El Pontífice ha recibido en audiencia a sacerdotes, monjas y religiosos de Corea residentes en Roma, destacando la memoria de los mártires y pidiéndoles que sean «artífices de la paz» ante la división de la Península
En la mañana de hoy, 5 de octubre, el Salón Clementino del Palacio Apostólico Vaticano ha acogido la audiencia del papa León XIV con los sacerdotes, monjas, religiosos y religiosas coreanos residentes en la capital italiana. Durante su intervención, el Santo Padre ha destacado que la fe que en su día recibieron en su tierra natal ha echado raíces y adquirido un nuevo impulso misionero junto a los monumentos conmemorativos de los apóstoles Pedro y Pablo.
Asimismo, el Pontífice ha extendido sus felicitaciones a la comunidad del Pontificio Colegio Coreano con motivo del vigésimo quinto aniversario de su inauguración, agradeciendo su servicio a la Iglesia. León XIV ha saludado también de modo especial a quienes participan en los preparativos de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Seúl 2027. Al reflexionar sobre la trayectoria eclesial del país asiático, el Papa ha recordado que «la memoria cristiana no es nostalgia, sino gratitud por lo que Dios ha logrado y responsabilidad por lo que hoy nos confía».
El Santo Padre, así las cosas, ha querido subrayar el origen singular de la Iglesia en Corea, nacida del deseo espontáneo de búsqueda de la verdad entre hombres que conocían los textos cristianos y deseaban el Bautismo. Al repasar la historia del pueblo coreano, caracterizada por superar pruebas decisivas como la persecución, la guerra y la pobreza, el Santo Padre ha subrayado la tenacidad y la fortaleza cristiana que guían a la comunidad. En este marco, el Papa ha exaltado la figura del venerable Thomas Choe Yang-Eop, el segundo sacerdote en la historia del país, recordado como el «mártir del sudor» por su labor incansable en comunidades remotas. León XIV ha afirmado al respecto que «existe el martirio de quienes ofrecen su vida en un instante y el martirio más profundo de quienes la entregan día tras día», exhortando a los presentes a entregar la vida con amor en el servicio cotidiano.
Abordando la realidad social y geopolítica del país asiático, León XIV ha querido realizar un llamamiento explícito a la unidad y al diálogo. Así, el Santo Padre ha señalado que «la península coreana aún lleva la dolorosa herida de la división» y ha pedido a la comunidad eclesial ser siempre «hombres y mujeres de reconciliación». En su mensaje, ha explicado asimismo que «la paz comienza en el corazón y en las relaciones cotidianas», llamando a elegir la comunión frente a la oposición para abrir nuevos caminos de encuentro en toda la península y en el mundo. Además, ha instado a cultivar una Iglesia sinodal basada en la escucha mutua, la acogida y la fraternidad entre las distintas diócesis y congregaciones.
Así las cosas, el Pontífice ha resaltado la evolución espiritual de la nación, al señalar que «Corea, otrora tierra de misiones, se ha convertido en patria de misioneros». Con la mirada puesta en la próxima JMJ de 2027, León XIV ha manifestado su deseo de que la JMJ sea «un gran encuentro entre la memoria y el futuro», donde las nuevas generaciones reciban la fe transmitida por los mártires para llevarla a las calles del mundo. Finalmente, el Papa ha encomendado el camino hacia esta Jornada Mundial de la Juventud a la Inmaculada Virgen María, Patrona de Corea, invocando la protección de san Andrés Kim Tae-gon, san Pablo Chong Ha-sang y los santos mártires coreanos.






