Expertos de Altum Faithful Investing señalan que la doctrina social defiende un libre mercado razonable y que cada país pueda definir su economía, pero teniendo en cuenta principios como el bien común, la solidaridad o la subsidiariedad
Al asomarse a los medios de comunicación en los últimos días, uno se encuentra con titulares que hacen saltar las alarmas de cualquier ciudadano, incluso los más formados a nivel financiero. Mientras escribo este artículo, en la portada digital de un diario nacional, por acudir a un solo medio, aparecen las siguientes palabras: encrucijada, alerta, guerra comercial… Incluso se recogen declaraciones que hablan de la III Guerra Mundial.
En este contexto, surge la pregunta de si el rico patrimonio que es la doctrina social de la Iglesia puede iluminar de alguna manera esta situación concreta, teniendo en cuenta que no ofrece soluciones técnicas, sino principios que ayudan a discernir y actuar al inversor o al gestor.
En Altum Faithful Investing integran estas dos dimensiones, el trabajo técnico sobre inversiones y los fundamentos de la doctrina social y del magisterio de la Iglesia, que unen en productos para que sus clientes, entre ellos instituciones religiosas, saquen partido a su patrimonio para llegar más lejos y servir mejor.
Borja Barragán, su fundador, comienza un pequeño encuentro con ECCLESIA al hilo de la crisis de los aranceles con una idea previa: «Para analizar este tema desde el magisterio de la Iglesia, lo que debemos hacer en primer lugar es andar en verdad. Esto quiere decir salirnos de cualquier tipo de narrativa o polémica, si uno es pro Trump o del otro lado, azul o rojo…».
La realidad de la decisión de Trump, como explica el propio Barragán y también Jaime Trujillano, director de Inversiones de Altum Faithful Investing, se entiende en tres direcciones: el proteccionismo, para conseguir que la manufactura vuelva a Estados Unidos; el aumento de los ingresos, que podría servir para financiar una hipotética bajada de impuestos, aunque los precios subirían; y como arma para forzar la negociación con otros países.
Principios de la doctrina social
En este sentido, Barragán recuerda que la Iglesia defiende un libre mercado razonable, así como que cada país tiene el derecho a regular su economía. Siempre, añade, con arreglo a los principios de prudencia, solidaridad… Así, aunque explica que es verdad que a mayores aranceles menos libertad hay en el mercado, sostiene que cada caso debe ser analizado en su especificidad.
Por tanto, ante los aranceles de Trump habría que preguntarse si son justos. Y para ello tendríamos que analizar si aportan al bien común o solo al bien común de un país y destroza al resto de países. Si tiene en cuenta la opción preferencial por los más pobres…
Otro criterio importante es el principio de subsidiariedad, clave en el magisterio católico. Porque si el Estado se vuelve excesivamente intervencionista y no deja lugar para la sociedad civil, «tira por los suelos este principio, que debe ser respetado».
Con toda esta información, la respuesta no es clara. De hecho, el fundador de Altum Faithful Investing explica que la valoración positiva o negativa de las medidas depende de cómo se implementen.
¿Qué hacer en este momento?
Analizada la situación, a un inversor particular o una institución religiosa se le plantea el dilema de qué hacer en este momento o cómo afrontar esta realidad tan especial que se está viviendo.
Para Barragán, hay varias premisas que deberían estar ya incluidas en las inversiones que se hagan: diversificar, dejarse asesorar y ver la tolerancia al riesgo que uno tiene. La respuesta a estas preguntas dará una estrategia u otra de inversión.
La segunda premisa es la paciencia: «Ahora mismo, salvo que se necesite por alguna causa, no es momento de vender. El horizonte debe estar siempre en el largo plazo y no en lo inmediato. Invertir no es buscar el pelotazo, eso es especular».








