«Exhortación Apostólica Laudate Deum, a todas las personas de buena voluntad sobre la crisis climática». Con estas palabras comienza el documento del papa Francisco llamado todavía más, y de manera más incisiva, a agitar las conciencias, no solo de los católicos, en lo referente a la preservación del medio ambiente. El Pontífice, que la anunció por sorpresa durante la audiencia general del 30 de agosto, articula el texto en 73 puntos divididos en seis capítulos, además de una introducción.
1. Punto de no retorno climático
Ocho años después de la publicación de Laudato si’, advierte de «que no tenemos reacciones suficientes mientras el mundo que nos acoge se va desmoronando y quizás acercándose a un punto de quiebre». «Por esta razón, y porque la situación se vuelve más imperiosa todavía, he querido compartir con ustedes estas páginas», escribe.
2. Ridiculizar a quienes advierten
El primer capítulo se titula La crisis climática global. Es contundente al afirmar que el cambio climático existe, por más que sus signos «se pretendan negar, esconder, disimular o relativizar». Por ejemplo, lamenta que haya quienes se «burlen» de su existencia. Explica que, si bien es cierto que siempre hubo en el planeta periodos de enfriamiento y calentamiento, no es menos cierto que nunca se habían producido de manera que una sola generación pueda ser testigo de lo que antes ocurría en centenares de años. Rechaza que se culpe a los pobres del problema cuando, en realidad, un pequeño porcentaje rico es el que más contamina: «Con la pretensión de simplificar la realidad, no faltan quienes responsabilizan a los pobres porque tienen muchos hijos y hasta pretenden resolverlo mutilando a las mujeres de países menos desarrollados».
3. La transición ecológica no generará desempleo
Y quiere desmontar otro mantra que es que la transición ecológica generará desempleo. Dice el Papa que sencillamente requiere de una buena gestión de parte de políticos y empresarios, puesto que «todos los esfuerzos de adaptación a los daños del cambio climático son capaces de generar innumerables puestos de trabajo en diferentes sectores».
4. Desbocada intervención humana
Francisco es rotundo: «Ya no se puede dudar del origen humano —antrópico— del cambio climático». Y para asegurar esto da razones apoyadas en estudios científicos. Así señala que la rapidez de este proceso tiene que ver «con la desbocada intervención humana sobre la naturaleza en los dos últimos siglos».
5. Opiniones poco racionales, incluso dentro de la Iglesia
Después de aportar razones científicas, indica que «solo un ínfimo porcentaje» de los científicos especializados niega la evidencia. El Pontífice revela que se ve «obligado a hacer estas precisiones, que pueden parecer obvias, debido a ciertas opiniones despectivas y poco racionales que encuentro incluso dentro de la Iglesia católica».
6. Paradigma que se alimenta monstruosamente
El segundo capítulo se titula Más paradigma tecnocrático, un modo de entender la vida que «consiste en pensar como si la realidad, el bien y la verdad brotarán espontáneamente del mismo poder tecnológico y económico». Destaca que esta visión ha aumentado con el uso de la inteligencia artificial y, como consecuencia, «se retroalimenta monstruosamente» a partir de «la idea de un ser humano sin límite alguno». Esta idea requiere de recursos naturales, como el litio o el silicio, que el planeta no puede proveer para siempre. «En contra de este paradigma tecnocrático decimos que el mundo que nos rodea no es un objeto de aprovechamiento, de uso desenfrenado, de ambición ilimitada», afirma. «Nunca la humanidad tuvo tanto poder sobre sí misma y nada garantiza que vaya a utilizarlo bien, sobre todo, si se considera el modo como lo está haciendo», advierte el Pontífice.
7. Reconfigurar el multilateralismo
Francisco critica «la debilidad de la política internacional» en el tercer capítulo en el que hace una encendida defensa de un justo multilateralismo. Invita a una «mayor democratización en el ámbito global para que se expresen e incorporen las variadas situaciones», porque ya no es posible «sostener instituciones para preservar los derechos de los más fuertes sin cuidar los de todos».
8. Falta de conciencia y responsabilidad
Repasa la historia de las cumbres del clima COP y es bastante crítico con el escaso cumplimiento de las resoluciones adoptadas en cada una de estas citas. Sobre todo, lamenta que «para las obligaciones incumplidas no se prevén estrictamente sanciones ni hay instrumentos eficaces para garantizar su cumplimiento». Y reprocha a las naciones que privilegien sus intereses sobre el bien común: «Quienes sufrirán las consecuencias que intentamos disimular recordarán esta falta de conciencia y de responsabilidad».En el cuarto capítulo, el Papa expresa sus esperanzas sobre la próxima COP28 de Dubai, cita para la que desea que se supere «la lógica de aparecer como seres sensibles y, al mismo tiempo, no tener la valentía de producir cambios sustanciales». Solicita que la cumbre dé lugar a un proceso de transición energética que «sea drástico, intenso y que cuente con el compromiso de todos».
En términos económicos, advierte de que no tomar ahora medidas costará mucho más en el futuro e invita a no poner parches a los problemas climáticos «mientras por lo bajo avanza un proceso de deterioro que continuamos alimentando». «Suponer que cualquier problema futuro podrá ser resuelto con nuevas intervenciones técnicas es un pragmatismo homicida», indica.
9. La nobleza de la política y no su vergüenza
El Pontífice también hace una consideración respecto a los manifestantes climáticos. Dice que se les llama «radicalizados», pero que, en realidad, «cubren un vacío de la sociedad que debería ejercer una sana presión, porque a cada familia le corresponde pensar que está en juego el futuro de sus hijos». Y es duro con los gobernantes, a los que insta a mostrar «la nobleza de la política y no su vergüenza». «A los poderosos me atrevo a repetirles esta pregunta: ¿Para qué se quiere preservar hoy un poder que será recordado por su incapacidad de intervenir cuando era urgente y necesario hacerlo?», sentencia.
10. El hombre en el puesto de Dios
En el último capítulo de la exhortación, el Papa explica «las motivaciones espirituales» para embarcarse en este compromiso. «Esta responsabilidad ante una tierra que es de Dios implica que el ser humano, dotado de inteligencia, respete las leyes de la naturaleza y los delicados equilibrios entre los seres de este mundo», insta Francisco, que aboga por un «antropocentrismo situado». «Es decir, reconocer que la vida humana es incomprensible e insostenible sin las demás criaturas». Francisco llama a la responsabilidad personal en este camino, aunque subraya que «las soluciones más efectivas no vendrán solo de esfuerzos individuales sino ante todo de las grandes decisiones en la política nacional e internacional»
Y cierra el documento con esta frase a modo de recordatorio: «Alaben a Dios es el nombre de esta carta. Porque un ser humano que pretende ocupar el lugar de Dios se convierte en el peor peligro para sí mismo».







