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León XIV: «Dios es el amante de la vida» en un mundo castigado por la fatiga y la desilusión

El Papa ha presentado durante la Audiencia General a Cristo como el modelo de vida que se entrega sin reservarse nada, y ha proclamado que la Pascua es la garantía de que Dios acompaña a la humanidad en todas sus oscuridades

El papa León XIV ha ofrecido su catequesis de los miércoles ante los miles de fieles congregados en la Plaza de San Pedro. Esta semana, el Pontífice ha efectuado una profunda reflexión sobre el valor inalienable de la vida humana, el misterio que la envuelve y la urgencia de recuperar la esperanza en el contexto de una crisis contemporánea. Asimismo, ha llamado a ver la Pascua como la luz indispensable para afrontar una existencia que a menudo aparece como fatigosa, incierta y desilusionante. A este respecto, el Santo Padre ha destacado que, a pesar de las dificultades cotidianas que afectan a las personas de los cinco continentes, la vida es un regalo, advirtiendo sobre la «enfermedad difundida» que aqueja al mundo moderno: la creciente falta de confianza en la existencia.

En este marco, León XIV ha reflexionado sobre la realidad del cansancio: «Muchas vidas, en todas las partes del mundo, aparecen como fatigadas, dolorosas, llenas de problemas y de obstáculos por superar». Sin embargo, el ser humano recibe la vida como un don, no la pide ni la elige, y la experimenta en su misterio desde el primer día hasta el último. Además, ha insistido en la necesidad de cuidarla y cuidarse permanentemente para mantener el dinamismo del don divino. En este sentido, ha subrayado que la vida «tiene que ser alimentada constantemente: es necesario un cuidado que la mantenga, la haga dinámica, la custodie, la relance». Este don plantea los grandes interrogantes que han atravesado todas las épocas: quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos. El Papa ha advertido que, sin la esperanza, la existencia se arriesga a aparecer «como un paréntesis entre dos noches eternas».

Así las cosas, el Pontífice ha dedicado parte de su mensaje a analizar la desconfianza hacia la propia existencia, una problemática que, a su juicio, se ha extendido notablemente en la sociedad actual. Y ha lamentado que el mundo parece haberse resignado a una especie de fatalismo: «Muchos viven como si la vida fuera una amenaza de la cual protegerse». León XIV ha calificado esta actitud como una «enfermedad difundida» y ha llamado a dar un testimonio urgente de la visión cristiana. Frente a la resignación y la renuncia, ha asegurado: «Queridos, en el mundo hay una enfermedad difundida: la falta de confianza en la vida».

En este contexto de desencanto, ha recordado que la fe cristiana contrapone esta visión, presentando a Dios como el «amante de la vida», citando el Libro de la Sabiduría. Por ello, ha declarado: «La vida corre el riesgo de no representar más una posibilidad recibida como don, sino una incógnita, casi una amenaza de la cual preservarse para no desilusionarnos».

De este modo, León XIV también se ha referido a cómo en ocasiones la libertad humana convierte la existencia en un drama marcado por la violencia y las contradicciones, citando el episodio bíblico de Caín y Abel. No obstante, ha matizado que Dios no se cansa de sostener a la humanidad, afirmando que su lógica es diferente a la nuestra y que el Creador «permanece fiel por siempre a su diseño de amor y de vida». Incluso cuando la humanidad repite los errores del pasado, el Señor «no se cansa de sostener a la humanidad también, cuando tras los rastros de Caín, obedece al instinto ciego de la violencia en las guerras, en las discriminaciones, en el racismo, en las múltiples formas de esclavitud».

Llegados a este punto, el Papa ha presentado a Cristo como el modelo de vida que se entrega: «Cristo es la vida y ha generado vida sin reservarse nada». Este ejemplo no se limita a la maternidad y la paternidad, sino que invita a los creyentes a un compromiso amplio con la promoción de la vida, incluyendo el trabajo por una economía solidaria, la protección de la creación y el consuelo a los que sufren.

Finalmente, León XIV ha culminado su mensaje con la resurrección de Cristo, a la que ha definido como «la fuerza que nos sostiene en el desafío de vivir». El Señor resucitado es el fundamento de la esperanza cristiana. El Papa ha enviado un mensaje de consuelo a aquellos que se sienten desanimados o atrapados, asegurando que «el Señor resucitado pasa nuevamente por nuestra vida y camina con nosotros». La Pascua, por ende, es la garantía de que Dios acompaña a la humanidad en todas sus oscuridades.

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