En su segunda catequesis sobre la «Gaudium et spes», el Papa ha citado su encíclica «Magnifica humanitas» y ha advertido de que reducir el cuerpo a un objeto del que se puede disponer arbitrariamente es siempre una «negación de la dignidad de la persona»
León XIV ha dedicado la audiencia general de este miércoles a la dignidad de la persona humana a la luz del primer capítulo de la constitución conciliar Gaudium et spes. El Papa ha recordado que esa dignidad es fundamento y condición de aquellos «valores que hoy disfrutan la máxima consideración», pero que estos necesitan no perder la relación con «su fuente divina» para sustraerse a las distorsiones provocadas por «la corrupción del corazón humano».
El Pontífice ha reconocido que el camino que ha permitido poner de relieve los derechos fundamentales de la persona representa «una de las páginas más significativas de la historia humana», aunque de inmediato ha añadido que el trayecto «no ha terminado» y debe afrontar «las contradicciones, antiguas y nuevas, que impiden su plena realización».
Frente a ellas, ha señalado, la Iglesia ofrece su contribución recordando que la dignidad brota del ser mismo de la persona. Para explicarlo, León XIV se ha citado a sí mismo y ha recurrido a su reciente encíclica Magnifica humanitas. «Su dignidad no depende de las capacidades que posee, de las riquezas o del rol que desempeña, ni de las decisiones justas o equivocadas que toma, sino que es un don que la precede y la excede, dado por Dios como expresión de su amor que nunca falla».
Esa dignidad, ha subrayado, está confiada a la responsabilidad de cada uno, pero exige al mismo tiempo «solidaridad y cuidado recíproco», superando «las numerosas falsificaciones y manipulaciones que todavía hoy desfiguran su percepción y obstaculizan su realización». Con el Concilio, ha descrito la existencia humana como una «lucha, y por cierto dramática, entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas», una condición frágil que, aun así, puede mirarse con esperanza.
El cuerpo no es un objeto
Uno de los pasajes más incisivos ha sido el dedicado a la unidad de la persona. Apoyándose en el número 14 del texto conciliar, el Papa ha sostenido que la dignidad «concierne a la totalidad de la persona» y que por eso es necesario superar las visiones dualistas: el ser humano es «unidad de cuerpo y alma». De ahí su advertencia: «La reducción del cuerpo a un “objeto”, del que se puede disponer arbitrariamente, es siempre una negación de la dignidad de la persona». El Concilio, ha recordado, pide «tener por bueno y honrar a su propio cuerpo, como criatura de Dios que ha de resucitar en el último día».
León XIV ha insistido también en que ser persona implica siempre «relación, comunión y participación» con Dios y con los demás, lo que «excluye los cierres autorreferenciales». Y ha descrito la vocación humana con una fórmula sencilla, «percibirse a sí mismo como un don que hay que compartir, creciendo y madurando en la acogida, la reciprocidad y el servicio».
Tres expresiones de la dignidad
En la parte final, el Papa ha enumerado las tres manifestaciones que la Gaudium et spes destaca como más significativas de la dignidad: la inteligencia, «que hace del ser humano un buscador insaciable de la verdad»; la conciencia, «por medio de la cual da unidad y sentido a su propia vida»; y la libertad, «que lo convierte en protagonista responsable de sus propias decisiones». Son, ha subrayado, dimensiones estrechamente vinculadas, «es en la conciencia donde la verdad es reconocida como tal y donde la libertad puede experimentarla como su fundamento y posibilidad».
Es el Espíritu Santo, ha añadido, quien «nos hace libres y nos asegura constantemente nuestra dignidad de hijos de Dios», liberando del miedo. La catequesis se ha cerrado con una llamada al compromiso. «Creados a imagen de Dios, por medio de Cristo y en vistas a Él, hemos recibido una dignidad única e indeleble. Comprometámonos a promoverla y defenderla siempre, con la luz y la fuerza del Evangelio».






