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León XIV aprueba la beatificación de 80 mártires asesinados por odio a la fe durante la persecución religiosa de los años 30 en Santander

Encabezados por el párroco Francisco González de Córdova, quien pidió ser el último en morir para bendecir a los suyos, el Vaticano aprueba la subida a los altares de 80 víctimas de la persecución religiosa.

El Papa León XIV ha autorizado la promulgación del decreto que reconoce el martirio de Francisco González de Córdova y 79 compañeros, asesinados por «odio a la fe» entre 1936 y 1937 durante la persecución religiosa en la Guerra Civil española. El anuncio se produce a las puertas de la visita del Pontífice a España, programada para el próximo 6 de junio.

El grupo de los nuevos beatos de la diócesis de Santander está compuesto por 67 sacerdotes, 3 religiosos carmelitas, 3 seminaristas y 7 laicos. Según los datos difundidos por el Dicasterio para las Causas de los Santos, las víctimas sufrieron cruentos destinos: algunos fueron arrojados al mar atados de pies y manos con piedras, otros perecieron en campos de concentración o fueron quemados, y un número importante sufrió cautiverio en el buque-prisión «Alfonso Pérez».

El ejemplo de fidelidad en Santoña

La causa está encabezada por el sacerdote Francisco González de Córdova, quien a sus 48 años era párroco de Santa María del Puerto, en Santoña. Pese a las prohibiciones de celebrar misa y administrar los sacramentos al inicio del conflicto, González de Córdova se negó a huir para no abandonar a sus feligreses.

Tras ser detenido y confinado en la bodega del barco «Alfonso Pérez», continuó su labor pastoral confesando a los presos y rezando el rosario a diario. En el momento de su ejecución, pidió ser el último en morir para poder absolver y bendecir al resto de sus compañeros antes del fusilamiento.

Nuevos venerables y el «Padre del Gran Líbano»

Además de los mártires de Santander, el Vaticano ha aprobado otros decretos eclesiales. Entre ellos destaca la declaración como venerable de otra española, la Madre María Ana Alberdi Echezarreta (1912-1998). Nacida en el País Vasco, sufrió también la dispersión de la Guerra Civil. Más tarde ejerció como abadesa del Monasterio de las Hermanas Concepcionistas Franciscanas de Madrid, donde destacó por su labor de adaptación tras el Concilio Vaticano II y su espíritu de caridad.

Por otra parte, se ha reconocido un milagro —la curación crónica de un oficial musulmán druso en 1965— atribuido a la intercesión de Elías Hoyek (1843-1931), patriarca de Antioquía de los Maronitas y fundador de las Hermanas Maronitas de la Sagrada Familia. Conocido como el «Padre del Gran Líbano» por su papel clave en la independencia y su auxilio humanitario durante la Primera Guerra Mundial, Hoyek será beatificado próximamente de forma conjunta.

Finalmente, el Papa ha reconocido las virtudes heroicas de otros tres religiosos que pasan a ser venerables: el joven carmelita camerunés Jean-Thierry del Niño Jesús, fallecido en 2005 a los 23 años ofreciendo su enfermedad por las vocaciones; el salesiano italiano Costantino Vendrame, misionero volcado con los pobres en la India; y el capuchino fray Nazareno de Pula, ex prisionero de guerra conocido popularmente como el «santo de los caramelos» por los dulces que repartía en Cerdeña para invitar a la oración.

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