Queridos diocesanos, querida Iglesia de Urgell:
La visita del Santo Padre es para toda la Iglesia un motivo de alegría, comunión y renovación espiritual. La presencia del sucesor de Pedro entre nosotros siempre nos invita a alzar la mirada hacia Cristo, centro de nuestra fe y fuente de nuestra esperanza.
Esta visita se sitúa, además, en el contexto del centenario de la muerte de Antoni Gaudí, cuya personalidad supera ampliamente el ámbito artístico o cultural. Gaudí fue, sin duda, un arquitecto genial, pero también un creyente que supo poner su talento al servicio de Dios y de los demás. Su obra no puede comprenderse plenamente sin la fe por la que fue inspirado y sostenido en cada momento.
El lema escogido para este camino, «Alza la mirada», expresa bien la actitud espiritual que deseamos vivir. No se trata simplemente de mirar a Gaudí o de contemplar su obra, sino también de dejarnos educar por una mirada más alta: una mirada capaz de descubrir a Dios en la belleza, en la vida cotidiana, en el sufrimiento y en la esperanza. Alzar la mirada significa no permanecer encerrados en nosotros mismos, sino abrirnos a Cristo, que ilumina la historia y sostiene el camino de la Iglesia.
En Gaudí, la belleza no era un simple adorno ni una búsqueda de originalidad. Era un camino hacia Dios. Sus formas, su atención a la naturaleza, su sentido de la luz y su lenguaje simbólico expresan una mirada profundamente cristiana sobre la realidad. De una manera especial, la Sagrada Familia aparece como una catequesis hecha arquitectura, una invitación a elevar el corazón y a dejarnos conducir hacia el misterio de Dios.
Pero el centenario de Gaudí no nos invita únicamente a admirar su obra. También nos llama a acoger su testimonio espiritual. En su vida hubo esfuerzo, cansancio, incomprensión y austeridad. Sin embargo, todo ello fue madurando en una confianza cada vez más profunda en Dios. Gaudí nos recuerda que la fe no aleja del mundo; más bien ayuda al hombre a mirarlo con mayor profundidad y a vivir en él como vocación y servicio.
La visita del Papa y el recuerdo de Gaudí nos ofrecen una ocasión providencial para renovar nuestra vida cristiana. En una sociedad marcada a menudo por la prisa, la superficialidad y la pérdida del sentido de Dios, necesitamos recuperar una mirada capaz de descubrir la belleza del Evangelio. La evangelización no se realiza solo con palabras; Cristo también se anuncia mediante una vida bella, entregada, coherente y luminosa.
Por eso, las próximas reflexiones pastorales propondrán algunas claves inspiradas en los materiales que se han preparado para el centenario: el seguimiento de Cristo, la soledad, la entrega y la confianza en medio de la oscuridad. Son experiencias profundamente humanas que también estuvieron presentes en la vida de Gaudí y que pueden ayudarnos a redescubrir la presencia de Dios en nuestra propia existencia.
Que este centenario y la visita del Santo Padre nos ayuden verdaderamente a alzar la mirada, a vivir con más fe y a poner nuestros dones al servicio de Dios y de los hermanos.
Con la bendición y el afecto de vuestro obispo y servidor, deseando poder saludarnos en el Estadio Olímpico Lluís Companys de Montjuïc, y rezando en comunión con el papa León XIV,







