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Claves de la carta del papa León XIV sobre el valor del deporte

Con motivo de los Juegos Olímpicos de Invierno, el Pontífice ofrece una reflexión sobre una práctica que es «expresión universal de lo humano»

El papa León XIV ha publicado este viernes, coincidiendo con la apertura de los Juegos Olímpicos de Invierto, que tendrán lugar entre Milán y Cortina d’Ampezzo hasta el 22 de febrero, una carta sobre el valor del deporte titulada La vida en abundancia. Aficionado a la práctica deportiva —es un gran amante del tenis—, el Pontífice propone una reflexión sobre una actividad que no solo tiene que ver con una práctica profesional, sino con «una actividad común, abierta a todos y saludable para el cuerpo y el espíritu, hasta el grado de constituir una expresión universal de lo humano».

Deporte y paz

La primera clave que pone sobre la mesa del papa León XIV es la capacidad del deporte para ser importante a la hora de construir el bien de la humanidad y, en particular, para la promoción de la paz. De hecho, recuerda la conocida como Tregua olímpica, que en la antigua Grecia era un acuerdo para suspender las hostilidades durante los Juegos.

Hoy, en un mundo en el que hay tantos conflictos y violencia, León XIV invita a todos los países a redescubrir este instrumento que es la tregua, «símbolo y profecía de un mundo reconciliado».

La valoración de la Iglesia

El deporte siempre ha tenido una presencia importante en las obras de la Iglesia. Basta ver cómo se integró en las escuelas de los jesuitas o en los oratorios de san Felipe Neri y san Juan Bosco. Aunque es en el siglo XX cuando la mirada de la Iglesia se pone con mayor atención en este campo, quizás porque se volvió colectivo y de masas.

«El Concilio Vaticano II expresó su valoración positiva. […] Gracias a la lectura de los signos de los tiempos, ha crecido la conciencia eclesial de la importancia de la práctica deportiva. Se desarrolló la reflexión sobre el deporte en relación con la vida de fe y una multiplicidad de experiencias pastorales en ámbito deportivo han revelado en los decenios sucesivos su fuerza generativa», escribe León XIV.

Además, reconoce que el deporte es significativo más allá de la tradición cristiana y un espacio privilegiado para la relación y el diálogo con otras tradiciones religiosas.

Desarrollo de la persona

En el texto, León XIV insiste en cómo el deporte ayuda al crecimiento de la persona en su totalidad. Y, por ello, recalca la importancia de los entrenadores que, si están animados por valores espirituales, pueden promover una verdadera cultura de equipo, «basada en el amor, que respeta y sostiene a cada persona, alentándola a expresar lo mejor de sí para el bien del grupo».

Además, subraya que el deporte debería ser accesible a todas las personas, de modo que las cuotas o los prejuicios —dice esto en relación con la vida religiosa femenina— no deben ser obstáculo para la participación. «Esto es muy importante para la promoción de la persona», añade.

Riesgos

León XIV también señala en la carta algunos riesgos. Uno de ellos es que el negocio se convierta en la motivación principal o exclusiva: «Entonces las decisiones ya no están movidas por la dignidad de las personas, ni por aquello que favorece el bien del atleta y a su desarrollo integral o al de la comunidad».

Otro problema puede ser el uso de sustancias dopantes y de otras formas dopantes, a las que los atletas se ven inducidos por la dictadura del rendimiento. «No solo corrompen las actividades deportivas, sino que contribuyen a la desilusión del gran público y a socavar el aporte positivo del deporte a la sociedad en general».

Competición

En su reflexión sobre la competición, el Papa señala dos cuestiones básicas: el límite del ser humano y la norma. Y subraya una lección del deporte: «Aceptar los límites del propio cuerpo, tiempo y del esfuerzo, y respetar las reglas comunes significa reconocer que los logros nacen de la disciplina, de la perseverancia y de la lealtad. […] Se puede aspirar al máximo sin negar la propia fragilidad, que se puede perder sin quedar derrotados como personas».

La competición, añade León XIV, también afecta al resto de la sociedad, a los simpatizantes y espectadores. En este sentido, subraya el sentido de pertenencia como un elemento significativo de la identidad de muchos aficionados, que es un factor positivo. Sin embargo, puede ser problemático, agrega, cuando se convierte en un modo de polarización y conduce a la violencia verbal y física.

Socialización

«El deporte es un poderoso facilitador de relaciones sociales que crea comunidad, educa al respeto de las reglas comunes y señala que ningún resultado es fruto de un camino solitario», explica el Papa.

En este sentido, afirma que la victoria y la derrota muestran el significado educativo del deporte: vencer no es prevalecer, sino reconocer el valor del camino realizado, de la disciplina y del esfuerzo; perder no es el fracaso de la persona, sino en una escuela de verdad y humildad. «El deporte educa en una comprensión más profunda de la vida, en la que el éxito nunca es definitivo y la caída nunca tiene la última palabra», abunda.

El Papa advierte en este punto de las distorsiones de la instrumentalización política de las competiciones deportivas internacionales, así como del impacto del transhumanismo y la inteligencia artificial. Y ponen en valor la capacidad del deporte para la inclusión a todos los niveles.

Una pastoral del deporte

En el último apartado del documento, León XIV reivindica una pastoral del deporte, organizada en las Iglesias particulares, con un responsable diocesano y equipos para este ámbito: «La Iglesia está llamada allí donde el deporte se vive como profesión, como competición de alto nivel, como oportunidad de éxito o de exposición mediática, pero teniendo especialmente en cuenta el deporte de base, a menudo marcado por la escasez de recurso, pero muy rico en relaciones».

Y continúa: «Una buena pastoral del deporte puede contribuir significativamente a la reflexión sobre la ética deportiva. No se trata de imponer normas desde fuera, sino de iluminar desde dentro el sentido de la acción deportiva, mostrando cómo la búsqueda del resultado puede convivir con el respeto al otro, las reglas y a sí mismo».

Para el Papa, los deportistas son un modelo que debe ser reconocido y acompañado, porque la vida espiritual les puede ofrecer una visión que va más allá del rendimiento y el resultado.

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