La novena jornada del Papa durante su viaje apostólico por África lo llevó al Palacio Presidencial, a la Universidad Nacional y al hospital psiquiátrico Jean Pierre Olie
La novena jornada del Santo Padre León XIV durante su viaje apostólico por África comenzaba a bordo del avión papal que lo trasladaría desde la capital angoleña de Luanda hasta Malabo, en Guinea Ecuatorial. En el trayecto, el Pontífice quiso empezar dedicando unas primeras palabras a la memoria de su predecesor, el papa Francisco, en el primer aniversario de su fallecimiento: «Demos gracias a Dios por el gran don que supuso la vida de Francisco para toda la Iglesia y para todo el mundo». Aprovechando la efeméride, León XIV recordó que el Papa argentino «nos dio un ejemplo, viviendo de verdad la cercanía a los más pobres, a los más pequeños, a los enfermos, a los niños, a los ancianos».
Durante esta rueda de prensa en marcha, el Santo Padre hizo también un balance de su estancia en Angola, destacando la colaboración de las autoridades para «mejorar los servicios que el Estado, en el caso de Angola, ofrece sobre todo al pueblo. En particular, con la construcción de nuevos hospitales y nuevas estructuras». Respecto al florecimiento de vocaciones en el país, subrayó que la evangelización no debe buscarse «con fines proselitistas —como decía tantas veces el papa Francisco—, sino mediante la belleza y el atractivo de la fe». Y ante la impaciencia por el nombramiento de un nuevo cardenal para el país, León XIV pidió una mirada más a largo plazo: «No digo en un futuro próximo, sino un poco más lejano, se pueda considerar el nombramiento de un nuevo cardenal».
Un grito contra la «economía que mata»
Del aeropuerto, el Pontífice se dirigió al Palacio Presidencial, donde el tono se volvió más político y social que en la charla con los periodistas. En su encuentro con las autoridades del país, León XIV lanzó una dura crítica a las estructuras económicas actuales: «Hoy tenemos que decir «no” a una economía de la exclusión y la inequidad. Esa economía mata». En consonancia con su mensaje, alertó sobre cómo la especulación de materias primas y la tecnología bélica amenazan el futuro, afirmando que el nombre de Dios «nunca debe ser invocado para justificar decisiones y acciones que causan la muerte». Frente al proyecto de la nueva capital «Ciudad de la Paz», instó a que los gobernantes se mantengan «libres de la riqueza injusta y de la ilusión del dominio».
Sabiduría y verdad en la universidad
Tras reunirse con los representantes del país, el Papa fue el invitado de honor a la inauguración del Campus León XIV de la Universidad Nacional. Allí, pronunció ante el mundo de la cultura un discurso de gran calado intelectual, advirtiendo de que «la verdad, no se fabrica, no se manipula ni se posee como trofeo, sino que se acoge, se busca con humildad y se sirve con responsabilidad». Para el Pontífice, la misión de esta institución debe ser la de un árbol fuerte y enraizado que ofrezca «razones para vivir, criterios para discernir y motivos para servir». Y recordó que el conocimiento no debe ser una «afirmación orgullosa de autosuficiencia», sino una apertura a la realidad, pues «una universidad se mide por la calidad de los estudiantes que ofrece a la vida de su pueblo».
La ternura de un hospital psiquiátrico
El cierre de la jornada, así las cosas, deparó el momento más emotivo del Papa en Guinea: la visita a los pacientes y el personal del hospital psiquiátrico Jean Pierre Olie. Allí, el Papa hizo suya una frase del director del centro: «Una sociedad verdaderamente grande no es la que oculta sus debilidades, sino aquella que las rodea de amor». En un mensaje directo a los pacientes, aseguró que «Dios nos ama como somos, ¡pero no para dejarnos como estamos! No, Dios no nos quiere siempre enfermos… Nos quiere sanos». Antes de retirarse, agradeció los «poemas ocultos» que se escriben cada día en el hospital a través de los pequeños gestos de cuidado, reafirmando que «Cristo vino a amarnos tal como somos, pero no para dejarnos así, sino para cuidarnos».







