor y la verdad, en ciertas contextos, se hace necesario «modular la precisión en favor de la difusión del mensaje eclesial». Los prelados destacan asimismo que informar es la única vía para combatir la desinformación, máxime desde la institución. Y, en este sentido, se define la comunicación como acción esencial de la fe: «No es un adorno: es parte esencial de la misión. Comunicar es hacer visible el amor de Dios en el mundo, es utilizar la palabra para dar a conocer la Palabra».

 
 
 
 
 
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El encuentro de Madeira ha abordado la necesidad imperante de que la Iglesia se adapte al cambio constante de los nuevos lenguajes, donde «las palabras se transforman, los códigos se renuevan, los formatos se multiplican». La institución debe utilizar «todos los medios de comunicación disponibles, los más conocidos y aquellos que se han incorporado en los últimos años a la actividad comunicativa». Y concluye de manera tajante: «Ningún medio debe ser descartado por la Iglesia».

Además, la comunicación debe ir más allá de lo institucional para ser relacional, para lo cual se requiere «encarnar el mensaje en la propia vida», estableciendo relaciones de servicio y colaboración con todos aquellos interesados en «construir el bien común». Esta visión relacional es consistente con lo que el papa León XIV nos pide, al proponer la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales con el lema de «Preservar las voces y rostros humanos».

Los obispos también han señalado que la comunicación moderna exige profesionalidad, incluyendo «formación, estrategia, sensibilidad periodística y conocimiento del entorno digital», sin dejar de lado el desafío que representa la inteligencia artificial. Porque comunicar implica, necesariamente, «escuchar, acompañar y compartir la vida». El texto describe a los comunicadores de la Iglesia como «sabios lectores de la realidad», citando al Papa.

Respecto a la relación con los medios, la Iglesia reconoce el papel de escrutinio que ejercen estos, el cual «se lleva a cabo mediante la información sobre la verdad y el contraste con sus protagonistas». Buscar el encuentro con los medios es considerado por las distintas realidades eclesiales como «un servicio a la verdad».

Este encuentro, por último, reconoce y destaca que hoy existe «más presencia de la Iglesia en los medios generalistas, más esfuerzo en la formación para la comunicación, más voces femeninas, más laicos comprometidos en esta misión». Si bien «no se ha terminado el camino», el documento concluye que los pasos dados son «esperanzadores».

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