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Las tentaciones del hombre

Hoy, Jesús, te veo en pleno desierto. Y te veo ahí para aprender a vencer todo el mal, las tentaciones que pueden dominar al hombre y que me pueden dominar en cualquier momento. Y veo cómo eres tentado y veo cómo el diablo se mete en tu desierto, en tu oración, en tu camino, y te tienta en lo que más necesitas: en el hambre. Tienes hambre… Te dice que hagas el milagro de convertir las piedras del desierto en pan. Aprendo de tu gran respuesta: “No sólo de pan vive el hombre”. Cuántas veces, Jesús, también me gusta a mí lo extraordinario, el milagro, que se me concedan tantas cosas… Esa ambición, esa tentación de querer todo como yo pienso, como yo quiero. Y Tú que dices: “No sólo de pan vive el hombre”. Con eso no voy a poder ir hacia ti, con eso no voy a ser feliz. Jesús, dices que no es lo humano, que es otro tipo de alimento el que tengo que tener. Ese no.

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