El Santo Padre ha dedicado la audiencia de este miércoles al silencio del Sábado Santo y ha aprovechado para hacer un nuevo llamamiento por la paz
Siguiendo con las catequesis sobre «Jesús nuestra esperanza» a través de la lectura de los Evangelios, el papa León XIV ha centrado la de este miércoles en el misterio del Sábado Santo. Un día en el que «el Hijo de Dios yace en la tumba», un día de «ausencia» que es «espera, plenitud contenida, promesa custodiada en la oscuridad». Es, ha insistido León, «el día del gran silencio, en el que el cielo parece mudo y la tierra inmóvil, pero es justamente allí que se cumple el misterio más profundo de la fe cristiana». «Es un silencio grávido de sentido, como el vientre de una madre que custodia al hijo todavía no nacido, pero ya vivo».
La forma en la que el cuerpo de Jesús fue enterrado con tanto cuidado es una muestra, ha dicho León, de que «nada es dejado a la casualidad», porque el jardín donde se encuentra la tumba «recuerda al Edén perdido, el lugar en el que Dios y el hombre estaban unidos». Y la tumba nunca antes usada, «habla de algo que todavía debe suceder: es un umbral, no un final».
Además, el sábado es el día de descanso según la ley judía, y lo es también para Dios, «no porque se ha rendido, sino porque ha amado hasta el final». Es decir, que el descanso del sábado santo «es el sello de la obra cumplida, es la confirmación de aquello que tenía que hacerse y que ha sido completado». Es más, «es un descanso lleno de la presencia oculta del Señor».
Mientras nosotros vivimos como «si la vida nunca fuese suficiente», el Evangelio, señala el Santo Padre, «nos enseña que saber detenerse es un gesto de confianza que tenemos que aprender a cumplir. El Sábado Santo nos invita a descubrir que la vida no depende siempre de aquello que hacemos, sino también de cómo sabemos desistir de cuanto hemos podido hacer».
Otra característica de este día tan singular es el tiempo que transcurre en silencio, del que Dios no tiene miedo «porque es Señor también de la espera». Eso significa, señala León XIV, que «nuestro tiempo «no útil», aquel de las pausas, de los vacíos, de los momentos estériles, puede convertirse en vientre de resurrección. Todo silencio acogido puede ser la premisa de una Palabra nueva». Y también es un tiempo en el que Jesús se retira «para dejarnos libertad. Es el Dios que se fía, también cuando todo parece terminado». Por ello, no debemos tener prisa, porque «es necesario descansar, acoger el silencio, dejarse abrazar por el límite. A veces buscamos respuestas rápidas, soluciones inmediatas. Pero Dios trabaja en lo profundo, en el tiempo lento de la confianza. El sábado de la sepultura se convierte así en las entrañas de las que pueden brotar las fuerzas de una luz invencible, aquella de la Pascua».
León XIV insiste en que «la esperanza cristiana no nace en el ruido, sino en el silencio de una espera habitada por el amor. No es hija de la euforia, sino de un confiado abandono». Como María que «encarna esta espera». También en la tumba, ha concluido, «Dios está preparando la sorpresa más grande».
León XIV ha aprovechado la ocasión para hacer un nuevo llamamiento a la paz en Gaza tras los bombardeos de las últimas horas, que han dejado más de un centenar de víctimas. El Papa ha querido mostrar su «profunda cercanía al pueblo palestino de Gaza, que sigue viviendo en el miedo y sobreviviendo en condiciones inaceptables, obligado por la fuerza a desplazarse una vez más de sus propias tierras». Y ha pedido el «alto el fuego, la liberación de los rehenes y una solución diplomática negociada y el pleno respeto del derecho internacional humanitario».








