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León XIV: «No hay lugar para la envidia y la división allí donde irrumpe la novedad de Dios»

El Papa comenta la parábola de los obreros de la viña y advierte de la resistencia humana «a una justicia más generosa y a un amor más grande»

El papa León XIV afirmó este domingo, en el Ángelus desde la plaza de San Pedro, que el orden de pago del dueño de la viña —primero los últimos, después los primeros— no es un descuido del relato, sino una decisión deliberada: «la revelación de la bondad de Dios es para todos, no sólo para unos cuantos». Comentaba así el pasaje de Mateo (20,1-16) de este XXV domingo del Tiempo Ordinario.

Arrancó su reflexión con la primera lectura, del profeta Isaías, en la que vio «un gran motivo de esperanza»: que los pensamientos de Dios no son los nuestros ni sus caminos los nuestros. «Los designios de Dios son infinitamente más grandes y, digamos, más «humanos» que aquellos que nosotros, hombres y mujeres marcados por el pecado, podemos concebir y llevar a cabo», sostuvo, antes de recoger la llamada del profeta a «abandonar nuestros caminos torcidos y volver al Señor, que es misericordia y perdón».

«Empezando por los últimos»

Al pasar al Evangelio, advirtió de que las parábolas de Jesús describen la novedad de Dios, pero «también revelan la resistencia que estamos inclinados a objetar a una justicia más generosa y a un amor más grande». El relato reparte a los jornaleros por turnos —unos desde primera hora, otros unas pocas horas, otros ya al atardecer—, pero el centro, precisó, no está ahí, sino en el momento de la retribución: el propietario cumple lo acordado con los primeros y, ante sus ojos, trata igual a los últimos.

Ahí situó el detalle que «no debemos dejar que pase desapercibido», la orden del propietario a su administrador de pagar «empezando por los últimos y acabando por los primeros». «La reacción negativa de quienes habían trabajado todo el día se habría podido evitar fácilmente; sin embargo, es intencional», subrayó. Y extendió la conclusión a quienes se consideran los primeros y «creen haberse ganado lo que son, haber merecido los resultados que han alcanzado»: «Dios tiene caminos diferentes y pensamientos nuevos» también para ellos.

Frente a la contabilidad del mérito, el Pontífice propuso otra aritmética. «Todos ganamos alegría, inteligencia y futuro cuando la ley del amor interrumpe la del cálculo, la experiencia de la misericordia extiende la del mérito, el don de la paz detiene las rivalidades y nos hace cercanos en la gratitud». Trabajar en la viña del Señor, insistió, «es una gracia», porque «no hay lugar para la envidia y la división allí donde irrumpe la novedad de Dios».

Concluyó mirando a la Virgen, «una criatura como nosotros, pero libre de toda mancha», que ayuda a confiar en la misericordia divina «para que sus caminos se conviertan en nuestros caminos y sus pensamientos se conviertan en nuestros pensamientos».

Llamamiento por Somalia

Tras la oración mariana, el Papa dedicó su primer saludo a la crisis humanitaria que atraviesan algunas zonas de Somalia, que sigue «con gran preocupación». Los episodios de violencia y los fenómenos climáticos extremos, denunció, están agravando «las de por sí precarias condiciones de vida de la población, en especial de mujeres y niños». Por eso reclamó «una generosa intervención por parte de la comunidad internacional, de manera que no falte la asistencia necesaria a estos hermanos y hermanas nuestros».

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