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León XIV, al cuerpo diplomático: «Un mundo pacífico se construye a partir de corazones humildes volcados hacia la ciudad celestial»

El papa ha mantenido su tradicional encuentro de inicio de año con el personal acreditado ante la Santa Sede, durante el que ha reflexionado sobre los retos de un mundo en «cambio de época» y compartido su visión de las crisis que asolan a la familia humana

En la mañana de hoy, el papa León XIV ha mantenido su tradicional encuentro de inicio de año con el cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede. Este evento, que representa un pilar importante en la actividad internacional del Vaticano, ha servido para que el Pontífice reflexione sobre los retos de un mundo en «cambio de época» y comparta su visión sobre las crisis que asolan a la familia humana.

La jornada ha comenzado con un emotivo recuerdo al fallecido papa Francisco y al recientemente terminado Jubileo de la Esperanza, que atrajo en 2025 a millones de peregrinos a Roma. En él, el Santo Padre ha destacado la importancia de este tiempo de gracia y se ha mostrado «seguro de que, a través de estas experiencias, muchas personas han podido profundizar o redescubrir su relación con el Señor Jesús, encontrando consuelo y una esperanza renovada». Asimismo, ha agradecido la hospitalidad del pueblo romano y la colaboración del Gobierno italiano en la organización de estos eventos multitudinarios.

El núcleo teológico de su discurso, así las cosas, se ha centrado en la obra de san Agustín La Ciudad de Dios, que ha utilizado como un prisma para analizar la realidad geopolítica actual. El Pontífice ha observado que, al igual que en el siglo V, vivimos tiempos de grandes movimientos migratorios y reajustes de equilibrio, por lo que su vigencia está fuera de toda duda, afirmando que «La Ciudad de Dios no propone un programa político; en cambio, ofrece valiosas reflexiones sobre cuestiones fundamentales relacionadas con la vida social y política».

La defensa de la vida y la familia ha ocupado también un lugar preeminente en sus palabras ante los embajadores. León XIV ha sido tajante al denunciar lo que considera un «cortocircuito» de los derechos humanos, donde las libertades fundamentales se ven restringidas en nombre de nuevos derechos autorreferenciales. En este sentido, el Santo Padre ha señalado que «rechazamos categóricamente cualquier práctica que niegue o explote el origen de la vida y su desarrollo», mencionando explícitamente el aborto, la maternidad subrogada y la eutanasia. Además, ha mostrado su preocupación por la marginación institucional de la familia y el descenso de la natalidad.

En el ámbito internacional, el Papa ha lamentado el debilitamiento del multilateralismo y el retorno de la «diplomacia basada en la fuerza». Ha hecho un llamamiento urgente a la paz en Ucrania, en Tierra Santa —donde ha reiterado el apoyo a la solución de dos Estados— y Venezuela. Sobre este último caso, ha reclamado que «se respete la voluntad del pueblo venezolano y se trabaje por la protección de los derechos humanos y civiles de todos». También ha advertido sobre el peligro de la carrera armamentista, el uso ético de la inteligencia artificial y la necesidad de renovar tratados como el START (Tratado de Reducción de Armas Estratégicas).

Ampliando su mirada sobre la situación internacional, el Pontífice ha dedicado palabras desgarradoras a la crisis en Haití, país sumido en el exilio forzoso y el secuestro de sus ciudadanos. Ante el cuerpo diplomático, ha afirmado que «espero que, con el apoyo necesario y concreto de la comunidad internacional, el país pueda adoptar lo antes posible las medidas necesarias para restablecer el orden democrático». Esta preocupación por las Américas se ha extendido también a las tensiones en el mar Caribe y la costa pacífica, donde ha pedido buscar soluciones por el bien común y no por intereses partidistas.

Respecto al continente africano, el Santo Padre ha puesto el foco en la región de los Grandes Lagos y la inestabilidad en Sudán y Sudán del Sur. Sobre esta tragedia, ha lamentado que el país se haya convertido en un «vasto campo de batalla», mientras que para el resto de la región ha alentado a las partes a buscar una solución definitiva. El Papa ha recordado que el hambre de paz en África no puede ser ignorada por la familia de naciones, especialmente en países jóvenes que aún luchan por su cohesión social tras años de conflictos internos.

En cuanto al panorama en Asia, León XIV ha mostrado su inquietud por las tensiones en el este del continente y la situación de Myanmar, agravada por un devastador terremoto. El Pontífice ha subrayado que los procesos democráticos deben ser auténticos y ha indicado que «hago un llamamiento para que se elijan con valentía los caminos de la paz y del diálogo inclusivo». Su mensaje ha sido claro: solo mediante la voluntad política de perseguir el bien común se podrá garantizar el acceso a la ayuda humanitaria y el desarrollo integral de la persona en la región.

La seguridad global también ha pasado por el tamiz de la ética tecnológica y el desarme nuclear, con especial mención al Tratado START. El Papa ha advertido que el fin de este acuerdo en febrero podría desatar una nueva carrera armamentista que ahora incluye la inteligencia artificial. Al respecto, León XIV ha manifestado que «esta última es una herramienta que requiere una gestión adecuada y ética, junto con marcos normativos centrados en la protección de la libertad y la responsabilidad humana», evitando que la destrucción se automatice por encima de la dignidad.

Finalmente, el Pontífice ha querido destacar «semillas de paz» que invitan al optimismo, como los acuerdos en Bosnia y Herzegovina, el diálogo entre Armenia y Azerbaiyán, y el acercamiento con Vietnam. Al recordar estos avances, León XIV ha recalcado que «todas estas son semillas de paz que hay que cultivar». Estas señales de esperanza demuestran que, a pesar de las tensiones, la diplomacia del encuentro sigue siendo capaz de abrir horizontes de armonía donde antes solo había discordia.

Un punto particularmente innovador ha sido su crítica al lenguaje contemporáneo. El Pontífice ha advertido que «se está desarrollando un nuevo lenguaje al estilo orwelliano que, en un intento por ser cada vez más inclusivo, acaba excluyendo a quienes no se ajustan a las ideologías que lo alimentan». Para el Papa, la libertad de expresión y de conciencia están amenazadas cuando las palabras pierden su anclaje en la verdad.

Para concluir, evocando el próximo 800 aniversario de la muerte de san Francisco de Asís, el Santo Padre ha instado a los diplomáticos a cultivar un corazón humilde: «Un mundo pacífico se construye a partir de corazones humildes volcados hacia la ciudad celestial». Con este deseo de paz y diálogo, León XIV ha cerrado un discurso que pretende ser y será leído como hoja de ruta para la diplomacia vaticana en este nuevo año.

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