Además de clamar insistentemente por el fin de las guerras, ha publicado su primer gran documento y realizado importantes nombramientos en la Curia
Resulta difícil resumir en pocas líneas algo tan denso como un primer año de pontificado porque siempre quedarán fuera análisis o aspectos relevantes de la labor de un Papa durante sus primeros 365 días en la cátedra de Pedro. Además, especialmente desde el auge de las redes sociales, de los papados modernos se conoce mucho más y de manera inmediata con lo que el volumen de información del que se dispone sobre las actividades de los pontífices es considerablemente más abultado.
León XIV celebró su primer año como el sucesor número 267 de San Pedro en el santuario de la Virgen de Pompeya, que celebra su fiesta precisamente un 8 de mayo. De hecho, cuando hace un año se presentó al mundo en el balcón central de la basílica de San Pedro invocó la protección mariana de Nuestra Señora de Pompeya. Esa tarde templada de mayo, el Papa se definía además como «un hijo de San Agustín» y adelantaba uno de los ejes de su pontificado: «La paz desarmada y desarmante, humilde y perseverante». Días después, el 18 de mayo, durante la Misa de inicio de Pontificado, León XIV se presentaba ante 200.000 personas y 150 delegaciones internacionales con estas palabras: «Fui elegido sin tener ningún mérito y, con temor y trepidación, vengo ante vosotros como un hermano que quiere hacerse siervo de vuestra fe y de vuestra alegría, caminando con vosotros por el camino del amor de Dios, que nos quiere a todos unidos en una única familia».
León XIV fue elegido en un cónclave rápido, siendo el perfil que aunaba una serie de cualidades que los cardenales electores habían visto, como las había visto Francisco, quien lo creara cardenal. Robert Prevost conocía bien la Iglesia estadounidense, la latinoamericana y la europea, llevaba varios años en la Curia, y era teólogo, canonista, matemático, religioso, formador y misionero. Era el Pontífice que se buscaba durante aquellas congregaciones generales que describían a un sucesor de Pedro creador de unidad y comunión, constructor de diálogo y puentes y testimonio de paz. El Papa Prevost ya estaba dando muestras de todo ello en sus primeras semanas de Pontificado en las que todo era novedoso, pero sosegado. En el carácter de León XIV se podía apreciar reflexión y una cierta introversión que, sin embargo, con el transcurso de los meses ha dado paso a una mayor espontaneidad. Basta con ver cada miércoles las audiencias generales y cómo se entusiasma con la alegría de los peregrinos. En su primera comparecencia en un vuelo con periodistas, contó un poco más de cómo había vivido su elección. Reveló que, hasta hace poco más de dos años, su idea era la de jubilarse. Pero fue llamado a Roma y llegó el cónclave. Al ver que era favorito, «respiré hondo y dije: «aquí estamos, Señor, tú eres el jefe, tú guías el camino»». Así fue elegido el primer Pontífice estadounidense y agustino.
Cumplió los proyectos de Francisco
Durante prácticamente el resto del 2025, León XIV cumplió con las citas y proyectos heredados del Pontificado de Francisco dando así pocas pistas de su estilo y fomentando la fama de hombre reservado. Mientras iban pasando los días, lo cierto es que la agenda de León no daba tregua. Primero porque, entre otras cosas, recuperó las audiencias jubilares de los sábados que el Papa Francisco no pudo celebrar y, después, por la cantidad de trabajo que quiso ir asumiendo cada día con distintos encuentros a todos los niveles. Sin embargo, en sus primeros meses, el Pontífice no llevó a cabo ni grandes nombramientos ni decisiones de calado. En ese tiempo fue comprobando el cariño de los fieles que deseaban conocerlo un poco mejor. Hubo grandes eventos, de los que estaban programados para el Jubileo, que supusieron un baño de masas para el Papa. Sin duda lo fue el Jubileo de los Jóvenes en agosto, en el mismo escenario que el histórico encuentro de 25 años antes con Juan Pablo II, el recinto de Tor Vergata. Un millón de jóvenes venidos de todo el mundo acompañaron a León XIV en el evento más multitudinario de todo el año santo. En total, más de 33 millones de peregrinos llegaron hasta Roma con motivo del Jubileo y la mayor parte de ellos fueron recibidos por León XIV. Otro de los momentos clave de sus primeros meses de pontificado, y que también heredó de Francisco, fue la doble canonización de Carlo Acutis y Pier Giorgio Frassati. El domingo 7 de septiembre, más de 80.000 fieles acompañaron al Papa en esta ceremonia.
El verano había pasado para entonces y León XIV había introducido una novedad respecto a las costumbres de Francisco: decidió pasar algunos días de descanso en las Villas Pontificias de Castel Gandolfo. Su predecesor no quiso usar estas estancias papales y las convirtió en museos. Sin embargo, el papa León pidió que una de las villas se habilitara para poder desconectar de la Ciudad Eterna. Al Papa le ha gustado tanto el ambiente en los llamados Castelli Romani que ha decidido retirarse los lunes por la noche para descansar durante la jornada del martes. Y ha convertido su regreso a Roma en una oportunidad para responder a las preguntas de los periodistas apostados esperando su salida. León XIV no ha tenido miedo de enfrentarse a las preguntas sin preaviso sobre los temas y lo ha hecho respondiendo en italiano, en español o en inglés.
Sin embargo, en este año el Papa no ha sido muy dado a conceder entrevistas. En el momento en que se escriben estas líneas, contamos solo con una incluida en un libro biográfico titulado León XIV, ciudadano del mundo, misionero del siglo XXI, escrito por la periodista Elise Allen. En el volumen se explayaba sobre cuestiones sensibles, tanto dentro como fuera de la Iglesia. Confesaba su deseo de impulsar la unidad y combatir el clima de polarización «que no está ayudando a nadie» y que, en opinión del Papa, también toca a la Iglesia. Y apuntaba temas de su interés como la sinodalidad, la lucha contra los abusos, la incorporación de mujeres en puestos de responsabilidad en la Iglesia, el matrimonio… León compartía sus primeras impresiones como Papa, asegurando que tenía mucho que aprender, sin ir más lejos, sobre cuestiones diplomáticas como las relaciones con China o con su país natal, Estados Unidos. Estas primeras declaraciones eran importantes en cuanto a que perfilaban un cierto programa de gobierno que se ha ido alcanzando en mayor o menor medida a lo largo del tiempo.
Primer gran documento
El primer gran documento del pontificado llegó en el mes de octubre. La exhortación apostólica Dilexi te, sobre el amor hacia los pobres. Fue un proyecto que León recibió «como herencia» de su predecesor y que hizo suyo añadiendo algunas reflexiones. El Pontífice ahonda en el origen bíblico de la predilección de Dios por los pobres. Define a Cristo como «el Mesías pobre» que «desde su llegada al mundo experimentó las dificultades relativas al rechazo». León XIV es claro: «La Iglesia, si quiere ser de Cristo, debe ser la Iglesia de las Bienaventuranzas, una Iglesia que hace espacio a los pequeños y camina pobre con los pobres, un lugar en el que los pobres tienen un sitio privilegiado». La llamada a acercarnos a los pobres, indica el Papa, no es beneficencia, sino «revelación», porque Jesús «en los pobres sigue teniendo algo que decirnos».
Cambios en la Curia
León XIV se puede definir como un Papa que no tiene prisa. No la ha tenido para ir configurando su propia Curia hasta que no ha llegado prácticamente al primer año de su pontificado, denotando que sabe que dispone de la juventud suficiente como para planificar con calma las cosas. Primero quiso consultar a los cardenales del Colegio Cardenalicio y, al día siguiente de cerrar la puerta santa de la basílica de San Pedro, y con ella el Jubileo de la Esperanza, convocó su primer consistorio extraordinario con la intención de compartir «una prefiguración de nuestro camino futuro». Después de dos días, expresó su deseo de reunirse cada año con los cardenales y los ha emplazado al próximo junio. De esta forma, ofreció una pincelada de su idea de gobierno de la Iglesia. Ha querido que sus primeros colaboradores más cercanos sean religiosos, como el carmelita Filippo Iannone para el Dicasterio para los Obispos; o el agustino español Luis Marín de San Martín como limosnero. Ha hecho además dos nombramientos femeninos. Por un lado, el de sor Tiziana Merletti como secretaria del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica; y, por otro, el de la vicedirectora de la Oficina de Prensa del Vaticano, sor Nina Benedikta Krapić. En Secretaría de Estado ha llevado a cabo un importante nombramiento, al elegir al nuevo sustituto para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado, uno de los cargos más importantes del aparato vaticano. El italiano Paolo Rudelli sustituye a Edgar Peña Parra.
El choque con Trump
Lo que probablemente no se imaginaba el Papa es que iba a ser el protagonista involuntario de la actualidad internacional a causa de un enfrentamiento ficticio con el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Ni en los mayores momentos de divergencia con el papa Francisco, durante la primera administración Trump, se había producido un desencuentro de tal calibre entre un pontífice y un presidente de los Estados Unidos. Muy a su pesar, León XIV tuvo que salir al paso del ataque de Trump, quien le calificó en una publicación en redes sociales de «Papa débil con el crimen» y demasiado liberal. Incluso el inquilino de la Casa Blanca afirmó que, si no fuera porque él es presidente, León XIV no sería Papa. «Yo no quiero un Papa que crea que está bien que Irán tenga armas nucleares», escribía Trump. Parece que le enfureció que León XIV tildara de «inaceptable» su amenaza de cancelar una entera civilización si Irán no aceptaba sus condiciones para poner fin a la guerra. El Pontífice respondía: «No le temo a la administración Trump. Ni de hablar del mensaje del Evangelio. Es lo que creo que estoy llamado a hacer y que la Iglesia está llamada a hacer». Advertía así de que no tenía intención de seguir alimentando el caso y avisaba de que no todos sus mensajes tienen que leerse como un dardo contra Trump.
Desde los primeros días de Pontificado, no ha tenido miedo de entrar en las no pocas veces arenas movedizas de la diplomacia. Ha reiterado que la Santa Sede siempre estará disponible «para que los enemigos se encuentren» e incluso ha ofrecido el Vaticano como sede para conversaciones de paz entre Rusia y Ucrania. Además de su faceta más conciliadora en el contexto internacional, en estos meses también se pudo entrever una línea dura en defensa de la vida de los inocentes en conflictos como el de Gaza, especialmente cuando Israel atacó la parroquia de la Sagrada Familia de la Franja. Tres refugiados cristianos fueron asesinados y otros 15 resultaron heridos. Tan grave fue la reacción de Roma que hasta el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, pidió perdón y telefoneó a León XIV para tratar en persona lo sucedido. El Papa, el cardenal secretario de Estado y el patriarca latino de Jerusalén se expresaron públicamente en términos muy duros contra el Gobierno de Israel. Las tensiones entre Roma y Tel Aviv que ya se entreveían durante el pontificado de Francisco han trascendido al de León.
En ese Oriente Medio que padece un clima bélico exacerbado, se presentó el Papa en su primer destino internacional. Con motivo de los 1700 años del Concilio de Nicea, viajó a Turquía para fortalecer el ecumenismo. En el Líbano reivindicó el derecho de los jóvenes a no sentirse obligados y abandonar su tierra y pidió «desarmar el corazón para que haya paz». Entonces, la situación, incluso siendo mala, era mucho mejor que la que se vive ahora en el país de los cedros, asediado por Israel, que busca milicianos de Hezbolá.
La ausencia de paz y la multiplicación de los conflictos fue una de las grandes preocupaciones del papa León en su primera Semana Santa como Pontífice. León recuperó algunas tradiciones, como la de celebrar el Jueves Santo en San Juan de Letrán y lavar los pies a 12 sacerdotes. También quiso portar la cruz durante las estaciones de penitencia del vía crucis en el Coliseo. Una de las frases más fuertes que pronunció se refirió a quienes provocan las guerras: «Dios no escucha la oración de quienes hacen la guerra y la rechaza diciendo: «Por más que multipliquen las plegarias, yo no escucho, ¡vuestras manos están llenas de sangre!»».
León XIV inaugurará su segundo año de pontificado con el viaje a España, el cuarto después de Turquía-Líbano, Mónaco y la reciente gira africana. Entre medias, cumplirá con distintas visitas pastorales dentro de Italia. Una muy esperada es la que haga a Lampedusa el 4 de julio. En estos meses, no ha escatimado comentarios sobre la inmigración y ha demostrado sobradamente su preocupación por el respeto a los derechos humanos. Para octubre, con motivo del décimo aniversario de Amoris Laetitia, el Pontífice ha convocado a los presidentes de las conferencias episcopales de todo el mundo «con el fin de proceder, en un clima de escucha recíproca, a un discernimiento sinodal sobre los pasos a dar para anunciar el Evangelio a las familias de hoy». Entonces es posible que ya podamos contar con la tan esperada primera encíclica sobre el tema de la inteligencia artificial y León tenga algún otro viaje en agenda. Quizá una gira asiática o una visita apostólica a Francia.








