El nuevo Papa señala que el Evangelio puede dar respuesta a los grandes dramas del mundo de hoy: la pérdida del sentido de la vida, el olvido de la misericordia, la violación de la dignidad de la persona, la crisis de la familia
Llevar el Evangelio a los lugares donde no es fácil testimoniarlo y anunciarlo, donde las personas creyentes son obstaculizadas y despreciadas o donde solo se les soporta y compadece. Es el mensaje central de la primera homilía del papa León XIV en la Eucaristía celebrada este viernes por la mañana en la Capilla Sixtina con los cardenales.
«Son estos lugares en los que la misión es más urgente, porque la falta de fe lleva a menudo consigo dramas como la pérdida del sentido de la vida, el olvido de la misericordia, la violación de la dignidad de la persona en sus formas más dramáticas, la crisis de la familia y tantas heridas más que acarrean no poco sufrimiento a nuestra sociedad», ha explicado.
Contextos, ha continuado, en los que la fe cristiana se considera «un absurdo, algo para personas débiles y poco inteligentes». Contextos en los que se prefieren otras seguridades distintas a la que la fe propone, «como la tecnología, el dinero, el éxito, el poder o el placer».
También se ha referido a la realidad, que incluso afecta a algunos bautizados, de quien ve a Jesús solo como hombre, o reducido a una especia de superhombre o un líder.
Antes de hacer estas consideraciones, y relacionadas con ellas, el nuevo Papa ha señalado las dos grandes respuestas que surgen en su propia época ante la pregunta de quién es Jesús hoy. La respuesta del mundo, ha dicho, que considera a Jesús «una persona que carece de importancia, como máximo un personaje curioso, que puede resultar curioso», pero que molesta cuando plantea exigencias morales y de honestidad.
Por otro lado, está, ha subrayado el Pontífice, la respuesta de la gente común. «Para ellos, el nazareno no es un charlatán, es un hombre recto, un hombre valiente, que habla bien y que dice cosas justas. Por eso, lo sigue al menos hasta donde pueden sin demasiados riesgos ni inconvenientes».
Y ha concluido, recogiendo todo lo dicho: «Este es el mundo que nos ha sido confiado, y en el que, como nos enseñó muchas veces el papa Francisco, estamos llamados a dar testimonio de la fe gozosa en Jesús Salvador».








