«En él, la fe y la gestión empresarial se unieron de manera armónica, demostrando que la Doctrina Social no es una teoría abstracta ni una utopía ha afirmado León XIV. Este 26 de febrero se cumplen 105 años de su nacimiento
Probablemente, Enrique Shaw sea el primer beato que ha nacido en un hotel de lujo. Pocos días antes de concluir 2025, León XIV autorizó la publicación del decreto por el cual el empresario argentino subirá a los altares. Por su intercesión, se obró la curación inexplicable de un niño pequeño al que un caballo pateó en la cabeza. Sucedió el 21 de junio de 2015. Matías, de solo cinco años, sufrió una herida gravísima. Los padres del pequeño, vinculados a la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE), creada por el futuro beato, rezaron a Shaw para pedir la curación de su hijo. Hoy, Matías tiene una vida perfectamente normal.
La causa de canonización de Enrique Shaw comenzó en los años 90 a instancias del cardenal Jorge Mejía. En 2021, el papa Francisco reconoció sus virtudes heroicas y Shaw se convirtió en venerable.
La historia de este padre de nueve hijos es la de un hombre de vida privilegiada que aplicó con devoción los principios de la Doctrina Social de la Iglesia en los negocios, y los del Evangelio en su propia vida. Shaw encarna al gran empresario moderno.
Nació en el hotel Ritz de París el 26 de febrero de 1921, ya que la familia vivía en ese lugar por motivos de trabajo. Tanto su padre como su madre pertenecían a la clase alta empresarial. Tras morir la madre, la familia regresó a Argentina. Entonces, Enrique tenía solo cuatro años. Su padre, pese a ser protestante, cumplió con la última voluntad de su esposa, católica, que era que sus hijos tuvieran una educación católica. Además, un tío sacerdote fue fundamental en su formación cristiana. Con 14 años, ingresó en la Escuela Naval Militar. Ya allí hablaba a sus compañeros de la fe e impartía catequesis.
Se casó con 22 años con Cecilia, la hija de otro prominente empresario. Abandonó al poco su prometedora carrera como marino y comenzó a ocuparse de los negocios familiares. En esa decisión influyó su deseo de no abandonar la vida familiar. Así, Shaw fue director general de una gran empresa de cristalería, presidente de un complejo residencial…
Aplicó a los negocios los principios cristianos de tal forma que, entre muchos, llegó a ser conocido como «el empresario de Dios». Sabía el nombre de los cientos de trabajadores que tenía a su cargo. Pero no solo eso, conocía sus vicisitudes personales y familiares. Así, se ganó el respeto y el afecto de quienes trabajaban para él. Y para ayudar a mejorar la vida de los trabajadores y sus condiciones, impulsó en 1952 la fundación de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa.
Shaw tenía por costumbre escribir sus pensamientos. Reflexionaba sobre la necesidad de cristianizar a la patronal argentina y aseguraba: «Debemos crear trabajo y, cuanto más eficiente sea nuestra labor, más recursos tendrá la Providencia para repartir entre pobres y necesitados». En momentos de crisis empresarial, nunca solucionó los problemas despidiendo a ningún empleado.
Estas y otras medidas hicieron de Shaw un empresario verdaderamente revolucionario que honraba «la noble vocación empresarial», sirviendo al bien común. Pero eso no supuso que descuidara su vida personal. Fue padre de nueve hijos y su matrimonio con Cecilia tuvo como pilares la oración, con el rezo del rosario cada día en familia, y la participación en los sacramentos.
En 1957 enfermó de cáncer, aunque no disminuyó su actividad profesional y apostólica. Formaba parte de distintas organizaciones y asociaciones católicas y seguía participando en encuentros y conferencias. Los testimonios de su esposa y amigos hablan de que su vida espiritual se hizo más intensa todavía. Cuando la enfermedad avanzaba y se hizo necesario practicarle una transfusión de sangre, más de 200 de sus trabajadores se presentaron en el hospital para donar para Shaw. Por eso, el empresario se enorgullecía al reconocer que «la sangre de los trabajadores» corría por sus venas. Falleció en 1962.
Rico y santo
En 2015, el papa Francisco, en una entrevista para el canal Televisa de México, aseguró que Shaw «era rico, pero era santo». Explicó entonces que estaba impulsando él mismo la causa de este empresario y afirmaba: «O sea, una persona puede tener dinero. Dios se lo da para que lo administre bien. Y este hombre lo administraba bien. No con paternalismo, sino haciendo crecer a aquellos que necesitaban de su ayuda».
Recientemente, el papa León XIV también habló del «apóstol de los empresarios». En un mensaje dirigido a un grupo argentino, el Pontífice elogió a Enrique Shaw y lo puso de ejemplo para los empresarios. «En él, la fe y la gestión empresarial se unieron de manera armónica, demostrando que la Doctrina Social no es una teoría abstracta ni una utopía irrealizable, sino un camino posible que transforma la vida de las personas y de las instituciones al poner a Cristo como centro de toda actividad humana», afirmó el papa León XIV.








